Miedos (1).

Un artículo que escribí hace unos años, sobre un tema que esta semana quiero explorar…

El GritoFue cuando era pequeño, lo recuerdo claramente, la profesora de Religión nos pidió que escribiésemos en nuestro cuaderno aquello que nos diera más miedo. Lo que respondí fue simple y preciso: tenía miedo de que mis padres muriesen. No podía concebir mi vida sin ellos, hacia poco que había logrado amistarme con mi padre y con mamá siempre hubo un afecto muy especial, de modo que sabía que sin ellos simplemente no podría vivir. ¿Por qué  recuerdo esto? Quizás quedó en mi mente esta clase porque al poco tiempo, unos cuatro meses más tarde, mi padre fallecía de cáncer.

Ahora un muy buen amigo mío, que por casualidad es alumno de mi curso, me plantea esta misma frase: “pájaro, tengo miedo”. El tema del miedo y del temor es algo que permanentemente se nos aparece en nuestra vida. Muchas cosas nos pueden causar miedo, ciertos objetos que a la vista aparecen repugnantes. Eso es fácilmente entendible y aceptable. Pero ¿qué ocurre cuando nuestros miedos son más profundos? ¿Qué haremos cuando los miedos sean más intensos? ¿O peor aun, cómo podemos vivir con esos miedos? El tema no es sencillo, acá se juega nuestra vida, por ello quizás sea necesario enfrentarlo, aunque nos dé miedo.

Sin duda que el temor nos paraliza y nos insta a actuar bajo presión y tensión. No es fácil enfrentarse a la fuerza ralentizante que entrega el miedo. Sin embargo, el tema me parece no estriba tanto en el temor sino en el dejarse paralizar por el temor. Al respecto Buda establece que existen dos tipos de miedos, el impropio y el apropiado. El impropio es aquel que tenemos frente a algo que no nos causará daño, pero que aún así nos paraliza y nos impide actuar, por ejemplo el temor  a las arañas. Sin embargo hay un miedo apropiado que puede ser bien utilizado para desarrollar la propia seguridad, por ejemplo el miedo que siento a morir y que me lleva a evitar fumar.

Lo que ocurre es que en el fondo lo que nos causa temor no es más que un autoengaño que desarrolla nuestra mente y que nos lleva por lo mismo a actuar de manera equívoca:
La mayoría de nuestros miedos tienen su raíz en lo que Buda llama engaños, es decir, maneras distorsionadas de percibirnos a nosotros mismos y al mundo que nos rodea. Si aprendemos a controlar nuestra mente y a reducir y finalmente eliminar estos engaños, acabaremos con el origen de todos nuestros miedos, tanto impropios como apropiados[1].

Me explico, una de las causas comunes del miedo es lo desconocido. La ansiedad, aquel estado psicológico de nerviosismo se define precisamente como temor hacia lo desconocido. Según esto, lo que nos da sosiego y paz es precisamente la sensación de saber a qué me atengo y responder ante ello. Al parecer el saber o la verdad provocan este efecto anestesiante. Si yo sé o tengo la certeza de algo, sabré como actuar, de otra forma, la incertidumbre me detiene  y me impide tomar decisiones cien por ciento seguras. Quizás por ello existan algunas personas que se creen dueñas de la verdad: son seres que simplemente quieren estar en paz.

Al parecer eso es lo que pasa con los obsesivos compulsivos. ¿Recuerdan esa bella película “Mejor Imposible” con Jack Nicholson?  El tipo padecía de ese trastorno, por ello comía con sus propios cubiertos, en la misma mesa, con la misma camarera y en el mismo restaurante. El realizar esos rituales le permitía a él manipular la vida, saber a qué atenerse, de modo tal que disminuía así el miedo por lo que podría ocurrir. Lo triste es que el estado obsesivo es un estado de permanente temor, que en el fondo ignoramos, creyendo que estamos bien. Al parecer el estado aquel no te quita el miedo, pero te anima a creer que estarás bien sin él.

¿Quieres vivir sin miedo? Quizás lo que vale la pena preguntarse es si vale la pena vivir sin miedos.

Lo interesante de la vida, desde mi punto de vista, lo constituye no tanto lo que podemos saber o esperar de ella, sino más bien lo que ella nos puede plantear como desafío. Me parece que concordarás conmigo en que no hay peor mal que la monotonía que nos da el hacer siempre lo mismo, sin mayores alteraciones y cambios. Sin embargo la gente por lo general busca esta situación de “estabilidad”, que muchas veces se asocia con esa bendita calma o ausencia de problemas, sin darse cuenta que en sentido estricto no es más que una pausa ficticia.

¿Por qué ficticia? Por culpa de la filosofía, o quizás con Nietszche podamos decir: por culpa de Sócrates. Lo que ocurre es que en algún momento confundimos lo que era nuestra verdad con la realidad. Si bien las verdades son estables y permanentes, pues son ideas y estas las construimos así, ello no quiere decir que lo real sí lo sea; la realidad, por su parte, se manifiesta en permanente cambio y devenir y con los fenomenistas podemos decir que es muy difícil llegar a captarla y encerrarla en una idea inalterable. Ya Hume nos advertía que el creer que l
as experiencias pasadas determinarán las futuras vivencias, constituye un despropósito. ¿Cómo es posible que creamos que el pasado será igual al futuro?Expresion del miedo

En el fondo lo que quiero expresar con la ayuda de mis amigos filósofos es que lo propio y característico de la vida es su estado de permanente incertidumbre. Lo cual, tal como se ha dicho, supone un estado de permanente temor.

La vida, si quieres asumirla plenamente debes, involucra cierto grado de temor o miedo, puesto que nada es seguro, ni nada te ha sido dado de antemano. Lo cual no necesariamente puede ser malo. En realidad lo bueno y malo de ello depende de las elecciones que tú decides tomar, a partir de cuán dispuesta o dispuesto estés de arriesgarte. La gracia consiste en que aprendas a vivir con tus temores y no que ellos vivan a costa de ti.

No hay nada de malo en que sientas temor por algo, sino que lo malo sería que dejaras que tus decisiones y acciones fueran guiadas por tu temor previo. La vida es riesgo, es decisión, es incertidumbre, por ello tú debes ir construyendo con lo que ella te da lo que sea mejor para ti y así edificar tus sueños sobre la base de lo que algún día fuiste capaz de arriesgar.

Por ello mi mensaje final no sería “no temas, todo estará bien”, sino por el contrario, con el cariño que te tengo sólo puedo decirte: “ten miedo, pero no dejes que él te venza, la vida es demasiado bella para que renuncies a ella sin haberla vivido”.


[1] Esta página es muy interesante en torno a  consejos budistas.

About rdiaz

Profesor de Filosofia, especialista en educación y por ahora trabajando en andradgogía.
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