Compromiso

Fue exactamente hace unos 6 años.

Mis clases habían dejado de ser sobre mi gato. Hubo generaciones que me escucharon hablar del Cacho, mi gato blanco, el cual servía de ejemplo para cada cosa que quería explicar. En aquellos tiempos yo corría de un lugar a otro hablando de filosofía y otras yerbas. Empezaba temprano por las mañanas en el San Luis, luego corría a la Universidad José Santos Ossa, por las tardes en la Santo Tomás o la Norte y al terminar la noche gozaba con mis clases nocturnas en Los Lagos.
Los ejemplos cambiaban, hace seis años hablaba del “punto”. Con Claudia a las pocas semanas nos enteramos que esperábamos a nuestra hija, no tenía ni tres semanas y ya molestaba. Por ello orgulloso hablaba yo de mi precioso “punto”, un bebé que venía, del cual poco o nada sabía.
La única certeza era que ya la vida cambiaba. El matrimonio me había enseñado a caminar con Claudia en nuevas aventuras, ahora con mi hija se convertía en algo más. Era como si dejara el papel de protagonista y pasará todo a ser un secundario, a ser parte de la vida de ese ser que venía.
Ya no bastaban los riesgos personales, ahora cada acto tenía un sentido distinto, un desafío enorme. El temor se apoderó de mi.

Al vivir la muerte de mi padre, con 14 años, la sensación de vacío nunca me había dejado. Su muerte cambió y trastocó toda mi vida. No sé si mejor o no, lo quiero asumir como lo primero. Por ello ser padre me comprometía a tratar de evitar que mi hija sintiese esa ausencia. Y tal temor siempre estuvo. Al casarnos, en los planes no estaba tener hijos. Pasamos 4 años maravillosos como pareja y el amor no bastó. Algo nos nació, una necesidad de crecer, de seguir. La vida no podía contenerse. El amor no puede evitarse.

Por ello, cuando mi hermano me ofreció escribir un blog (que en esa época recién nacían) me pareció una forma de cuidar a mi hija. Desde acá me proponía pensar en lo que hacemos para así poder compartir mi visión de mundo. Ojalá mejorarlo.

Pero sobretodo, dejar acá mensajes escritos que en última instancias eran todos para mi hija, para que creciese amando la vida tan intensamente como lo hago yo. Para que entendiese porque a pesar de todo sigo sonriendo y así supiese cuanto he amado lo que he hecho y sobretodo cuanto las he amado a ella y su madre.

El blog creció, mis amigos empezaron a visitarme y luego llegaron otros amigos, lejanos de otros continentes que comentaban lo que escribía. Recuerdo con agrado un artículo que recibió 2000 visitas en el día, como también con disgusto muchos artículos hechos con mucho cariño y vehemencia que a nadie importaron.

El tiempo pasó y nació mi hija, también cambié de trabajo y mi hija se ha convertido en una hermosa señorita. Sin embargo, el mundo…. el mundo…

Mi país sigue siendo inequitativo y la violencia se ha asentado como la única forma de argumentar. Los ricos desean vivir con los ricos y los pobres con los pobres sin posibilidad de diálogo. Los políticos siguen sin saber lo que quiere la gente, y la gente ya se hartó que no los escuchen. Los que se dicen tolerantes no toleran a quienes tienen sus creencias firmes, y éstos no se dan cuneta que la tradición no basta para entender el nuevo mundo. Los profesores siguen enseñando con una pizarra; si bien ya no es tiza, sino un plumón, aun no advierten que los niños que tienen enfrente ya no son los mismos que ellos eran. El mundo cambió, y ni cuenta nos dimos.

Sin embargo, no ha sido lo que esperaba. Y mi hija seguirá viviendo en este mundo. Hace un tiempo algo pasó y gran parte de lo que había escrito en estos años desapareció. Eso me desalentó y sumado a la gran cantidad de trabajo me alejó de estas líneas. Hoy en medio de una investigación que estamos haciendo recordé lo que lograba con estas palabras. Y al llegar a casa y contarle un cuento a mi hija recordé mi antiguo compromiso.

Los compromisos son promesas con otros, son acuerdos que debemos desarrollar para alcanzar nuestro propio ser. En el mundo actual el “populous” prefiere la libertad, al menos eso dice. Y valoran la ausencia de compromisos para ratificarla. “Independiente” es la palabra que usan con agrado. Sin embargo con ello niegan la propia existencia.

No es la ausencia de compromisos la que nos da nuestra libertad y nos identifica como seres únicos, sino todo lo contario, nuestra libertad se mide por la capacidad de comprometernos con otros. Solo quien se compromete es capaz de demostrrar que es responsable de sus actos. Quien no se compromete sólo sigue siendo un infante que depende de otros para decidir.

Por ello hoy, al cumplir 6 años recuerdo mi compromiso con mi hija y decido reiniciar estas lineas. Si quieres puedes venir y opinar. Pero recuerda que la invitación es a pensar lo que hacemos… para hacerlo mejor.

Nos leemos.

About rdiaz

Profesor de Filosofia, especialista en educación y por ahora trabajando en andradgogía.
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3 Responses to Compromiso

  1. maría amanda saldías says:

    eh, eh, eh! Aún tenemos blog, ciudadanos! Enhorabuena, amigo!

  2. Francisco says:

    Me parece muy bien que la vida nos de una vuelta y un regreso a las “fuentes”; la mejor de ellas, por supuesto, la fuente de la vida misma, mejor todavía si ella es una hija o un hijo. Tu texto en ese recorrido rápido y veloz de las cosas de la vida, hasta me recordó un pequeño texto de bolsillo de Padura, Nueve noches con Amada Luna…
    Tu texto tiene emoción y sentimientos, amigo, que debe, seguro que es así, hacer pensar a varios!!!! Saludos Ricardo!!!

  3. Lucas says:

    Hace 3 años y algo tuve una muy grata lectura de este texto, pero recién hoy entiendo y hago parte de mi vida lo que este escrito me quería decir. Gracias por las agradables lecturas e incontables reflexiones. Saludos.

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