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Octubre 22, 2005
Descartes: una verdad para fundar la modernidad.
René Descartes es considerado de forma casi irrefutable como el padre de la modernidad. En él se visualiza (quizás sería mejor sostener que en él se logra cristalizar un anhelo ya enunciado desde el siglo XIV) la necesidad de una renovación filosófica.Al inicio de sus Meditaciones Metafísicas nos dice:
“He advertido hace ya algún tiempo que, desde mi más temprana edad, había admitido como verdaderas muchas opiniones falsas, y que lo edificado después sobre cimientos tan poco sólidos tenía que ser por fuerza muy dudoso e incierto; de suerte que me era preciso emprender seriamente, una vez en la vida, la tarea de deshacerme de todas las opiniones a las que hasta entonces había dado crédito, y empezar todo de nuevo desde los fundamentos, si quería establecer algo firme y constante en las ciencias”[1]
En efecto, en él se aprecia la búsqueda de un nuevo método del filosofar, que pueda quitarse las rígidas concepciones aristotélico-tomistas y que permita una reflexión que incorpore la aplicación del método matemático. Sin embargo, a pesar de sostener una postura revisionista, la intención de Descartes sigue siendo de estilo clásica: pues sigue buscando un conocimiento permanente y sólido sobre el cual fundar y unificar todo el conocimiento científico que se está propagando.
En tal sentido se hace difícil catalogar a Descartes en una época u otra de la historia. Pues tal como nos lo muestra su biografía él pertenece a la vieja formación escolástica, en la cual se instruye y a la vez aprende a dudar, pero además es un hombre que se maravilla ante las capacidades de razonamiento de las matemáticas, en especial la geometría. Es sin duda un hombre que vive en una época de profundos cambios y que tiene el difícil papel de interpretarlos y comprenderlos.
EL HOMBRE.
Descartes nace el 31 de marzo de 1596, en un pequeño pueblo de Turena, La Haye, en el seno de una familia que pertenecía a la baja nobleza. Su madre fallece al año de haber nacido y su padre, un magistrado del Tribunal superior de Bretaña en Rennes, se encarga de darle la mejor educación posible. Desde 1604 y hasta 1614 estudia en el colegio jesuita de la Flèche en Anjou, en donde aprende lógica, ética, metafísica, historia, ciencias y literatura. Gran impacto provocan en él el álgebra y geometría, las que profundiza en estudios personales "debido a la certidumbre de sus pruebas". Prosiguió sus estudios en la Universidad de Poitiers, donde cursó las materias de derecho. En cuanto recibió su diploma, "abandonó del todo el estudio de las letras y resolvió no aspirar ya a ninguna otra ciencia que no fuera el conocimiento de sí mismo o de los grandes libros del mundo". En 1616 se graduó en derecho por la universidad de Poitiers. Sin embargo, no se encontraba realmente satisfecho de la enseñanza que había recibido. Descartes se interesó pronto por las matemáticas, única disciplina que puede considerarse un "auténtico saber" porque es la única que nos aporta "certeza" o imposibilidad de dudar.
La Europa del siglo XVII es un territorio de constantes disputas. Gran parte de ello se deben a las grandes diferencias religiosas que venían desde la Reforma y que desde la Paz de Augsburgo se traducían también en conflictos de orden político-económico. Crece por tanto un afán por oponerse al Imperio de los Habsburgo. En todo el continente aparecen guerras civiles e internacionales entre potencias católicas y protestantes que darán inicio a la guerra de los Treinta Años.
Rene Descartes, aprovechando las circunstancias de la guerra, en 1618 se alista en el ejército del príncipe Mauricio de Nassau, hijo de Guillermo el mudo, en Holanda. Sin embargo, su actuación es más como ingeniero militar que como soldado. De hecho no se encuentra en el frente de batalla, sino que es enviado al poblado de Breda, en donde conoce a Isaac Beeckman, uno de los más grandes matemáticos y doctores de Holanda. Gracias a esta amistad y las influencias de Beeckman, Descartes se especializa en sus estudios en geometría fundando una nueva forma de estudiarla: la geometría analítica[2].
