Por amor… Satisfaction!

¿Ves ese video? Estuve ahí y no fue bonito.
Resulta que la Claudia es fanática de The Rolling Stones. Pero sus gustos no son usuales. Suele coleccionar los vinilos de los Rollings o comprar libros con fotografías y anécdotas de la banda. Regalarle un vinilo no es fácil. ¡No se te vaya a ocurrir regalarle esos vinilos de supermercado que han sido remasterizados e impresos en la última década! No, a ella hay que regalarle las primeras impresiones, aquellos que salieron con los sellos DECCA o LONDON RECORDS, y con suerte te acepta un ABKCO. He tenido que aprender mucho sobre impresiones y códigos de los vinilos para buscar el regalo y con suerte más de una primera impresión he logrado pillar por ahí (Aún no logro comprar el de MONA, los entendidos sabrán).
Así es que entenderán que si la banda anuncia viaje y concierto en Chile había que ir. En esta ocasión no podía argumentar diciendo que “pa`la próxima vamos”, sobretodo considerando la edad de los integrantes de grupo. Así que tuve que preparar todo, pasajes, boletos, horarios y embarcarme al concierto.
Los conciertos siempre tienen una dinámica propia. Primero están los amigos que te haces en la fila al estadio. Todos alegres, compañeros, solidarios en el gusto. Estar al sol horas para que abran las puertas genera ese cariño y camadería que solo el sudor conjunto logra impregnar.
Sin embargo todo eso termina al momento de abrirse las puertas. Ahí la cosa cambia. Ese amigo con quien prometiste juntarte a la salida, es tu mayor enemigo al momento de tratar de conseguir el mejor lugar para mirar el concierto. Esto es la guerra. Debes correr, estar pendiente de los pasos de los otros, esquivar a los guardias y aferrarte con todas tus fuerzas a la reja que te separa de tu artista. De ahí nadie debe moverte.
Luego viene la espera. Todos apretados, expectantes, ansiosos. Algunos hablan de cuál es el mejor tema de los Rollings. Los que como yo, estamos solo acompañando, pretenden participar de la discusión diciendo “Satisfaction”, las miradas despectivas de los que saben llegan con furia y se voltean para seguir discutiendo sobre los instrumentos orientales usados en “Paint It, Black” o de la inspiración en Boudelaire para escribir “Sympathy for the devil”. Y en esa estaba la Claudia conversando con unos viejos también fanáticos. Mientras yo seguía descubriendo que aún me quedaba sudor en el cuerpo y añoraba con ansias el agua que te habían obligado a botar en la entrada.
En un momento, la cosa se puso fea. De pronto un guatón gigante, de al menos un metro ochenta o más, usaba toda su humanidad para abrirse camino hasta donde estábamos. Empujando a todos. A garabato limpio haciéndose entender. Llegó hasta frente a nosotros y ahí fue interpelado por la Claudia. Los grandes amigos de la Claudia , con quienes conversaba de los Rollings se apartaron y ahí sentí la mirada de ella: “¡Haz algo!”. Desde que levanté el movimiento ambiental que a veces siento que la Claudia aumentó su confianza en mí. Sin embargo es demasiada la confianza. O sea estábamos hablando de un guatón gigante de metro ochenta y fácil sus 105 kilos, versus mi metrosesenta y 78 kilos de humanidad. Pero nobleza obliga: “¡qué te creís guatón…!” dije con fuerza y me preparé para recibir el puñete en la cara.
Estaba en eso cuando se apagaron las luces y aparecieron los Tres en el escenario. ¡Por Dios que nunca había querido con tanto cariño a la banda chilena!
Todo era pura felicidad, las canciones, el sudor y un público feliz. ¡Y aparecieron los Rolling! ¡Qué manera de ser buenos músicos! Un espectáculo tremendo. Se notaba como Keith Richards gozaba cada nota en el escenario. Mick Jagger corría por todo el escenario y se acercaba a nosotros pues estábamos al lado de esa plataforma que extendía al escenario (si miras el video es por donde camina mientras canta). La vitalidad de Mick es impresionante, corre, canta, baila y cuando una mujer le mostró se levanta la polera para mostrar dar a Mick una panorámica de su busto, él se volvió a todos nosotros y se levantó la polera. ¡Nunca había visto una guata tan arrugada!, las carcajadas entre todos abundaron, hasta el guatón se mató de la risa.
La Claudia estaba feliz, lo bailaba todo, se sabía todas las canciones y las cantaba. Yo ahí estoico, mirando de reojo al guatón que se había sacado la polera y que bailaba frente a mí. Ya llevábamos casi dos horas y comienza el acorde de “Satisfaction!”.
No fue bonito…
Hay un momento en el concierto que ya la masa te mueve. La Claudia estaba firme a la reja, en cambio yo era una onda más en esa masa humana que de inmediato comenzó a saltar. Me empecé a mover, a avanzar peligrosamente cerca del guatón gigante que sudado tenía la polera en su mano y cantaba feliz. Era inevitable. La masa se movía de manera irrefrenable llevándome paulatinamente hacia la espalda del guatón, contra la cual chocó mi cara (tal como Ben Stiller choca en el partido de basket de “mi novia Polly”). Y así fue como mientras asqueado escuchaba “i can´t get no satifaction!” la Claudia era feliz.
El amor tiene formas extrañas de manifestarse y si ese acto no es prueba de ello, no sé que lo es.
¡Feliz día de los enamorados!!!.

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About rdiaz

Profesor de Filosofia, especialista en educación y por ahora trabajando en andradgogía.
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