¿Por qué vale la pena pensar filosóficamente?

nihilismoMi primera clase es un desafío, pues con ella se juegan muchas cosas. Por una parte mis estudiantes en tal momento deciden si vale la pena venir o no a clases. por otra parte debo demostrar que algo sé y que vale la pena escucharme. Y por último debo recordarme si vale la pena lo que hago. Por ello en mi primera clase siempre intento demostrar el valor de la filosofía, este pensar inútil pero necesario. Con ustedes mi primera clase…

Sondtrack: Charlie García

Todo lo que enunciaré a continuación es teoría.

La mayoría de las veces, cuando queremos conocer lo que es el hombre o en forma más concreta quién es tal hombre, preguntamos por una serie de enumerado que nos dan las características más o menos precisas de quien está frente a nosotros. Las señas al momento de clasificar y delimitar lo propio de una persona: ¿cómo es fulano?, preguntamos y suelen respondernos: ¿a qué te refieres a su físico, a su sicología, a su espiritualidad? ¿a qué?

Ocurre que tenemos por costumbre reducir todo a conceptos, a idear, a ciertos términos que suelen encerrar en su significado el conjunto de signos que  conforman un objetivo. Alguien dijo, en algún momento de nuestra historia, que podríamos comprenderlo todo y con esto nos convencimos de poder hacerlo. Es más, pareciera que todo cabe en las palabras y que podemos agrupar todas ellas en un término preciso, y casi sagrado, que llamamos ” realidad”.

Su solo nombre ya nos hace poner más serios. Existimos nosotros y está nuestra realidad, y continuamente se nos ocurre diversas formas de pretender comprender nuestra realidad. Las ideas que se nos ocurre son de las formas más variadas que existen: hay ideas incuestionables que crecen de hacer más íntimos de nuestra interioridad, que parece que fueron grabados desde antes que se iniciara nuestra gestación, son las ideas mítico religiosas, que nos ordenan misteriosamente nuestra vida. Hay  ideas  que pretenden mostrar su evidencia basándose en otra facultad muestra: la razón. Ideas que pretenden no sólo mostrar lo real, sino que demostrar su propia autenticidad. Estas últimas, y por tener de pie que son “importantísimas” son las ideas científicas. Ideas que han cobrado en los últimos siglos el estatus de “conocimiento verdadero”, y para algunos se ha convertido en la forma de conocimiento. Al menos pareciera que esa era la pretensión del señor Wundt al crear el primer laboratorio de ciencias sicológicas.

Así como las ciencias y las religiones tienen sus verdades. Hay otras disciplinas que buscan enunciar sus propias formas de explicar lo real. Por ejemplo están las ideas de los artistas, particularísimas en su visión del mundo.

Pero sean cuales sean las ideas que tengamos en nuestra mente: ¿nos llevan ellas a la comprensión de lo real o, en particular, de lo que es el hombre?

Insisto, esto es teoría

Existen muchos tipos de ideas que nos hablan de nosotros, de los demás, del mundo e incluso de las mismas ideas. Con estas ideas nos explicamos que nos pasa, cómo estamos y que queremos hacer. Incluso, somos atrevidos, y con esas ideas pretendemos conocer lo todo. Es así como nos dedicamos a producir cada vez más y mejorar ideas, las que discutimos, perfeccionaremos, defendemos o realizamos.

Hacemos de todo con estas ideas, menos lo más importante vivir de ellas. Porque tenemos que hacernos conscientes de algo, de todas las ideas que hemos estado hablando hasta ahora (e incluso, todo lo que yo he dicho), son simples ideas inventadas por nosotros. Ideas que se nos han ocurrido o que se le han ocurrido a alguien. Y desde esta perspectiva no son más que simples teoría.

Sin embargo debemos reconocer que hay otro tipo de ideas, que no son nada ocurrencias de nuestra intelectualidad. Un tipo de ideas que en parte nos anteceden y nos posibilitan nuestro vivir. Son un tipo especial de ideas con las cuales ya contamos. En las cuales ya estamos, cuando inventamos diversas ideas. A la primeras les llamamos creencias y a las segundas ideas.

Veamos algunos ejemplos:

Si el hombre es un ser racional hemos de requerir que sus acciones correspondan a algún principio pensado en el cual revivirlas. Revisemos cualquier comportamiento sencillo nuestro: ” Salimos” a caminar para tomar un poco de aire. Hemos estado en clases de antropología filosófica y el tedio del discurso del  profesor nos lleva a buscar una forma de distraernos de todo. Nos levantamos, tomamos nuestros apuntes, el bolso, subimos las escaleras y salimos”.

De todo lo que hicimos,  ¿qué fue lo que pensamos?

Quizá el darnos cuenta de nuestro tedio. Quizás de tomar todo y no olvidar nada. Quizá en un desliz obsesivo compulsivo contamos los escalones y medimos mentalmente el tamaño de la puerta.

Pero  ¿nos preguntamos por lo más importante?  ¿Por el detalle más importante y que realmente le da sentido al caminar?  ¿Alguien se preguntó por si la calle era lo suficientemente firme para soportar? Creo que no. Contamos con ello.

