Los viajes de Jaime: Zorritos.

Al parecer el viaje de Jaime ha sido divertido, lo dejamos la última vez en un bello balneario, Máncora, luego de haber pasado por el Cusco al partir de Antofagasta. Los que me conocen saben que soy profesor y que no desaprovecho ninguna oportunidad para educar. Ante tanto relato divertido y anecdótico, me preocupó que poco quedara del motivo inicial del viaje: aprender. Así es como mi siguiente carta no fue muy amable…

 

Señor Cortez:

Para pensarSu última carta me hizo recordar una vieja canción que yo me cantaba cuando andaba por el sur junto a los mapuches y luego en las innumerables ocasiones en que me fui a armar mediaguas con el incipiente un Techo para Chile. No sé si la has escuchado: Al final del viaje de Silvio Rodriguez.

Te lo comento porque se supone, mi estimado señor, que su viaje iba con un gran propósito: encontrarse, descubrir aquello que no encontraba en su vida cotidiana, su felicidad.

Sin embargo me ha llenado de relatos de fiestas, jaranas, buenos ratos con cerveza y pisco, y un sin fin de momentos “rico buena onda”. Por eso le pregunto mi estimado señor: ¿Y al final del viaje que le quedará?

Partimos como caballo inglés, un tremendo proyecto educativo en Calca, pero luego fiestas de amanecida en Cusco, comida y trago en Machupichu, luego una caja de cervezas en Cusco, luego una tremenda fiesta en Lima y me contaste al final de sus buenos momentos en la playa de Máncora.

¿Me contaste lo misterioso de la ciudad incaica? Nop, pero sí de como te escondiste para dormir. ¿Me contaste de la hermosa arquitectura del Cusco o de lo cosmopolita que era la ciudad? Nop, pero sí de una caja de cervezas. ¿Me contaste de Lima, una de las capitales más bellas de latinoamerica? Nop, pero si de una tremenda fiesta. ¿Me maravillaste con el paisaje del litoral de máncora? Nop, pero si de la cervecita en la playa.

Ten cuidado Jaime la alegría no es la felicidad y a veces es una trampa para lograr encontrarla. Sé que ese mismo Jaime que en Máncora recordaba a sus viejos entiende estas preguntas, a él le inquiero: ¿qué va quedando al final del viaje? ¿qué pasa cuando la playa queda vacía y te quedas mirando el mar? ¿Encontraste lo que fuiste a buscar? ¿Qué ha pasado cuando te has cansado o cuando has tenido hambre? ¿Qué ha aprendido el hombre de otra cultura, de otras gentes, de otros desafíos? Insisto, ¿Qué va quedando al final del viaje?

Espero tu respuesta, Ricardo, el profesor (muy a mi pesar)

 

¡Señor Díaz!:

Toda la razón profesor, y esa misma preocupación ocurrió justo después de  lo que viene, que al contarlo estoy seguro no defraudarlo. Por supuesto no todo es fiesta, y de eso le cuenta mi carta, la felicidad no depende de aquellos vicios o placeres y de las nuevos aprendizajes que adquiri y lugares incaicos del peru.

Jugando con los amigosVivir en Mancora me hizo pensar mucho en como era mi vida antes, mis preocupaciones eran terminar la carrera, seguir haciendo música, conseguir un lugar donde vivir y seguir la rutina. Ahora mis preocupaciones eran más vitales, hacer dinero para pagar un hostal y ahorrar para seguir conociendo, la cosa era como seguir con el viaje.

Tenía la guitarra, ya con eso la cosa era divertida, también me puse a fabricar artesanías con lo que tuviese a mano y ya.

A Mancora cayó un amigo de los chicos, de Córdova Argentina, el Facu. Un personaje de una energía muy noble y agradable, que me ayudó con artesanías y malabares.

Verá profe, yo siempre he pensado en el cultivo del ser, el hecho de hacer cosas que nunca antes había intentado hacer ya me daba mucha satisfacción, es por eso que en mi cabeza pensaba en distintas posibilidades de hacer algunas lucas.

En el hostal donde estaba con Tomás conocimos a un tipo de Iquitos llamado Cesar, el nos ofreció ir al siguiente pueblo llamado Zorritos, a media hora de Máncora. Él nos comentaba que conocía a un tipo dueño de un eco-hostal que necesitaba de alguien que lo ayudara, porque se acercaba navidad y año nuevo. Nosotros dijimos que sí al ver esta oportunidad tan buena y al alcance.

El Eco Hostal Tres puntas.César se fue unos días antes y quedamos de caer al eco-hostal un dia viernes, el lugar se llama Tres Puntas y es una maravilla.

Dia viernes en la mañana ya comenzamos a  hacer dinero para pagar el hostal y para irnos a Zorritos. Buscamos a nuestros amigos y les contamos que nos íbamos, nos despedimos y nos pusimos de acuerdo al instante para ver que iba a pasar con nuestras vidas.

 

El polaco y el facu se iban camino a Tumbes, hacer unas monedas  y pasar a Ecuador. Chuqui, Pucho y Belen,  se iban días después, la idea era pasar año nuevo en Montañita Ecuador.

tres puntas1Ya cuando Bajo el sol comenzamos a hacer dedo, finalmente a eso de las 12 AM llegamos al lugar, pasando por su imponente portal. León es el dueño, un tipo de Barcelona España, lo que él nos ofrecía era desayuno, almuerzo y cena mas 20 soles por día, aceptamos y comenzamos a trabajar al dia siguiente.

 

Trabajando 2En aquel Eco-hostal aprendimos a trabajar con materiales que uno encuentra en el lugar como cañas de bambú delgadas y gruesas para construir toldos que soporten hamacas y sitios para poner carpas, fuimos muchas veces en su camioneta a buscar cocos llenos de agua, ramas y palmeras para seguir construyendo. Cerca del lugar hay unos baños de barro calientes para visitar.

Comiendo en el HostalLeón una noche cenando, me comento que venían voluntarios de universidades a aprender y colaborar con la construcción del lugar, me llamó la atención aquello, recordé a mis amigos y me los imaginé aquí algún dia.

En este bello lugar también conocimos bellas personas. La gente de cocina por ejemplo muchachos del lugar muy buena gente que trabajan ahí.  Emilio de Sevilla, publicista residente en Perú, un tipo carismático y con una bondad admirable.

La vida nos sonreía a Tomas y a mí, decidimos quedarnos en Zorritos pero no sabíamos por cuanto.  Quien lo diría profe, nunca pensé que iba a llegar a un eco-hostal y seguir aprendiendo de la naturaleza y de la gente bella.

Soy de las personas que si ve una oportunidad cree hay que tomarla y es en ese momento donde se tiene que vencer el miedo a perder algo, sea dinero, sea energía, sea un objeto. La misma vida devuelve las cosas de otra forma, te recompensa con momentos inolvidables y aprendizajes para toda la vida. Ante los desafíos de la vida… pues yo digo que sí vale la pena intentarlos, cualquier nueva oportunidad, sí vale la pena dejar cosas para obtener otras nuevas.

¡Saludos!

Y así siguió el camino de Jaime, conociendo a distintas personas y de cada una aprendiendo algo.
 

About rdiaz

Profesor de Filosofia, especialista en educación y por ahora trabajando en andradgogía.
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