Desde 1620 hasta 1629 Descartes se retira del ejército más movido por el afán de conocer y de perfeccionar la manera de encarar el conocimiento filosófico. Su afán es despojarla de la prisión del ser en el cual se hallaba y poder encontrar un método que permita reflexionar con certeza igual a la de las matemáticas. Debemos señalar que en lo intelectual el panorama europeo es interesante. Galileo ya comenzaba a realizar aportes en la observación de los astros al crear en 1610 su telescopio. Hacia 1615 William Harvey descubre la circulación de la sangre y en 1620 aparece el primer microscopio. De esta forma, comienza a aparecer una nueva forma de investigar basada no tanto en los argumentos de autoridad metafísicos, sino más bien en la observación y la experiencia.
Hacia 1928 Descartes se retira a Holanda, lugar que se convirtió en el refugio de numerosos filósofos y científicos debido a su tolerancia. En esta misma época termina su obra fundamental "Regulae ad directionem ingenii" (Reglas para la dirección del espíritu) que, escritas en latín, se publicarán después de su muerte. Esta obra plasma su intención de crear una ciencia universal de carácter matemático. Pero también se subrayan los aspectos metodológicos de su pensamiento.
En 1633-4 escribe su "Tratado del Mundo" obra que no se atreve a publicar debido a lo acontecido con el juicio a Galileo[3], puesto que su tratado contenía también tesis heliocentristas, así como afirmaciones sobre el movimiento de la tierra. En una carta personal a Marino Merssene[4] señala: “Me ha sorprendido de tal manera que he estado a punto de quemar todos mis papeles (…) Confieso que si el movimiento de la Tierra es falso todos los fundamentos de mi filosofía lo son también, ya que se demuestra a partir de ellos la evidencia, y se encuentra de tal modo ensamblado con todas las partes de mi «Tratado» que no podría eliminarlo sin convertir en defectuoso todo el resto”.
Descartes mantuvo siempre una postura conciliadora y precavida que evitó el enfrentamiento con la Iglesia. Quizás también porque pretendía no quedar fuera de los círculos "oficiales", puesto que su intención fue ser considerado dentro d el aformación de os jóvenes de u época. Sin embargo eso no quita la ambigüedad con la que se refiere a las posturas geocéntricas o a los fundamentos del aristotelismo. En 1937 publicó el "Discurso del método" acompañada de tres pequeños tratados: "La Dióptrica", "Los Meteoros" y "La Geometría", escritos en francés, lo cual suponía una novedad y un intento de que su obra se extendiera entre los círculos menos dogmáticos y academicistas.
En 1641 aparecen en París sus "Meditationes de prima philosophia", considerada, junto con las Regulae, la obra fundamental de Descartes, también escrita en latín. Las Meditaciones se publicaron pronto al francés junto con un grupo de objeciones de algunos autores de la época (Hobbes, Arnauld y Gassendi) frente a las cuales el mismo Descartes se hacía cargo.
Descartes no se librará de los ataques eclesiásticos. En 1644 publica su obra “Principia philosophiae” (Principios de la filosofía), que dedica a la princesa Isabel de Bohemia[5] y que se presenta en forma de libro de texto. En este texto intenta realizar un compendio de su filosofía, puesto que divide esta obra en cuatro partes: filosofía, “principios de cosas materiales”, sobre “el mundo visible” y sobre “la tierra”.
En 1649 Descartes es invitado por la reina de Suecia a Estocolmo con el fin de instruirla en su filosofía. Al partir deja su obra "Las pasiones del alma" en la imprenta. En este escrito desarrolla uno de los temas que más interesaban a la princesa Isabel: el tema de las pasiones y la relación entre el alma y el cuerpo.
