Eso que llamamos amor

Tomado de el Blog de Deyper

Amar, amor, enamorarse, enamorado, amante, amado. Hace un tiempo recibí la petición, más bien desafío, de tener que hablar acerca del amor. Yo iluso, amparado en mi ignorancia acepté el reto. Lo problemático se dio en que a quien le preguntaba sobre el amor contestaba algo distinto y muy alejado de lo que yo esperaba.

Es un sentimiento. Es dar, darlo todo por alguien. Es fundirse en el otro siendo uno. En realidad son distintos tipos de amor. En fin, muchas características y pocas definiciones. Eso es algo que te enseñan al empezar a estudiar filosofía, las definiciones no corresponden con cualidades de las cosas, sino con las cosas mismas. El viejo Sócrates ya lo había dicho así: la pregunta que importa es la que atiende a la esencia, qué es y no a lo accidental, cómo es.

Fue en ese momento en que recordé al viejo Sócrates cuando recordé una de mis primeras lecturas filosóficas, El banquete, un texto en que Platón a través de los labios de Sócrates nos da una propuesta para entender el amor. Quizás todavía esa propuesta nos sirva de algo.

El origen del amor.

Tomado de Blog del Departamento de Cultura Clásica del IES Pere d'Esplugues de La Pobla Llarga

En el texto antes citado Sócrates se encuentra con distinguidos comensales y en medio de diversas libaciones y alabanzas, se ponen de acuerdo en honrar diversos relatos que permitan explicar el sentido de eros, el amor. Las posturas con diversas. En primera instancia, se nos define al amor como una aspiración, un deseo de captar y alcanzar el objeto amado, que puede ser exclusivamente carnal o puede tener un interés hacia lo más noble en el hombre, lo racional. El amor es simple deseo, será bello o malo dependiendo de lo que se desea:

 

“Y es pérfido aquel amante vulgar que se enamora más del cuerpo que del alma, pues ni siquiera es estable, al no estar enamorado tampoco de una cosa estable, ya que tan pronto como se marchita la flor del cuerpo del que estaba enamorado, «desaparece volando», tras violar muchas palabras y promesas. En cambio, el que está enamorado de un carácter que es bueno permanece firme a lo largo de toda su vida, al estar íntimamente unido a algo estable”.

Algo de cierto se da en esta propuesta. Quienes nos hemos enamorado debemos reconocer que no todo amor nuestro ha sido bueno. ¿Cuántas veces hemos confundido una obsesión con amor? ¿Cuántas hemos confundido la aprehensión con el cuidado, la dominación con el amor? Al parecer el amor, el bueno, se determina por su aspiración a lo noble y duradero. Sin embargo, ¿cómo sé que lo que amo o a quién amo es alguien noble y bello? Podríamos ser platónicos y establecer que aspirar a lo racional sería lo correcto, pero me parece que esto no es  algo que el vulgo aprecie.

 Por ello aparece una segunda alternativa. El amor es una necesidad, un deseo de volver a configurar lo que en principio era uno. Aristófanes, según Platón, plantea que el hombre en un principio fue creado como un ser redondo con cuatros brazos, cuatro pies, dos sexos, muy fuerte y capaz de todo. Zeus los dividió para evitar la ambición implícita en la humanidad. Sin embargo no pudo el dios evitar que el hombre buscase a través del amor restaurar su naturaleza. El amor aparece como una necesidad, un deseo de completar lo inacabado de cada uno:

Desde hace tanto tiempo, pues, es el amor de los unos a los otros innato en los hombres y restaurador de la antigua naturaleza, que intenta hacer uno solo de dos y sanar la naturaleza humana. Por tanto, cada uno de nosotros es un símbolo de hombre, al haber quedado seccionado en dos de uno solo, como los lenguados. Por esta razón, precisamente, cada uno está buscando siempre su propio símbolo.

 

No son pocos los que comparten esta visión de lo amoroso. Muchos definen el amor como el poder volver  a ser uno. El perderse en el otro y restaurar así una naturaleza perdida de antemano. Sin embargo dos preguntas me aparecen en esta visión: entonces ¿el amor es algo predeterminado de antemano que sólo se da con algunos, de tal forma que sólo te enamoras una vez? Y por otra parte, ¿será necesario que el amor suponga fundirse en el otro perdiendo su propia identidad?

