¿Deseos o Compromisos?

A fin de año solemos hacer repaso de nuestras acciones y de que tan bien o mal nos fue. Algunos suelen pensar que todo esto se debe a la suerte, los astros o las condiciones que nos tocan vivir. Yo estoy en la vereda contraria. Para mi lo bueno y lo malo no tiene que ver con lo que nos pasa, sino con como reaccionamos y decidimos frente a lo que nos ocurre. Por tanto la evaluación para mi no es sobre lo que nos pasó, sino sombre lo que decidimos.

Por ello es que no creo en los deseos, sino en los compromisos. Si al revisar tu año no eres capaz de reconocer qué puedes mejorar de tus decisiones ni tampoco eres capaz de advertir que se puede fortalecer, de poco habrá servido todo lo vivido.

El tema no es ser exitoso o estar siempre alegre. El real tema es aprender a tener la actitud adecuada para enfrentar lo que se viene. El tema es por tanto asumir compromisos con tu historia, tu contexto, tus cercanos, para que se aprecien buenas decisiones que mejoren a todos. Los deseos solo son ideas al viento, pero los compromisos, ah! Los compromisos son acciones concretas por desarrollar.

Fue un año complejo.

Con un gran equipo de personas decidimos lanzar una alternativa al municipio, desde la ciudadanía. Partimos de cero y logramos concitar la adhesión de miles de personas. Hicimos una campaña con propuestas, no caímos en las descalificaciones sucias, denunciamos lo que había que denunciar y propusimos soluciones a nuestros problemas. No ganamos pero logramos posicionar con fuerza nuestras ideas. Al final mi sensación es que hay que elevar los discursos: la política debería ser capaz de convocar a los ciudadanos y no alejarlos, en la calle sentí que la gente está cansada de la dualidad derechas e izquierdas, sobretodo porque ven que los “políticos” solo se benefician ellos y dejan los problemas reales de lado, quien sea capaz de concretar con el descontento ciudadano que solo provoca apatía, podrá hacer un bien en la ciudad.

Lamentablemente las viejas prácticas del descrédito y la falta de ideas y solo las descalificaciones sigue siendo la tónica. La ciudad no mejorará sino cambia la forma tradicional de hacer política. Y en esa forma tradicional debemos entender que ninguno de nosotros puede plantearse como el poseedor de la verdad, de modo tal que lo convierta en el juez capaz de juzgar quien puede o no puede estar en el equipo. Yo creo que hay que ser capaz de reunir a todos los que se sienten postergados y excluidos de los beneficios de este país y poner etiquetas antes de tiempo solo daña y debilita el propio discurso.

Por otro lado debo pedir disculpas. Terminada la campaña me desaparecí y muchos han preguntado que ocurrió. La ausencia hizo que los amigos de la vieja política se aprovecharan de hablar de crisis y líos en RD , en Unidos y tratar de menoscabar nuestro trabajo. Pero la historia es otra. Durante al campaña como familia nos tocó vivir momentos difíciles. El cáncer de nuevo nos visitó y esta vez mi suegro se nos fue. Comprenderán que no había tiempo ni ánimo para politiquear. Pero pido disculpas a todos los que no sabían y esperaban alguna respuesta.

Sin embargo al sensación de que aún se puede hacer más por la ciudad sigue presente. En lo más personal me sigue preocupando el cáncer y las altas tasas de esa enfermedad que tenemos en la región. Mi sensación es que mientras los políticos siguen peleando entre sí, en el norte seguimos siendo sacrificados para mantener la economía del país. Tenemos grandes déficit en educación y no solo pública, al parecer vivir en Antofagasta brinda menos oportunidades de desarrollo a nuestros jóvenes. La falta de trabajos sigue en aumento, al ser una sociedad que solo depende del extractivismo nos pasa la cuenta. Nuestra ciudad tiene desafíos en lo esencial y nuestros políticos no dan el ancho para tales problemas. Por eso sigo creyendo que hay que convocar a las personas ,a los de a pie, para dar soluciones. Las próximas batallas no son entre derecha e izquierda, sino entre los privilegiados de siempre y los miles y miles de excluidos que aun no son escuchados.

Por eso el compromiso (y no el deseo) es articular conversaciones, conversaciones que incluyan, que congreguen, que unan y que no dividan. Somos tan pocos en nuestra región que da lástima tanta división. Hay que poner los temas centrales en el tapete y descubrir que ante los desafíos se requiere unidad y sentido de equipo. Los caudillos que se queden en la casa, acá importa la ciudad no el apellido.

Así es que la termino del año, solo resta pedir perdón a quienes fallé, cambiar aquellas conductas que generan divisiones y comprometerse a hacer mejor las cosas. La vida es una y de nuestras decisiones depende como se viva.

About rdiaz

Profesor de Filosofia, especialista en educación y por ahora trabajando en andradgogía.
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