En Suecia Descartes se encontraba solo y atareado en algunas cuestiones enojosas, como la elaboración de unos poemas para un ballet conmemorativo de la Paz de Westfalia, que acababa por fin con la guerra de Treinta Años . El 11 de febrero de 1650 muere Descartes de una neumonía. El duro invierno sueco así como el hábito de la reina de reunirse con él en la biblioteca a las cinco de la mañana, mellaron la salud de nuestro filósofo, que estaba acostumbrado a una vida más reposada: Descartes pasaba muchas horas reflexionando y escribiendo en la cama hasta las once de la mañana.
Enterrado en Estocolmo, su cuerpo fue trasladado a París en 1666.
EL COGITO.
El método cartesiano venía de la impresión que generaron en él las matemáticas. Desde esta perspectiva adopta como criterio de verdad no la adecuación mental de las cosas o de las substancias, sino que más bien prefiere centrarse en las cualidades que presentan los conceptos o las ideas. De esta forma se cambia de una verdad ontológica a una verdad gnoseológica, sustentada en el concepto de evidencia.
Algo es evidente si es claro y distinto. Esto es si tenemos la intuición de la idea de un modo directo, que nos impida toda posibilidad de cuestionar tal conocimiento. La verdad entonces es una cualidad inmanente de nuestro espíritu que es capaz de pensar ciertas ideas, entendiendo cada elemento que la conforma (=claridad) y sin confundir a esta idea con otra posible, de modo que sólo captamos a la idea en sí (=distinción).
Desde esta perspectiva, en Descartes apreciamos que su concepto de verdad manifiesta en sí misma un acto de la voluntad, puesto que si un concepto se nos presenta como algo claro y distinto, su sola presencia ha de llevarnos a un asentimiento inmediato del mismo.
¿Qué idea será capaz de provocar en nosotros tal movimiento del alma? Existirá algo que se nos dé con tal evidencia. Lo que debemos hacer es dudar de todo aquel conocimiento que no nos dé esta evidencia y quedarnos sólo con una verdad que sea del todo indudable y cierta. Veamos lo que descubre Descartes:
«Deseando yo en esta ocasión tan sólo buscar la verdad, pensé que debía (…) rechazar como absolutamente falso todo aquello en que pudiera imaginar la menor duda, para ver si, después de hecho esto, no me quedaba en mis creencias algo que fuera enteramente indudable. Así, puesto que los sentidos nos engañan a veces quise suponer que no hay cosa alguna que sea tal como ellos nos la hacen imaginar. Y como hay hombres que se equivocan al razonar, aun acerca de las más sencillas cuestiones de geometría y cometen paralogismos, juzgué que estaba yo tan expuesto a errar como cualquier otro, y rechacé como falsos todos los razonamientos había tomado por demostraciones. Finalmente considerando que los mismos pensamientos que tenemos estando despiertos pueden también ocurrírsenos estando dormidos, sin que en tal caso sea verdadero ninguno, resolví fingir que todas las cosas que hasta entonces habían entrado en mi espíritu no eran más ciertas que las ilusiones de mis sueños. Pero advertí en seguida que, aun queriendo pensar, de este modo que todo es falso, era necesario que yo que lo pensaba, fuese alguna cosa. Y al advertir que esta verdad -pienso, luego soy (cogito, ergo sum; je pense, donc je suis)- era tan firme y segura que las suposiciones más extravagantes de los escépticos no eran capaces de conmoverla juzgué que podía aceptarla sin escrúpulos como el primer principio de la filosofía que buscaba» (Discurso del método, 4)
De la duda de todo lo que existe, en realidad, de todo concepto que hay en nuestra mente, Descartes sólo puede afirmar que si duda, está pensando y si está pensando entonces existe. Pienso, por tanto existo, se convierte en la mayor contribución al pensar moderno. Puesto que a partir de esta verdad Descartes intenta fundar el conocimiento unificado de la ciencia. Sin embargo, ya lo detallarán mis colegas, es esta una verdad del todo subjetiva.
