Oda al Hombre Sencillo

Este poema me huele a eucaliptus, a camino de barro, a olor de campo y yo con 17 años terminando el colegio perdido al interior de Concepción. No tenía idea qué cosa estudiar, ni sabía qué sería de mi. Un libro que me regalaron contenía este poema y de pronto todo se hizo claro: la vida me desafiaba a vivirla, pero no estaba solo, estaba con otros que caminaban a mi lado y que también gozaban de un atardecer con el viento en el rostro.
Hoy, a veces, cuando atardece y el cielo está rojo, recuerdo ese poema, y pensando en mi niña que viene, me animo a decirle “yo sé hacia donde vamos, aunque tú no lo creas”
No sé si vencí, pero lo que sí sé es que sigo sencillo:

Voy a contarte en secreto
quién soy yo,
así, en voz alta,
me dirás quién eres
(quiero saber quién eres)
cuánto ganas, en qué taller trabajas,
en qué mina,
en qué farmacia,
tengo una obligación
terrible
y es saberlo,
saberlo todo:
día y noche saber cómo te llamas,
ése es mi oficio,
conocer una vida
no es bastante
ni conocer
todas las vidas
es necesario,
verás,
hay que desentrañar,
rascar a fondo
y como en una tela
las líneas ocultaron,
con el color, la trama
del tejido,
yo borro los colores
y busco hasta encontrar
el tejido profundo,
así también encuentro
la unidad de los hombres,
y en el pan busco
más allá de la forma.
Me gusta el pan,
lo muerdo,
y entonces
veo el trigo,
los trigales tempranos,
la verde forma
de la primavera,
las raíces, el agua,
por eso
más allá del pan,
veo la tierra,
la unidad de la tierra,
el agua,
el hombre,
y así todo lo pruebo
buscándote
en todo,
ando, nado, navego,
hasta encontrarte,
y entonces te pregunto
cómo te llamas,
calle y número,
para que tú recibas
mis cartas,
para que yo te diga
quién soy y cuánto gano,
dónde vivo,
y cómo era mi padre.
Ves tú qué simple soy,
qué simple eres,
no se trata
de nada complicado.
Yo trabajo contigo,
tú vives, vas y vienes
de un lado a otro,
es muy sencillo,
eres la vida,
eres tan transparente
como el agua,
y así soy yo,
mi obligación es ésa:
ser transparente,
cada día
me educo,
cada día me peino
pensando como piensas,
y ando
como tú andas,
como, como tú comes,
tengo en mis brazos
a mi amor
como a tu novia tú,
y entonces
cuando esto
está probado,
cuando somos iguales,
escribo,
escribo con tu vida
y con la mía,
con tu amor y los míos,
con todos tus dolores
y entonces
ya somos diferentes
porque, mi mano
en tu hombro,
como viejos amigos
te digo en las orejas:
no sufras,
ya llega el día,
ven, ven conmigo,
ven con todos
los que a ti se parecen,
los más sencillos.
Ven, no sufras,
ven conmigo,
porque aunque
no lo sepas,
eso yo sí lo sé:
yo sé hacia dónde vamos,
y es ésta la palabra:
no sufras
porque ganaremos,
ganaremos nosotros,
los más sencillos
ganaremos,
aunque tú no lo creas,
ganaremos.

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Profesor de Filosofia, especialista en educación y por ahora trabajando en andradgogía.
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One Response to Oda al Hombre Sencillo

  1. He leido Oda al Hombre Sencillo | Kimniekan con mucho interes y me ha parecido ameno ademas de claro en su contenido. No dejeis de cuidar esta web es bueno. mobiliario para hosteleria

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