Ahora bien, ¿cuánto de lo que nos pasa a diario es una creencia con la cual contamos?  ¿Y por qué contamos con ello? Porque de algún modo, de alguna forma vivimos gracias a esas creencias en que estamos. Ellas son el soporte de toda nuestra intelectualidad. Gracias a esa vida, que viene de nuestras creencias, se forjan los principios en los cuales las ideas cobran valor (una creencia común e interesante de analizar en nuestra confianza en que la razón lo explica todo,  ¿de dónde sacamos esa certeza?).

Pero, antes de continuar, quisiera aclarar que no pretendo con esta exposición echar por tierra milenios de esfuerzo y trabajo en busca de explicaciones a nuestra vida. Es más ni siquiera pretendo al decir esto, que tengo toda la verdad, todo lo que he dicho es tan sólo una teoría.

En efecto, el papel de nuestra razón es importantísimo. Pues, si bien debiéramos atender más a las creencias que a  las ideas, al momento de tratar de comprender a un hombre o la realidad; no es menos cierto que hay ocasiones en que nuestras ideas logran permitir que la vida siga su curso.

Hasta el momento pareciera que existen dos formas de acceder  a nuestra vida. Una forma en la interpretación que hacemos de nuestra vida y que llamaremos idea y otra forma es atender a todo aquello con que contamos al vivir lo cual llamamos creencia. Pareciera que la idea sólo nos da una impresión vaga y probable de lo que nos ocurre por otro lado la creencia suele ser el paso firme en que estamos al momento de vivir. Esa es la teoría, veamos que nos pasa a veces:

Retoma nuestra anterior caminata. Hemos salido a caminar y luego de lo que nos ha dicho el profesor vamos de una forma mucho menos inocente que lo anterior. Tal sospecha radica, quizá en la necesidad de intentar defender a nuestra razón. Caminemos tratando de darnos cuenta de todo. Del paisaje, de sentir firme el suelo a nuestros pies, de mantener la distancia con nuestros compañeros, de apreciar el paisaje, ver los autos, calcular su velocidad, mirar el sol, valorar el atardecer, clasificar los colores del cielo rojizo y … de pronto no vemos nada. El suelo ya no está, todo es oscuro, hay mal olor y se escuchan las carcajadas de nuestros amigos a lo lejos. Ocurrió que seguimos contando con que el piso nos sostenía y desviamos tanto nuestra atención a las ideas de lo que nos ocurría que no vimos que la tapa del alcantarillado estaba suelta y caímos al desagüe.

¿Qué ocurrió entonces con nuestra creencia? De alguna forma éste se quebró. Se hizo pedazos frente a la experiencia vivida. Y de ahí, nuestra sospecha intelectual pasa a ser parte de una sospecha más profunda y terrible. Ahora la sospecha es vital. Dudamos del suelo. Nos sacan de ahí y nuestros pasos ya no son tan contados. Caminemos dudando, esperando no volver a caer. Aquí nuestros sentidos se agudizan y todas nuestras ideas vienen a socorrerlos dándonos la certeza que requerimos para salir de tan indecorosa situación.

images-1Cierto es que hay veces que la vida nos juega malas pasadas y las creencias se nos rompen. Estamos en el terreno inestable de la duda. Y la duda, la creencia de duda, en una de las más difíciles de enfrentar. Porque la situación que he caracterizado sólo es momentánea y pasajera. Pero hay otras situaciones en que se nos quiebran todas las posibilidades de acción: cuando nos enfrentamos a la muerte por ejemplo (tal parece que no vivimos con la creencia de que somos inmortales).

La duda es una creencia doble, es tener dos creencias opuestas, que luchan por un sitio y que pujan por cobrar su importancia. Antes ello el hombre sale con sus ideas. Son ellas las que dan el apoyo para poder sobrevivir, para poder ser como una tabla salvavidas que le saque de ese mar de dudas y lo vuelve a tierra firme.

Si se me permiten ciertas licencias, yo diría que es en ciertas situaciones excepcionales, cuando la duda parece nublar la vida del hombre; es aquí cuando aparece la actitud básica del hombre; el filosofar. La filosofía, veo, pretender mostrarse a sí misma como la búsqueda del conocimiento, que en el fondo no es otra cosa que intentar hablar la estabilidad precisa para vivir, para poder vivir.

De alguna forma la filosofía desde sus orígenes ha aparecido más cercana a la vida que cualquier otra disciplina humana. No quiero hacer mención a la ya sabida actitud humana de querer explicarse todo; sino que se refiere al hecho de que lo que llevó a los filósofos a realizar sus investigaciones (incluso aquellas que parecen enormes edificios conceptuales).

Fueron dudas radicales, que partían de la situación que les tocaba vivir. De alguna forma la historia de la filosofía es el intento desesperado de hombres que querían alcanzar una estabilidad (o creencia) con  la cual comprenden la vida.

Por otra parte, en lo que a la antropología filosófica se refiere, es posible apreciar en su historia el intento del hombre  de poder comprenderse  a partir de las situaciones en que se vivía. Si se quiere decir de alguna forma: es la historia del hombre de pretender clasificar, visualizar las creencias que tiene sobre sí mismo.

Sea como sea, quiero insistir que esto es teoría. El intento entonces, es invitarles a tener esa actitud, de búsqueda de certeza, de estabilidad, quizá de querer asimismo a nuestra creencia, pero sabiéndola; conociéndola, de tal forma de poder  caer en la duda.

About rdiaz

Profesor de Filosofia, especialista en educación y por ahora trabajando en andradgogía.
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