Es cierto que Descartes no es escéptico. Su duda metódica no tiene la intencionalidad de destruir todo el conocimiento, sino todo lo contrario, posibilitar un conocimiento más cierto y seguro. Sin embargo, es preciso señalar que el concepto en el cual pretende funda todo el saber no es más que la certeza del propio pensar. Y en tal sentido tiene sentido preguntar a Descartes si lo que ha demostrado ha sido la certeza de la propia conciencia o si tan sólo ha expresado de una forma inteligente la creencia de que sólo la razón nos permite conocer.
En tal sentido es interesante reflexionar sobre el sentido que ha tenido el Cogito[6] Cartesiano como fundamento de todo conocimiento. De otra forma, no podremos comprender el sentido que tendrá la búsqueda intelectual que Descartes grafica con su vida.
¿Cogito o res cogitans?
Sigue habiendo cándidos observadores de sí mismos que creen que existen "certezas inmediatas", por ejemplo yo pienso (…) como si aquí, por así decirlo, el conocer lograse captar su objeto de manera pura y desnuda, en cuanto "cosa en sí", y ni por parte del sujeto ni por parte del objeto tuviese lugar ningún falseamiento [...]. Aunque el pueblo crea que conocer es un conocer-hasta-el-final, el filósofo tiene que decirse: "cuando yo analizo el proceso expresado en la proposición yo pienso obtengo una serie de aseveraciones temerarias cuya fundamentación resulta difícil, y tal vez imposible -por ejemplo, que yo soy quien piensa, que tiene que existir en absoluto algo que piensa, que pensar es una actividad y el efecto de un ser que es pensado como causa que existe un "yo" y, finalmente, que está establecido qué es lo que hay que designar con la palabra "pensar" -que yo sé qué es pensar [...]. El que, invocando una especie de intuición del conocimiento, se atreve a responder en seguida a esas cuestiones metafísicas, como hace quien dice: "yo pienso, y yo sé que al menos esto es verdadero, real, cierto" –ése encontrará preparados hoy en un filósofo una sonrisa y dos signos de interrogación. “Señor mío, le dará tal vez a entender el filósofo, es inverosímil que usted no se equivoque: mas ¿por qué también la verdad a toda costa?"-». [7]
La crítica que plantea Nietzsche ya había sido planteada con anterioridad a Descartes. Es cierto que el cogito se refiere a los procesos del pensar entre los cuales se identifica el dudar. En tal sentido cuando ejercemos cualquier facultad racional nuestra, independiente del dato de nuestro cuerpo (que ya ha sido negado como fuente de conocimiento cierto por Descartes), estamos reconociendo la presencia de la conciencia. El cogito es una certeza de tipo sicológica al reconocer nuestra conciencia como fuente de todo conocimiento y desde ella como inicio de un conocer cierto e indudable. Sin embrago cabe preguntarse si basta con esta certeza sicológica para afirmar la certeza existencial.
¿Basta con dudar para afirmar que YO estoy dudando? Es cierto que aparece una intuición evidente de los procesos sicológicos. Pero esto asegura que exista una unidad previa que aglutine estos procesos mentales y que podamos plantear como un Yo, como una conciencia que duda. ¿Cómo se pasa del constatar un acto a afirmar la existencia de una sustancia?
