“Se cayó”

Inicialmente publicado el 4 de enero del 2007

Vaso rotoMi amigo Huberto siempre me repetía: el lenguaje no es inocente.

Esto lo enfatizaba cuando yo usaba algunos de esos giros lingüísticos que quitaban toda responsabilidad de lo que se hacía. Ya saben: cuando se quiebra un vaso, decimos “se cayó”, en lugar de “lo boté… accidentalmente, pero lo boté” o cuando queremos hablar de algunas acciones malas que cometemos decimos “errar es humano…” en vez de “me equivoqué”.

Lo divertido de esto es que con tales giros queremos expresar nuestro desapego con actos que nos pertenecen y de los cuales debiéramos hacernos cargo. Hay en tal sentido una ideología (está de moda hablar así de conspiraciones ocultas) de la irresponsabilidad. Nuestras palabras no son inocentes, alentamos tal irresponsabilidad y lo peor es que nos creemos el cuento.

¿Es correcto hacerlo?

Pensemos. Si estás dispuesto a asumir que en determinadas ocasiones las cosas, cualquier objeto inanimado, por ejemplo un vaso, cobra vida, sin entender ni cómo ni cuándo y que más encima adquiere una vida miserable a tal grado que le ha generado un episodio profundo de depresión, ante el cual, nuestro pobre vaso, no ve otra alternativa que suicidarse, arrojandose al vacío desde el lavaplatos…. ehh, creo que es mas racional aceptar que se nos cayó.

El problema es que muchas veces asociamos intencionalidad con culpabilidad. Los accidentes ocurren, no siempre andamos pensando en arrojar vasos y romperlos. Sin embargo, es más maduro asumir nuestra responsabilidad ante los accidentes. “Boté el vaso, ¿cómo lo reparo?, ¿compro otro?”.

Los accidentes ocurren y tenemos responsabilidad ante ellos, no necesariamente culpabilidad, pero de ningún modo fue algo mágico. Si incentivamos en nuestro lenguaje el asumir los actos propios como tales, estaremos generando una cultura y un país más honesto. Empecemos con nosotros y nuestros pequeños, en una de esas nuestro país sí mejora.

 

 

Los comentarios fueron mejores:

Me recuerda una conversación con Kika, y es que cuando nuestros hijos son chiquitos y se pegan con una puerta, por ejemplo, le pegamos a la puerta, y decimos “tonta puerta”.

Nos dimos cuenta que era una lesera, sobretodo después de volver a ver una vieja rutina de Coco Legrand lo reflexionamos.

Nosotros los padres introducimos ese desapego, o falta de responsabilidad de lo que hacemos. Claro creemos que estamos apoyando a nuestro hijo chico, pero en realidad le estamos enseñando a no hacerse responsable. Son las copas que se caen, las puertas que nos pegan, los postes que se nos cruzan cuando somos más grandes y vamos manejando.

Ojo, padres, cuidado cuando consuelan a sus hijos, enseñémosle que un accidente no es culpa ni del suelo, ni de los zapatos. Los accidentes pasan, y hay que aprender de las causas.

Hemos cambiado nuestra forma de consolar a nuestra hija, y personalmente he encontrado algunos cambios interesantes, como mejorar su autonomía, se hace más conciente de que es ella la que se equivoca, y aunque no lo crean, su tolerancia a la frustración ha mejorado.

Me gustó este post, así que quise contarte esta experiencia. Recomiendo ver de nuevo esa rutina de Coco Legrand, de la araña me parece (“Que se teje” se llama el show) donde cuenta como tratamos a los niños los chilenos, es muy bueno y para reflexionarlo.

harry.cia.ltda dijo:

Realmente no tomamos conciencia de nuestro lenguaje y si bien es cierto que no nos hacemos responsables cuando erramos y entramos en justificaciones como eso de “errar es humano” creemos que la hacemos de oro.
Según Humberto Maturana, lenguaje es “lo que hacemos cuando operamos en el lenguaje, es movernos en nuestras interacciones recurrentes con otros, en un fluir en coordinaciones de coordinaciones conductuales consensuales. Es decir, el lenguaje ocurre en un espacio relacional, consiste en el fluir en la convivencia en coordinaciones de coordinaciones conductuales consensuales, no en un cierto operar del sistema nervioso ni en la manipulación de símbolos. El símbolo es una relación que un observador establece en el lenguaje; cuando hace una reflexión sobre cómo cursa el fluir de las coordinaciones de coordinaciones conductuales consensuales, asocia distintos momentos de ese fluir, tratando a uno como representación del otro”.
Coordinaciones conductuales consensuales, se refiere en el fondo a las interacciones con el otro. Son consensuales por tener una especie de acuerdo para poder establecer ese espacio en que se convive y se “CONVERSA”.
Casos como el “se cayó” son entonces hipocresía y la hipocresía trae consigo el ocultar algo al otro y entonces no estamos aceptando al otro como un otro legítimo, ¿que hacemos entonces? lo negamos y al negarlo nos separamos y aniquilamos un espacio de convivencia.
Respecto a eso de hacerse responsable de una equivocación, desde una perspectiva Maturaniana, no debe implicar culpa. Pienso que estamos en consenso con eso (sino, haganlo saber).
Con respecto a eso de enseñar a hacerse responsables a los pequeños estoy de acuerdo, pero hago el alcance en eso de “tolerancia a la frustración”, aprovecho de citar una experiencia en el primer año de Psicología, recuerdo que un profesor muy erudito nos decía-¡ustedes deben desarrollar la tolerancia a la frustración, como futuros psicologos, deben desarrollar la tolerancia a la frustración!- comprenderán que decirle eso a un joven con cero roce en psicología era incomprensible, bueno pues, pasó el tiempo y ahora que supe que es la tolerancia a la frustración, creo que cuando habla de “tolerancia a la frustración” y la experimenta no cambia en nada el sentimiento de frutración, pues si consideramos que TOLERANCIA A LA FRUSTRACION es la capacidad de poder seguir adelante con la vida y sus devenires a pesar de la frustración, es decir, vive esa suerte de desilusión, ese no conseguir un objetivo o ese no poder llegar a la meta y cuando pasa…¿que ocurre?, sigue adelante.
¿Hay comprensión de lo ocurrido?¿hay aceptación de sí mismo?, es más cuando se dice que tener tolerancia a la frustración es ser capaz de aprender a efrentar problemas, es aguantar, admitir, es “permitir el mal sin aproblarlo”, dicen que es aceptar…¿aceptar?, sinceramente tolerar y todo lo que implica ello, es en el fondo decir “está bien lo que pasa conmigo, está bien lo que dices, no hay problemas sigo adelante”, pero por dentro se está descuerando a la persona que “se tolera” o bien aplicado a uno mismo NUNCA ME ACEPTE CON MIS LIMITACIONES, pero aguante las frustraciones.
Diferente es “aceptar” de “tolerar” y es que del primero no somos conciente y del segundo estamos confusos.
Aceptar es amar, aceptarse en crearse en uno un nuevo campo de comprensión a partir de la experiencia que nos frustró y lo aplicado de esto es que nos lleva a buscar otros caminos para resolver ese “problema”, en cambio “tolerancia a la frustración” no nos da espacio para buscar otros caminos, sino más bien nos deja con la creencia que “no pudimos, pero sigo adelante con mi vida lejos de aquél problema”, entonces nos cultiva el miedo y la incompresión.
En la interacción con nuestros pares ocurre lo mismo, si no somos capaces de llegar a un acuerdo entonces resolvemos “tolerar” al otro, pero eso es un olla a presión y entonces nunca comprendimos al otro, nunca “aceptamos” al otro como otro y que podemos con él construir un espacio de convivencia.
Tolerar es dejar ahí…Aceptar es amar y crear.

About rdiaz

Profesor de Filosofia, especialista en educación y por ahora trabajando en andradgogía.
This entry was posted in Sin categoría. Bookmark the permalink.

One Response to “Se cayó”

  1. Yo no estoy de acuerdo con lo aqui reflejado, pienso sinceramente que hay muchos aspectos que no han podido ser tenidos en cuenta. Pero valoro mucho vuestra exposicion, es un buen post.
    Saludos

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *

Usted puede utilizar las etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>