Un viejo comunista

Ayer tuve una conversación muy buena y llena de sentido.

Cuando yo tenía 13 años, debido a la muerte de mi papá terminé estudiando en Santiago, en pleno centro a pasos de la Moneda. Eran los tiempos de la dictadura. En mi familia nunca se habló de política, un tío había sido relegado y el miedo se comió la conversa familiar. Yo tenía mis dramas. Un nortino perdido en santiago, triste por la partida del padre, que de pronto es golpeado por un carabinero con escudo y casco, porque justo había una protesta frente a la Moneda. Mi formación ignaciana me ayudó a descubrir la historia oculta: los desaparecidos, los relegados, las protestas, las palabras del cardenal Silva, las conversas con el Padre Lorenzo, un cura obrero francés que llego a Chile con André Jralan y Pierre Dubois. Luego fue mi trabajo en la capilla, en la Villa O´Higgins, junto a la ayuda fraterna, al grupo juvenil, las visitas a la vicaría. Todo eso fue culminado con mis años con las comunidades mapuches.

Mi adolescencia fue un despertar de la ingenuidad, dejar de lado el temor y adentrarse en el compromiso. Tuve grandes maestros, peor uno me marcó mucho más. Victor fue el señor que nos alojó con mi hermano en su casa cuando  turismo que quedarnos viviendo solos allá. Y el fue un segundo padre que la vid ame regaló. Un hombre consciente, alegre, comprometido. Con él íbamos a repartir fonolas cuando el temporal arreciaba, con él conocí a Victor Jara, con el conversábamos de madrugada sobre la vida y las injusticias que ocurrían.

Por eso la batalla por la democracia nunca fue algo ajeno, s e fue grabando a pulso con cada experiencia, con cada vivencia. Ese 5 de octubre, fue una  noche de temor, de duda, finalmente de mucha alegría. Recuerdo con mucho entusiasmo cuando caminábamos por la alameda celebrando, “con un lápiz le ganamos a un fusil” leí en un cartel. Vi personas abrazando carabineros y todos celebraban el regreso a la democracia.

En ese momento nadie sabía lo que ocurriría, como unos pocos se apoderarían de la alegría y la venderían en cómodas cuotas. Pero tapono nadie pensaba que con los años el individualismo nos tomaría por sorpresa y crecería tanto la apatía política. Nadie se dio cuenta que al final todos éramos hijos de un proceso sistemático y constante de asesinato de la civilidad.

Hoy todos desconfían de todos. Nadie se compromete con nadie. Muchos cada vez que hacen algo buscan su beneficio personal. Y los que lo hacen de verdad, son incapaces de reconocer que hay otros iguales y no se unen. Nos mataron los sueños y nadie escuchó el grito lastimero. Hoy tenemos un clientelismo que reduce a las personas a ser meros receptores de migajas, personas que venden su voluntad por un puestito de trabajo o por una cuota para mantener su junta vecinal, cuando podríamos tener el cielo entre todos si fuéramos mas justo y menos individualistas. Debemos dejar de sacarnos los ojos y de mirar las cosas con calculadora. A veces simplemente las acciones no tiene más intención que hacer lo que representan.

Por eso cuando de repente alguien que no conoces te llama para conversar y te das cuenta que hay muchas más cosas que nos unen, de las que nos separan, uno descubre que sí hay esperanza y que sí quedan sueños por los cuales seguir adelante. Creo que eso nos hace falta, sentarnos a conversar, sacarnos las máscaras y entender que somos iguales. Por supuesto que seguirán existiendo algunos que pondrán su beneficio personal por sobre el colectivo, pero tengo la certeza que somos más los que tenemos un sueño común por construir.

La conversa fue larga, el tiempo corto. Finalmente se despidió y me dio la mano y un regalo: “Esto va para darle las gracias a ustedes. Ustedes pudieron levantar a las personas, sacarlas de su individualismo y nos permitieron volver a soñar”.

En tiempos como el nuestro, “cuando ya nada nos sorprende”, “cuando nos curamos de espanto”, es preciso recuperar el verso, la guitarra, las conversaciones. Descubrir que lo que importa son las personas, los proyectos comunes, el bienestar de todos y no de unos pocos. Y con todo seguir soñando.

Gracias por la conversa, también me permite seguir soñando.

 

About rdiaz

Profesor de Filosofia, especialista en educación y por ahora trabajando en andradgogía.
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