Difusión de responsabilidad

Hace poco realicé una actividad de ayuda a un amigo, aquejado de una gran enfermedad. Invité a muchos jóvenes  a ayudarme, muchos dijeron que irían… al final terminé acarreando sillas y bancas solo con uno (¡Grande José!).

Cuando he ido consultando porque no fueron, la excusa se reducía a lo más simple y sencillo: “Perdone, profe, pero pensé que los demás irían”.

Es usual creer que la responsabilidad se delega. En general en mi país se goza mucho con los derechos pero los deberes solemos dejarlos de lado. El problema es que cuando la responsabilidad pasa a ser de todos, termina finalmente siendo de nadie.

La explicación la dan los amigos sicólogos: a mayor grupo de personas que observan un hecho menor compromiso por ayudar  habrá. En cambio si hay pocos observadores, lo más probable es que haya mejor ayuda. Eso se llama “difusión de responsabilidad”.

Tal teoría me permite entender a mis alumnos, pero no necesariamente disculparles. Creo que aún deben entender que cuando uno se resta de algún compromiso, algo importante se puede perder. Es cierto que solos no podemos cambiar el mundo, pero si faltan nuestras manos seguramente el mundo no será mejor de lo que es.

Por eso quiero que lean la siguiente historia, se trata de un clavo, ¡y lo importante que se perdió cuando el clavo faltó! A veces creo que no nos damos cuenta el valioso clavo que cada uno de nosotros es.

HISTORIA DE UN CLAVO.

Agradezco la imagen.

El Rey Ricardo se preparaba para la batalla de su vida. Un ejército conducido por Enrique, conde de Richmond, marchaba contra él. El combate decidiría el destino de Inglaterra.
Esa mañana Ricardo mandó a un lacayo a consultar al herrero si su caballo estaba listo.
«Ponle pronto las herraduras –dijo el criado-. El rey desea cabalgar al frente de sus tropas»
«Tendrás que esperar –respondió el herrero-. En estos días he herrado a todo el ejército y ahora debo conseguir más hierro»
«No puedo esperar –gritó el siervo, con impaciencia- los enemigos del rey avanzan y debemos enfrentarlos en el campo. Arréglate con lo que tengas».
El herrero puso manos a la obra. Con una barra de hierro hizo cuatro herraduras. Las martilló, las moldeó y las adaptó a los cascos del caballo. Luego empezó a clavarlas. Pero después de clavar tres herraduras, descubrió que no tenía suficientes clavos para la cuarta.
«Necesito un par de clavos más –dijo- y me llevará tiempo sacarlos de otro lado»
«Te he dicho que no puedo esperar, ya oigo las trompetas ¿No puedes apañarte con lo que tienes?»
«Puedo poner la herradura, pero no quedará tan firma como las otras»
«¿Aguantará?» -preguntó el siervo.
«Tal vez, pero no puedo asegurártelo»
«Pues clávala –exclamó el siervo- y date prisa o el Rey se enojará con nosotros»
Así el Rey salió con su caballo a luchar. Ricardo cabalgaba en medio del campo de batalla de aquí para allá, alentando a sus hombres y luchando contra sus enemigos.
« ¡Adelante, adelante!» -gritaba lanzando sus tropas a la fiera batalla.
A lo lejos, del otro lado del campo, vio que algunos de sus soldados retrocedían. Si otros los veían, también se retirarían. Ricardo espoleó a su caballo y galopó hacia la línea rota ordenando a sus soldados que regresaran a la batalla.
Estaba en medio del campo cuando el caballo perdió la herradura. El caballo tropezó y rodó, y Ricardo cayó al suelo.
Antes que el rey pudiera tomar las riendas, el asustado animal se levantó y echó a correr. Ricardo miró en derredor. Vio que sus soldados daban media vuelta y huían, y las tropas de Enrique lo rodeaban.
Agitó al espada en el aire.
« ¡Un caballo! –gritó- ¡Mi reino por un caballo! »
Pero no había ningún caballo para él. Su ejército se había desbandado y sus tropas sólo pensaban en salvarse. Poco después los soldados lo atraparon y la batalla terminó.
Desde esos tiempos la gente dice:

Por falta de un clavo,

fue que la  la herradura se perdió,

 


por falta de una herradura,

que el caballo se perdió,

por falta de un caballo,

fue que el caballero se perdió,
por la falta del caballero,

fue que la batalla se perdió,

y así como la batalla,

fue que un reino se perdió. 

Y todo porque fue un clavo el que faltó.

FIN

About rdiaz

Profesor de Filosofia, especialista en educación y por ahora trabajando en andradgogía.
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3 Responses to Difusión de responsabilidad

  1. Me he divertido mucho leyendo sus publicaciones, voy a visitar más seguido su página, mucha suerte. Roberto.

  2. Ariel Cruz says:

    Suele suceder, como bien explicaste ahí es una cuestión de psicología, a medida que se ven más personas, menos se comprometen. Muchos saludos y seguiré visitando este espacio, me agradó bastante

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