No soy independiente

Si viene a mí y me dice que no cree en que haya que regalar las cosas, que solo el trabajo personal reconforta y que lo justo es que a cada cual le den lo que le corresponde por su trabajo y me agrega las ideas de libertad  y desarrollo para justificarse; si usted se acerca a mí con ese discurso, le escucharé, le respetaré sus ideas incluso cuando no las comparta.

 Si usted por el contrario se me acerca y me dice que es el estado el que debe proteger a sus ciudadanos y que es posible evitar que el mercado todo lo regule y todo lo norme, le escucharé con agrado, le respetaré sus ideas y trataré de profundizarlas.

Pero si usted viene a mí y me dice que no sabe, que su opción es distinta, que frente a ciertos temas prefiere “pasar”, que le encanta su “independencia” de todo credo político, religioso o deportivo. Si usted pretende presentarse ante mí sin nombre ni apellido, sin una pasión que le envuelva y dé sentido a sus acciones, si usted pretende acercarse a mí en esos términos, no me pida que le escuche, ni menos que le hable. Porque no podría ocultar mi desprecio ante su falta de ideas y definiciones.

Mire la cosa es sencilla, muy sencilla. Yo soy católico, creo en Dios y trato de guiarme por una buena noticia, antigua y añeja. No, no creo que por esto haya bajado mi nivel intelectual, me equivoco como cualquiera y entiendo un poco mejor que el ciudadano común. Pero tampoco es por culpa de mi fe mi nivel intelectual. En todo caso, en vez de descalificarme por mi fe, podríamos sentarnos a conversar y no se preocupe no ando tratando de convencer, así que no será un intento de coerción por mi parte. Sin embargo la ventaja que usted tendrá es que sabrá a qué atenerse.

También soy profesor de filosofía y me agrada mucho la política. Casi siempre he votado por las minorías de izquierda (cuando eran extraparlamentarias), pero lamentablemente no soy uno de ellos. Respeto mucho la disciplina que poseen y comparto con ellos las ansias de un mundo más justo y correcto. No creo que el mercado lo resuelva todo, más bien en mi opinión lo entorpece todo. Creo en la justicia y eso lamentablemente a veces me ha alejado de los partidos de izquierda que he conocido. No creo que cualquier medio sea lícito para lograr la justicia social. Conozco a mucha gente de derecha, y son los que mejor me han tratado en el ámbito laboral, suelen vivir con menos resentimientos y permiten mejor la iniciativa personal. Pero no puedo, créanme que no puedo compartir los ideales políticos de la derecha. No todos tienen las mismas oportunidades y mientras ello no se mejore, es imposible lograr una real meritocracia en nuestro país. Comparto muchas ideas de la izquierda y con ellos me siento más conforme, sin embargo profeso una gran desconfianza  a los partidos políticos existentes. Quizás por ello ahora me he integrado a un partido nuevo que nace de un movimiento ciudadano. Creo que efectivamente se puede mejorar el nivel de la política actual. Porque comparto con Hannah Arendt una frase muy directa y cierta: “la política es una cosa muy importante como para dejarla en manos de los políticos”. Así es que si quiere podemos hablar de política, estoy muy bien informado y usted va con ventaja: ya sabe lo que opino.

Y frente al fútbol tengo también una postura definitiva: no me gusta. Verá soy profesor y creo que es posible mejorar la vida de las personas, que es posible darle oportunidades para que aprendan y así sean eleven su calidad de vida. Lamentablemente en mi país el fútbol ha dejado de ser una oportunidad. Se ha transformado en un negocio. ¿Me creerá que hay que pagar por ver los goles? El deporte se supone que es una instancia formadora, de desarrollo personal y que no hay nada más enriquecedor para una persona que desafiarse  asimismo y animarse a enfrentar desafíos. Pero ello ya no ocurre. Se ha farandulizado el fútbol y lo peor es que se ha transformado en un monopolio que impide que otros deportes surjan. Así es que si quiere podemos comentar sobre fútbol, mire que informado estoy, pero rápidamente trataré de cambiar de tema y no diga que no se lo advertí, porque usted ya sabe lo que pienso, no soy independiente al respecto.

Y así de simple es la cosa: no soy independiente, tengo un apellido, una historia, ideas y creencias que me definen. Si usted me pregunta tendré una opinión y se la daré y conversaremos. Puede que me equivoque y puede que me haga cambiar de opinión o puede que usted lo haga, pero créame, me parece que la vida vale la pena vivirse cuando uno toma decisiones frente a  ella y cuando es capaz de dialogar frente a ella. Nuestras decisiones, nuestras opiniones, nuestra postura frente a la vida debe de existir. Sin tal definición, la vida se vuelve como algo insulso, vano, superfluo. Como dice Víctor, es una vida “sin sabor a ná”. Y esas vidas así son las primeras en caer bajo la manipulación de los poderosos, en especial de aquellos que suelen vestirse con el traje de independiente solo con el fin de atraer a  indecisos.

Así es que con cariño, con respeto, le digo: véngase con su bandera, con sus opiniones, con sus creencias y conversemos, discutamos, acordemos. Pues si eso podemos hacer, sin mordernos en el intertanto, tanto usted como yo iremos creando algo que se llama ciudadanía, una cosa que hace rato hemos perdido en esta nuestra hermosa patria.

About rdiaz

Profesor de Filosofia, especialista en educación y por ahora trabajando en andradgogía.
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One Response to No soy independiente

  1. Fabiola Muñoz Ortega says:

    Me parece que se instalen instancias en que todos podamos discutir algún tema, estoy de acuerdo y lo haré, cuenten conmigo, he decidido vivir para nutrirme, nutrir a mis hijas y a la gente que quiera compartir, como profesora en formación, estoy aquí.
    gracias,
    Faby

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