La tragedia de nuestra comunidad

Garrett Hardin (1968) escribía un interesante dilema acerca de la naturaleza humana. Él proponía que en una comunidad de pastores, que compartían un gran pastizal para sus ovejas, el cual dejaba un gran espacio para utilizar. Se dio en un momento la situación en que cada pastor pensó que si agregaba una oveja más no afectaría en nada al resto y que de esta forma se beneficiaría un poco más. El drama se produjo cuando cada uno pensando en forma individualista no fue capaz de advertir que la suma de sus actos individuales terminaría agotando el recurso de todos.

Captura de pantalla 2015-07-25 a la(s) 0.02.43Hoy participé de un interesante conversatorio acerca del futuro de nuestra ciudad. Buenos expositores, gente preparada y culta. Buenos asistentes, distintas personas desde diversos ámbitos. Todos entusiasmados con su visión de la ciudad y su forma de entender los problemas que las afectan. Sin embargo todos compartían algo en común, todos pensaban desde su parcela. Cada uno, hasta el más destacado y lúcido profesor de una universidad al realizar su exposición, aprovechaba de comunicarnos la falta de presupuesto de su casa de estudios (argumento que le he escuchado en cada ocasión a la que he asistido en conjunto con él).

Ahí fue cuando me acordé de la tragedia de los comunes. Lo que en mi opinión hizo trizas el pastizal común de los pastores fue la incapacidad de pensar más allá de su propio ombligo. Cada uno se asumió desde sí y fue incapaz de dialogar. De construir una verdad en común con los otros (dia logos: la razón entre dos). Y en este bello encuentro de buenas intenciones y sin duda de muy buenas personas aprecié lo mismo: una incapacidad de generar verdades comunes o si se quiere de pensar en plural.

Mientras yo crecía, cada vez que Chile jugaba había que sacar una calculadora, pues nunca podíamos ganar por nosotros mismo, siempre dependíamos de otros resultados. Esa calculadora la empezamos a llevar a cualquier instancia. Cada vez que alguien hace algo o propone una idea, pareciera que cada uno la saca para calcular “cómo voy ahí” o “cuánto espera ganar esta persona y cuánto dejo de ganar yo”. No solo somos egoístas, sino que también somos egoístas con calculadora. Nos encerramos en nuestra verdad y a la verdad del otro le hacemos todos los cálculos para no aceptarla. Al final no nos damos cuenta que lo que se nos está acabando es la ciudad.

Mi hija está creciendo en un Chile distinto, espero que en un Chile que está dejando la calculadora de lado y se arriesga a poner sus esfuerzos en el trabajo colectivo, antes que en la ganancia individual. Yo espero que sigamos conversando pero esta vez que pongamos más énfasis en escuchar que en decir, el diálogo se logra cuando construimos en conjunto verdades y no cuando pretendemos sumar verdades sin dejar de lado nuestro pequeño coto personal.

About rdiaz

Profesor de Filosofia, especialista en educación y por ahora trabajando en andradgogía.
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