Confía y deja confiar.

onfía y Deja confiar
Un amigo me contactó por msn (suele ocurrirme), y me comentó lo que le ocurría. Su novia había dejado de quererle. Me exigía consuelo. El problema era que ella ya no confiaba en él. Poco pude decirle. A veces los amigos no quieren escuchar. Y recordé lo que una vez aprendí sobre la confianza. También recordé esta bella canción de The Cure, Trust.


Fue hace tiempo. Me enamoré. Ocurrió de improviso, uno no anda por la vida planificando que esto ocurra o no. Simplemente pasa. Como toda relación, al principio genera dudas, pero a su vez viene acompañada de gratos momentos. Sin embargo, ocurren cosas, situaciones no pedidas, un desencuentro, una falsa mirada, un desengaño o la típica discusión que saca sin pensar malas palabras y deseos indeseados.
Se quiebra lo esencial. La confianza. Y cuando falla lo esencial ya no podemos hacer más, el amor se tiñe de odio, de desconfianza, de desencanto.

Nuestras acciones más básicas, más comunes se fundamentan en esa confianza, sin ella no puedes pararte en paz al lado del ser querido, ni siquiera al lado del desconocido. Ocurre que confiamos, confiamos sin dudar en quien está al lado nuestro. Por ello salimos en paz por la calle, por ello subimos al bus sin temor, por ello hacemos al fila. Confiamos en que ninguno de aquellos desconocidos nos hará algo. Lo mismo nos ocurre con quienes queremos. Le amamos y confiamos más aún, nuestros secretos, nuestra intimidad, la complicidad surge y sabemos que pase lo que pase esa persona estará ahí.

Es increíble como nuestras relaciones se sustentan en algo tan frágil. Por ello hemos de ser cuidadosos con nuestras palabras y acciones. Porque cuando el ser amado comienza a dudar, a cuestionar cada acción propia, no es fácil recomponer… se.

La confianza es una creencia (al modo en que las expone Ortega y Gasset), una de aquellas creencias básicas que sustentas nuestras vidas. Sin ella no podemos tener relaciones con otros, pero paradójicamente, no nos damos cuenta de ella hasta que se nos quiebra. Vivimos confiando en otros, dándoles un espacio de acción y de cercanía a nosotros. Esa confianza mantiene nuestra relación. Pero no pensamos en ella hasta que el otro no la destruye. Cuando percibimos el daño del otro, recién comenzamos a cuestionarnos su cercanía y amistad y comenzamos a dudar de la confianza. Lo mismo ocurre con los demás, nos aceptan, nos avalan, escuchan nuestras bromas y dichos, comparten con nosotros hasta que hacemos algo que genera desconfianza. Hasta que ocurre algo que les hace dudar.

Y la duda puede ser peligrosa, es el momento en que un chisme, un comentario mal intencionado o un gesto involuntario pueden hacer que todo se destroce. Porque en la duda buscamos seguridades. Y a veces nos aferramos a cualquier cosa, sea cierta o no. Pero el problema no es la duda, sino preguntarse qué fue lo que hicimos que generara esa duda.

Porque debes entender que en toda relación, importan tanto lo que dices como lo que no. Lo que sembraste como lo que dejaste de cuidar. Toda relación ha de cuidarse, cuidarse en esa confianza básica, imperceptible, frágil, que permitió construir todo lo demás.

Sin embargo, nos vivimos como si nada de esto importase, como si todo fuera gratuito, innecesario. No nos damos cuenta cuando de pronto estamos en medio de una discusión y la desconfianza nace con fuerza. Cuando nacen aquellas palabras que hieren y hacen daño. “No puedo estar contigo”, “creo que tu presencia me hace daño”, “no confío en ti”, son palabras que nacen en el silencio, cuando ya no se desean tus caricias, cuando las miradas no desean encontrarse y cuando unos cuantos pasos se convierten en un millar de metros insalvables.

No hay solución. La confianza no se puede exigir, como en la letra de esa canción sólo puedes preguntarte “¿por qué no confías en mí?” y esperar que haya una respuesta. Pero en lo concreto sabes que no vendrá esa respuesta. Si has roto esa confianza primigenia, más vale que te despidas, que reconozcas tu error y partas en silencio. El amor se cultiva en cada momento, en cada acción, no pretendas tener garantías previas o seguridades absolutas sino lo cuidaste cuando era debido.
Solo espera a aprender la lección. Recuerda que la vida no se repite, que para todo sólo hay una oportunidad y que no vuelven más. Si terminaste con una relación, aprende de ella para mejorar la próxima. Lo siento no hay consuelo que pueda darte. A veces solo nos resta vivir la derrota.

Fue hace tiempo, mi amigo, muchos años atrás, cuando tenía tu edad. Me enamoré. Como toda relación, al principio genera dudas, pero a su vez viene acompañada de gratos momentos. Sin embargo, ocurrieron cosas, situaciones no pedidas, desencuentros y viví el desamor. La falta de confianza. Fue algo que le dijeron, algo que ella creyó y que con mis acciones, dichos, encuentros no fui capaz de desacreditar. Y todo terminó.

About rdiaz

Profesor de Filosofia, especialista en educación y por ahora trabajando en andradgogía.
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