Eneas o cómo caminar al futuro.

Con mi director académico estuvimos escribiendo en conjunto un discurso, que se utilizaría con los alumnos de la Universidad Santo Tomás en su titulación. En esa ocasión Jorge (así se llama mi jefe) me recordó la figura de ENEAS escapando de Troya.  Aproveché de releer el texto de Virgilio y con esa idea en mente nos dedicamos escribir el siguiente etxto que hoy dedicamos atodos los titulados:

Estimados alumnos:

 Hace unos años ustedes realizaron un acto de confianza especial en la vida de cada uno de ustedes. Ante la disyuntiva de tener que estudiar en la universidad ustedes nos prefirieron. En aquellos años éramos una institución nueva en nuestra región y vuestra elección por tanto se ejecutó en un acto de confianza, un acto de esperanza en que nosotros fuésemos capaces de otorgarles la mejor educación posible.

 Toda confianza se orienta hacia algo incierto, algo acerca de lo cual no tenemos plena certeza. Así al  menos era en ese momento. La palabra confianza tiene su raíz en la Fe, es manifestar la fe en otros, con otros.

 Hoy pueden tener en sus manos, en su mente y alma, la certeza que hemos cumplido. Ustedes han sido testigos de ello. Fueron muchas las instituciones que llegaron en ese momento, prometiendo lo mismo que nosotros. Sin embrago hoy somos una de las pocas instituciones que ha ido ganando más y más prestigio, posicionándonos como una de las mejores.

 Prueba de ello es la acreditación institucional que nos respalda y también la acreditación de las carreras de Pedagogía y del Área de salud, logrando estas certificaciones antes que las mismas universidades tradicionales de la ciudad. Pero eso no es todo, en nuestro accionar hemos ido desarrollando cada vez más actividades en estrecha vinculación con nuestro entorno, de forma tal que ya estamos siendo reconocidos no solo como una universidad de gran calidad sino también al servicio de las necesidades de la región.

 Hoy la confianza está fundada. Sin embargo, al momento de realizar esta titulación, quien debe confiar es su Universidad. Hoy nosotros estamos llamados a tener que confiar en ustedes. Verán, muchos de ustedes son parte de la primera o segunda generación de egresados de su carrera, gran parte del prestigio de nuestra universidad está en vuestras manos. A través de ustedes nos van a evaluar y juzgar. Por ello confiamos en que sabrán dar lo mejor de sí, pero no por lo que digan de ustedes y de nosotros, sino por lo que ocurra con las personas a las que servirán.

 Así es la educación, una apuesta, un proceso continuo de formación. Por ello en este día quisiera evocar junto a  ustedes un viejo relato, de Virgilio, respecto de la Eneida. En dicha obra se nos cuenta la vida del príncipe Eneas en su viaje desde la desolada Troya hasta Italia y como logra fundar el nuevo imperio Romano. Al iniciar su relato, Eneas nos narra cómo cae la ciudad de Troya a manos de los Aqueos. Mientras la ciudad es zaqueada, Eneas debe convencer a su padre que debe huir y que debe crear un nuevo futuro. El hombre a regañadientes es convencido y es así como Eneas toma en sus hombros  a su padre Anquises y de la mano a su Hijo Ascanio. Como ha estado combatiendo y sus manos están impuras con la sangre de la batalla,  le pide a su padre[1] que se lleve los Patrios Penates, que corresponden a los objetos sagrados de las  familias que representan a sus dioses y al Hijo le pide que sostenga entre sus manos el Sagrado Fuego Familiar. De esta forma escapa Eneas  a un futuro incierto.

 Quiero, estimados  jóvenes que contemplen esta imagen. Ahora ustedes son Eneas y van camino a una nueva patria: vuestro futuro. Por ello deben caminar como lo hiciera en esa ocasión Eneas: con el legado de vuestra formación en las espaldas y la esperanza de un buen futuro en vuestras manos.  

 Sepan Jóvenes que no sólo llevan sus años de formación y la experiencia ganada, también se van con ustedes las palabras de aliento, los consejos de sus buenos profesores y los valores y principios que nos destacan sobre los demás. Sólo esos principios valóricos le darán a tu quehacer un valor extra que te convertirá en alguien digno de admiración. Debes mirar a los grandes y seguir su ejemplo, si te fijas Eneas en su prisa no piensa en llevar víveres ni abrigo para el viaje que se aproxima, antes bien pide a su padre llevar consigo a sus dioses, a sus principios. Son nuestras creencias más profundas, nuestros principios y nuestros valores los únicos que nos protegerán de la incertidumbre del futuro.

 Pero también quiero que presten atención a Ascanio, el hijo que lleva de la mano y que porta el fuego familiar. Él representa la esperanza de lo que está por venir. Ustedes también tienen mucho por lo cual estar esperanzados. Sepan que hemos dado lo mejor de nosotros en pos de vuestra formación. No se van con las manos vacías, llevan también consigo nuestros logros y éxitos, nuestro respaldo. Tiene todo el futuro en vuestras manos.

 Por ello quiero recordarte esas dos palabras que han acompañado todo este viaje por tu vida universitaria: Tú Puedes.

 Ahora TÚ PUEDES por fin desarrollarte profesionalmente en el área que más te agrada y hacer realidad tus sueños. Porque has terminado en forma exitosa esta etapa y ya estás capacitado con las competencias necesarias para desempeñarte como un profesional de excelencia.

 Ahora TÚ PUEDES empezar a construir tu propia familia y saberte capaz de ir dejando desde ya tu propio legado y tu propia impronta a través de tus hijos. Porque el futuro que te aguarda no es solo profesional, sino que  también vocacional. Estás llamado a vivir tu vida en forma plena y a descubrir en el amor con tus seres queridos la oportunidad de servir también a tu país.

 Ahora TÚ PUEDES empezar a servir con alegría y responsabilidad a todos aquellos que requieran de tu profesionalismo. Has de saber que el verdadero éxito no está en lo que pudiste ganar sino en aquellos que efectivamente pudiste ayudar con tus acciones.

 Por ello, en este día, en esta despedida, solo me resta citar al poeta latino, quien pone en boca de Eneas las palabras “Possunt quia posse videntur.” “Sólo pueden los que creen que pueden”. Y tú mi amigo, mi estimado titulado, estás entre los que saben que pueden.

 Muchas Gracias.  


[1] Libro II. (710) “Vamos entonces, padre querido, súbete a mis hombros,

que yo te llevaré sobre mi espalda y no me pesará esta carga;

pase lo que pase, uno y común será el peligro,

para ambos una será la salvación. Venga conmigo

el pequeño Julo y siga detrás nuestros pasos mi esposa.

Y vosotros, mis siervos, prestad atención a cuanto diga.

A la salida de la ciudad hay un túmulo y un viejísimo templo

abandonado de Ceres y a su lado un antiguo ciprés

(715) que la piedad de nuestros padres guardó muchos años

Cada uno por su lado llegaremos todos a ese mismo lugar.

Tú toma, padre, los objetos de culto y los patrios Penates;

yo no puedo tocarlos saliendo de guerra tan grande

y de la reciente matanza, hasta que me purifique

el agua viva de un río.”

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