Esto aparece de un modo claro en la expresión francesa del cogito: “ je pense, donc je suis”. Se afirma en la premisa YO pienso y luego se concluye YO existo. Pero antes sólo se ha constatado el proceso de dudar, no la existencia de un YO previo que está dudando. Es más, de alguna forma Descartes, en sus meditaciones metafísicas termina cosificando los actos de la conciencia, cuando define a la persona como una cosa que piensa:
Cierto que hay no sé qué engañador todopoderoso y astutísimo, que emplea toda su industria en burlarme. Pero entonces no cabe duda de que, si me engaña, es que yo soy; y, engáñeme cuanto quiera, nunca podrá hacer que yo no sea nada, mientras yo esté pensando que soy algo. De manera que, tras pensarlo bien y examinarlo todo cuidadosamente, resulta que es preciso concluir y dar como cosa cierta que esta proposición: “yo soy”, “yo existo”, es necesariamente verdadera, cuantas veces la pronuncio o la concibo en mi espíritu. (…)
¿Qué soy, entonces? Una cosa que piensa. Y ¿qué es una cosa que piensa? Es una cosa que duda, que entiende, que afirma, que niega, que quiere, que no quiere, que imagina también, y que siente.[8]
El problema es cómo ha logrado plantear Descartes que desde la constatación del proceso del pensar se sigue la cosificación de estos procesos en un YO, o planteado de otra forma, cómo se afirma la existencia a partir del dato del pensar.
Gassendi plantea en sus críticas a Descartes el hecho que él intenta deducir del dato de la razón la existencia.
“Es verdad, que conocéis que pensáis, pero no sabéis qué especie de substancia sois. Por lo tanto, aunque os sea conocida la operación del pensamiento, desconocéis lo principal de vuestra esencia, ignorando cual es la naturaleza de esa substancia, de la que el acto de pensar es una de las operaciones. En esto os parecéis al ciego que, al sentir el calor de los rayos solares y sabiendo que lo causa el sol creyera que tenía la idea clara y distinta de lo que es ese astro, porque si le preguntaban qué es el sol, podía responder: «Es una cosa que calienta».”[9]
En tal sentido se plantea una definición de la frase cogito ergo sum, como una relación causal de tipo existencial. De esta forma la frase quedaría reducida a un “PIENSO LUEGO EXISTO”. Si lo tomamos de esta forma se entiende que hay una relación de tipo temporal entre el acto de pensar y la existencia de algo que está pensando. Sin embargo al parecer en Descarte no existe esta intencionalidad.
Los escolásticos también criticaron la postura cartesiana el intentar atribuir en el cogito cartesiano elementos propios de la escolástica. Según ellos, hay en esta afirmación una premisa mayor oculta que debería ser: “Todo lo que piensa, existe”, de tal forma que se puede apreciar entonces un orden perfectamente lógico al cogito:
“Todo lo que piensa, existe”
“Yo pienso”
“Luego (=se concluye que), yo soy o existo”
El problema de esta interpretación es que se vuelve a un esquema ontológico una verdad que pretende convertirse en evidencia y no en dato. Al parecer los escolásticos ven en esta frase la aseveración “PIENSO PORQUE SOY”. Insistiendo en el dato del ser por sobre el pensar, volviendo a un realismo sensible que está lejos de lo que Descartes buscaba.
Ya lo hemos dicho la existencia del cogito se toma como una evidencia y en tal sentido es una intuición, no una demostración. Al parecer lo correcto sería expresar junto a Descartes “YO PIENSO, YO EXISTO”, de un modo inmediato no secuencial.
Lo primero es entender que la intencionalidad de Descartes es despojar de toda sensibilidad a las verdades. Su intencionalidad es encontrar conocimientos ciertos que puedan ser pensados y aceptados como verdades, no que dependan del viejo esquema sensitivo en que se fundaba el aristotelismo. De esta forma, la verdad del cogito es inmaterial. Se constata que lo que somos e suna realidad inmaterial que podemos conocer mejor que el cuerpo[10].
Ahora bien, es posible identificar en nuestra conciencia cuáles son las facultades que mejor le pertenecen y que son constitutivas de su ser. En tal sentido Descartes afirma que de acuerdo a su análisis metódico, las antiguas funciones nutritivas, locomotivas y sensitivas de su alma (conceptos aceptados por el aristotelismo) dependían del cuerpo, y por tanto no son facultades que se perciban con total claridad, como sí lo es la cuarta facultad nuestra: el pensar.
