Absolutos Principiantes

(Cuenta atràs número 3, sountrack: Absolute Begineers)

Sé que no te gusta que yo cuente mis historias, pero sabes también que soy un gran vanidoso, que busca ser reconocido. Y las historias que cuento son muy entretenidas como para dejarlas ocultas. Además que este blog es para nuestra hija, la Cristina, para que ella sepa algo de la historia de sus padres.

La primera vez que conversamos fue en la vieja sala de computación del colegio San Luis. Tú venías llegando, toda hermosa, joven y distante. Yo ya llevaba varios años en dicho colegio y tenía mi fama más o menos ganada. Mis grandes amigos eran Roberto y Huberto, uno masón, el otro socialista, ambos críticos e irónicos, quienes fueron testigos de la desgracia de hablarte y me lo recordaban cada vez que conversábamos durante ese año.

Yo estaba tranquilo preparando una guía de estudios. Te sentaste a mi lado y comenzaste a escribir en silencio. No pude no mirarte, estabas hermosa y el traje de dos piezas que usabas resaltaba mejor tu belleza. De pronto te detuviste. En aquellos años usábamos el wordperfect y aplicar diversas funciones era bastante engorroso.

Tú estabas con el título en la pantalla y yo pensé que querías ennegrecerlo. Por eso –iluso de mi al creer que te caería bien- te dije: “Podrías poner negritas en el título”.

Tú giraste tu cuerpo hacia mí. Te acomodaste los lentes. Me miraste de abajo hacia arriba, mientras yo sentía que me empezaba a empequeñecer. Con tu voz alta y  despectiva dijiste: “Me carga todo lo negrito”.

Sólo escuché una risotada detrás de mí. Era el Beto quien a carcajada limpia atestiguaba mi derrota. Roberto se sumaba a las risas. Y yo humillado solo atinaba a encerrarme en el computador que estaba frente a mí.

Nunca más te hablé por ese año. En general casi todos suelen quedarse con tu imagen altanera y distante, sin lograr acercarse mucho a lo que conocemos quienes te queremos. La gente no sabe muchas veces mirar más allá de lo aparente. Sin embargo yo estudié algo que me hacia ir más allá de lo simple y sencillo. Con el tiempo fui descubriendo tu sentido del humor, tu pasión por la lectura, tus ganas de ayudar a tu familia, pero sobretodo fui descubriendo que en realidad te importaban mucho aquellos que eran tus amigos o tus alumnos.

La vida sindical nos acercó. Fuiste a pedirme que fuera candidato al sindicato pues las divisiones entre los profes nuevos y los antiguos eran terribles. Ahí fue cuando comenzamos a compartir más aún. El romance no se inició de inmediato, aunque muchos veían con picardía que tanto nos juntábamos. Yo aún no descubro cuando empecé a gustarte, peor sí tengo claro el momento en que me enamoré de ti.

Fue un día que decidimos ir a un pub. Se llamaba Alabama, e íbamos porque nos atendía un alumno mío de sicología, Ruby,  quien no nos hacía esperar demasiado por las tablas ni los tragos y además a veces llegaban los grupos musicales en vivo, que para variar más de alguna vez tenían a algún ex alumno mío en sus filas. Lo recuerdo muy bien. Esa noche llegamos temprano, casi no había nadie en el local. Nos sirvieron y mientras escuchábamos un tema, una vieja canción de Bowie,  surgió el diálogo. Recuerdo que me contaste la película en que oíste esa canción y como el tema te había gustado mucho. Estábamos sentados lejos de la banda y conversábamos animadamente de literatura, pasamos por el cine, luego diversas anécdotas personales, nuestros temores, nuestras ilusiones y todo ello mezclado con risas y bromas.  De pronto el silencio  de alrededor nos sobrecogió. Miré al lado y lo que vi me sorprendió: Ruby estaba apoyado en la barra con una cara de cansancio y sueño increíble, todas las mesas estaban con las sillas sobre ellas, no había banda, no había ninguna otra persona y los otros meseros y cajeros nos miraban con una cara de odio indicándonos que ya era hora de irse. Afuera no habían autos y el cielo comenzaba  a teñirse de rojo por el amanecer. Yo no sé si sentiste lo mismo que yo, fue igual que la escena del gran pez, pero esa noche el tiempo nos había sido robado. Era una sensación que jamás había sentido. Era la certeza de que contigo sería feliz y que no podía dejarte ir.

El tiempo ha pasado llevamos ya casi 11 años juntos, no ha sido fácil. Todo lo hemos vivido juntos como por primera vez. Armar una casa, enfrentar nuestros trabajos, primero estar juntos en el trabajo, luego separados cada uno en lo suyo. Los viajes. Los desafíos. La amenazas. Y nos llegó una hermosa hija por quien nos levantamos cada día. Todo lo hemos hecho juntos por primera vez, como verdaderos principiantes. Quizás por eso nuestra canción es aquella de David Bowie con la que empezamos una bella conversa en un viejo pub.


 

About rdiaz

Profesor de Filosofia, especialista en educación y por ahora trabajando en andradgogía.
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