Nacimiento

Cuando supimos la noticia nos impactó. Nuestro bebé era esperado. Luego de 4 años de luna de miel, nos nació del amor la necesidad de tener un hijo. En campaña nos pusimos y al poco tiempo Claudia empezó a sentir ciertas molestias.

“Estoy embarazada” fue lo que me dijo

Si bien lo esperaba no me imaginé el impacto que causaría. Fue tan emocionante como cuando escuché sus primeros latidos.

Siempre estuve con Claudia en lo que se refería al nacimiento de mi bebé. Acompañarla a una ecotomografía era lo normal. Sé que el marketing lo llevan las mujeres. Se sientan allí en esa postura tan incómoda y las llenan de esa crema helada. Sin embargo uno s se sienta ahí, nervioso, culpable de todo lo que ocurre y te muestran una pantalla sin sentido. Hay que fingir que se ve lindo. Todo es una actucación. Hasta… hasta que el médico pone el sonido.

Y lo escuchas.

Lo sientes.

Reconoces a tu hijo.

Los latidos son intensos, fuertes y rápidos. Llenan todo el espacio con su necesidad vital de existir. Y ya la vida no es lo mismo.

Un bebé que llega es un acto concreto de una esperanza que se manifiesta. No hay en él nada seguro. Nada le ha sido dado. Todo lo necesita. Sin embargo su mirada, su sonrisa, cada parte de su ser, nos da la fuerza para continuar. Él, que carece de todo, es capaz de entregarnos todo lo que necesitamos para cuidarlo.

Una hija, un hijo, por otra parte, es una bendición, es una promesa abierta que en algunos se transforma en compromiso. Es un sello inexcusable, pues nos marca. Desde ese momento la vida no será la misma, ahora otros pasos, otras manos han de vivir con uno, han de permanecer en nosotros. Las decisiones dejaran de ser personales para convertirse en paternales, maternales y, finalmente, familiares.

De alguna forma la navidad esto nos recuerda. Hoy nos nace un bebé, un bebé esperado por todos, querido por todos. En su pesebre nos recuerda su condición de pobre, no posee nada. Sin embargo nos llena a todos de sentimientos de paz, de amor, que nos impulsan por una vez al año dejar de mirar el ombligo, dejar de caminar mirando el suelo, dejar de sentir que nuestros problema s son más grandes. Por una vez, un bebé nos recuerda que hay otros, que al levantar la mirada hay otros ojos, que también sonrien. Y cuando ocurre eso, cuando abrazamos a quien nos ha acompañado durante todo el año (y que no lo habiamos visto), cuando la bendición se convierte en un apretado abrazo un beso tierno en la mejilla, ahí es cuando ocurre el misterio de la navidad.

Un niño ha nacido en tu corazón. Protégelo, cuídalo.

Feliz Navidad.

This entry was posted in Sin categoría. Bookmark the permalink.

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *

Usted puede utilizar las etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>