“Una cuarta (facultad) es pensar: y aquí sí hallo que el pensamiento es un atributo que me pertenece, siendo el único que no puede separarse de mí. Yo soy, yo existo; eso es cierto, pero ¿cuánto tiempo? Todo el tiempo que estoy pensando: pues quizá ocurriese que, si yo cesara de pensar, cesaría al mismo tiempo de existir”.
De esta forma se advierte que en Descartes se entiende la facultad del pensar como un dato indistinguible de nuestra naturaleza y en tal sentido se afirma que la intuición de la certeza del pensar, se da al mismo tiempo con la certeza del existir. De tal forma que no solo me intuyo como un “pienso” sino que al mismo tiempo me intuyo como un “yo pienso”.
INFLUENCIA DE DESCARTES.
Sin duda que estas interpretaciones del Cogito no están del todo develadas. Críticas a su interpretación y validez se seguirán reiterando. Pero esto es interesante, tales críticas no mellan en la validez e importancia que tuvo Descartes por sobre nuestra época.
Ya lo afirma Arango:
“El más grande de los méritos del filósofo francés es haber sacado la filosofía de las discusiones bizantinas y haberla puesto en contacto con los problemas de las ciencias y de la cultura, pero sometiendo el pensamiento racional a las exigencias del orden y de la sencillez, las únicas que es preciso cumplir para tener el derecho a pensar y para poder sobreponerse al sopor que producen las palabras vacías.”[11]
Es indudable que la intencionalidad cartesiana era la de fundar las bases para la reflexión científica moderna. En tal sentido el cogito es un principio de innegable importancia. No es simplemente señalar una verdad subjetiva. Sino que es poner en el centro de la discusión el papel que le cabe al SUJETO como ente cognoscente. El conocimiento es posible en la medida en que exista un sujeto distanciado del objeto, de tal forma que pueda pensar y razonar, ordenadamente y con certeza.
La afirmación del sujeto y de un sujeto que piensa es la base sobre la cual hemos construido nuestra modernidad. No hay en efecto confianza más necesaria que la que ponemos en la razón como herramienta de claridad y distinción. Descartes deseaba validar la racionalidad humana como principio del conocer, tan válida como lo era la fe en los círculos oficiales de su época. En la actualidad, en nuestra realidad de corte escéptica y relativista hemos podido comprobar que de una forma u otra Descartes ha vencido en su acometido.
Cierto es también que a Descartes le podríamos adjudicar también los errores de nuestra época: el relativismo, con sus intranquilas consecuencias morales, el escepticismo, o los errores del progreso racional. Sin embargo, sería bueno ironizar junto a Descartes diciendo:
“El buen sentido (o razón) es la cosa mejor repartida del mundo, pues todos piensan que poseen tan buena provisión de él que aun los más difíciles de contentar en otros asuntos no acostumbran desear más del que ya tienen.”[12]
En tal sentido, aceptémonos como “cosas pensantes” y actuemos como tales. No vaya a ser que por dejar de pensar, al creernos dotados de buen sentido, dejemos de existir.