Acá es cuando aparece Platón con su propia visión acerca de lo amoroso:

Cuando nació Afrodita, los dioses celebraron un banquete y, entre otros, estaba también Poros, el hijo de Metis. Después que terminaron de comer, vino a mendigar Penía, como era de esperar en una ocasión festiva, y estaba cerca de la puerta. Mientras, Poros, embriagado de néctar –pues aún no había vino–, entró en el jardín de Zeus y, entorpecido por la embriaguez, se durmió. Entonces Penía, maquinando, impulsada por su carencia de recursos, hacerse un hijo de Poros, se acuesta a su lado y concibió a Eros. Por esta razón, precisamente, es Eros también acompañante y escudero de Afrodita, al ser engendrado en la fiesta del nacimiento de la diosa y al ser, a la vez, por naturaleza un amante de lo bello, dado que también Afrodita es bella. Siendo hijo, pues, de Poros y Penía, Eros se ha quedado con las siguientes características. En primer lugar, es siempre pobre, y lejos de ser delicado y bello, como cree la mayoría, es, más bien, duro y seco, descalzo y sin casa, duerme siempre en el suelo y descubierto, se acuesta a la intemperie en las puertas y al borde de los caminos, compañero siempre inseparable de la indigencia por tener la naturaleza de su madre. Pero, por otra parte, de acuerdo con la naturaleza de su padre, está al acecho de lo bello y de lo bueno; es valiente, audaz y activo, hábil cazador, siempre urdiendo alguna trama, ávido de sabiduría y rico en recursos, un amante del conocimiento a lo largo de toda su vida, un formidable mago, hechicero y sofista.

El amor nace de dos dioses distintos, Poros, el recurso y la riqueza, y Penia, la diosa de la carencia, de la pobreza. El amor no es entonces la dominación del objeto amado, posee en sí la condición de carencia, de austeridad, de deseo frente a algo que no se posee y que se busca desesperadamente. Cuando se ama se ama porque se espera alcanzar algo que no se domina ni posee. Hay una aspiración permanente y constante, un estado de admiración, pero no de dominación. Pero un estado que aspira a lo mejor del objeto amado. Puesto que al ser hijo de la riqueza es un deseo hacia lo absoluto, hacia lo perenne. El amor es de lo absoluto, de la entrega total. Un deseo eterno que desea presentarse totalmente. El amor es por tanto el deseo de poseer por siempre el bien, que está presente en la persona amada.

Amor Platónico.

 En general usamos este término para expresar un amor imposible, irrealizable, ideal. Para muchos la teoría platónica es así, algo que nunca se puede desarrollar por completo. Al establecer la separación entre dos mundos, el sensible y el ideal, Platón pareciera invitarnos a soñaren otra realidad. Sin embargo, los que hemos estudiado a Platón sabemos que su proyecto pretendía ser todo menos algo irrealizable.

Volvamos al amor. En términos de Platón cuando tú amas a alguien lo haces porque en esa persona reconoces la presencia de la belleza primordial. En el esquema griego la belleza se manifiesta en la bondad y en la verdad. Si amas a alguien es porque en esa persona logras encontrar la imagen de lo más perfecto.

El amor tiene un sentido perfectivo. Hay amor cuando en el encuentro con el ser amado te sientes crecer, sientes que el tiempo se detiene y que todo puede ser cada vez mejor. El amor te conecta con lo eterno, con lo permanente, con lo bello. Hay amor por tanto en la realización plena de tu ser junto al del ser amado.

Sin embargo tal crecimiento no implica un precio. El amor se vivencia en la libertad. Nadie pertenece a nadie, pero en el fondo quisiéramos que fuese así. Recuerda que el amor es hijo de la carencia, de la pobreza. Amamos porque no tenemos al ser querido, no es nuestro, aunque nunca quisiéramos perderlo. Por ello es que el amor implica compromiso. Solo hay libertad cuando decido o elijo efectivamente. Sin esa elección y sin la fidelidad a esa elección no hay amor.

El amor implica un salto permanente a lo querido. Por ello que el amor no se expresa en una conquista, no es una dominación. Si sientes que dominas, que ya es tuyo, en ese momento lo perdiste, porque no hay propiedad en el amor, hay aspiración, permanente acercamiento, devenir constante.

About rdiaz

Profesor de Filosofia, especialista en educación y por ahora trabajando en andradgogía.
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