[3] «Cuando yo pregunto de quién es la obra del Sol, la Luna, la Tierra, las Estrellas, sus movimientos y disposiciones, probablemente se me contestará que son la obra de Dios. Si continúo preguntando de quién es obra la Sagrada Escritura se me responderá seguramente que es la obra del Espíritu Santo, es decir, obra de Dios también. Si entonces pregunto si el Espíritu Santo usa palabras que son manifiestamente contradictorias con la verdad para satisfacer a la inteligencia de las masas, generalmente incultas, estoy convencido que se me contestará, con muchas citas sacadas de todos los escritores santificados, que esto es, en efecto, lo habitual en la Sagrada Escritura, que contiene cientos de pasajes que, tomados al pie de la letra, no serían más que herejía y blasfemia porque en ellos Dios aparece como un Ser lleno de odio, culpas y olvido. Si entonces pregunto si Dios, para ser comprendido por las masas, ha alterado siempre su obra o, de otro modo, si la Naturaleza, inmutable e inaccesible como es para los deseos humanos, ha mantenido siempre el mismo género de movimiento, formas y divisiones del Universo, estoy seguro de que se me dirá que la Luna ha sido siempre esférica aunque durante mucho tiempo fue considerada como plana. Para resumir todo esto en una frase: Nadie sostendrá que la Naturaleza ha cambiado siempre para hacer aceptables sus obras a los hombres. Si es así, entonces yo pregunto por qué es así; a fin de conseguir una comprensión de las diferentes partes del mundo, entonces debemos comenzar investigando las Palabras de Dios más bien que sus Obras. ¿Es, entonces, la Obra menos respetable que la Palabra?. Si alguien sostiene que es herejía decir que la Tierra se mueve y si posteriores verificaciones y experimentos mostrasen que así es en realidad, ¡qué dificultades no encontraría la Iglesia!. Si, por el contrario, todas las veces que no se pueden acordar las Obras y la Palabra, consideramos la Sagrada Escritura como secundaria, no se le produce ningún daño, porque frecuentemente ha sido modificada para acomodarse a las masas y frecuentemente ha atribuido falsas cualidades a Dios. Por tanto, yo debo preguntar ¿por qué insistimos, siempre que hablemos del Sol o de la Tierra, en que la Sagrada Escritura debe ser considerada como absolutamente infalible?» Carta de Galileo a Ellia Diodati (1663)
[5] Elizabeth nació en 1618 en Heidelberg, hija de exiliado rey Frederick y de Elizabeth Stuart, hermana de Carlos I. La princesa Elizabeth era una mujer de extraordinaria erudicción; hablaba francés, alemán, inglés, flamenco, italiano y latín y tenía amplios conocimientos matemáticos. Prueba de ello es que resolvió un difícil problema propuesto por Descartes, con el que le unió una gran amistad y numerosa correspondencia.
[6] El cogito como fundamento d ela existencia e suna proposición que ya tenía antecedentes en la filosofía clásica. Ya San Agustín planteaba su tesis: “Quid si felleris? Si enim fallor sum” “¿Qué (pasa) si te engañas? Si por tanto me engaño soy” Sin embargho, la tesis agustiniana está orientada a la demostración del hombre y de ahí a su reconociendo de Dios en su alma. Descartes pretende demostrar la inmaterialidad del pensar.
Publicado por rdiaz a las Octubre 22, 2005 12:22 PM
Comentarios
No viene lo que quiero o sea su publicacion geometria
Publicado por: lourdes a las Marzo 27, 2006 3:31 PM
Ehhh, perdón... pero ¿no será que el texto tiene otra intencionalidad?
Publicado por: Ricardo a las Marzo 27, 2006 6:19 PM
Primero que nada un gran saludo y sobre el tema me parece muy complejo nose como deberían de especificar los aportes y pensamientos de Descartes en la ciencia moderna.
Publicado por: joselyn flores a las Mayo 1, 2006 11:48 AM
¡Hola! Solo queria las influencias que se ejercen sobre Descartes para su filosofia!! Si algien me lo puede facilitar........mil gracias!!
Publicado por: angeles a las Febrero 25, 2007 11:52 AM
Angeles: A primera vista podríamo decir que hay una influencia platónica y agustiniana. Aunque el hombre, como casi todos los filósofos dice que pretende empezar todo de cero.
Publicado por: Ricardo a las Febrero 25, 2007 8:12 PM
wmm keria saber en k aporto descartes a las potencias
=)
respondan pliss
gracias =D
Publicado por: nicole a las Marzo 11, 2007 1:45 PM
Buena la informacion.. pero es sobre la matematicas .. queria saber en si que aporto en la ciencia en general
Publicado por: Norita Mora a las Mayo 21, 2007 6:00 PM