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Octubre 10, 2005
Ética y Felicidad
La palabra ética no es precisamente una palabra que tenga las preferencias de mis alumnos. En el fondo sí lo está entre sus preocupaciones inmediatas, pero no se dan cuenta. Sin embargo al momento de verbalizar y expresar los significados que dan a este término suelen aparecer, con no poca desidia y desencanto, las acepciones de “normas”, “reglas”, “valores”, “imposiciones” y “buenas costumbres”.
De alguna forma, en nuestro pensar cotidiano asociamos el fenómeno ético a una imposición ajena y lejana de lo “correcto” y del “buen hacer”, que de un modo u otro limita nuestra apreciada libertad. Lo ético se manifiesta como el área de las restricciones, de las imposiciones morales que inhiben nuestra propia personalidad y no nos permiten desarrollarnos plenamente.
Ante esto sólo me queda preguntar: ¿qué es lo que más valoran de su actuar cotidiano? Y ahí me parece que son más complacientes: “la libertad”, “el poder hacer lo que queremos”, “tener mis propios valores y mis propios principios” y “hacer mi voluntad y no la de otros”.
Es en ese momento que advierto en mis alumnos una opción ética frente a lo que nos rodea y que cuestiona el orden establecido. Es ahí cuando les explico que quizás sí tienen una moralidad que guía sus pasos pero que es preciso que por una vez expresen una reflexión que les permita entender lo necesario, pero a la vez hermoso de la propuesta ética.
¿Ética o moral?
Las palabras no son inocentes, me decía un viejo amigo, por ello es preciso antes de utilizarlas, entender su sentido correcto y darles el uso adecuado. La moral y la ética no significan necesariamente lo mismo. Ambas hacen referencia a la calidad de bondad o maldad de nuestros actos, pero su intencionalidad difiere respecto de la compresión que quiera hacerse de tales actos. La moral proviene del vocablo latino “mos, moris”, que hace referencia a las costumbres o prácticas recurrentes de una comunidad. Tiene evidentemente un sentido social, pues se refiere al modo de comportarse que está establecido por una comunidad y que es aceptado o censurado por la misma. La moral hace referencia a lo establecido, a lo que todos hacen. Por ello la moralidad se define por la comunidad por lo que todos siguen y tiene un sentido normativo de carácter externo a la voluntad. Por su parte el sentido de la palabra ética apela más bien al carácter autónomo de la persona. El “ethos” se refiere al carácter o modo de ser de una persona. Hace referencia a su formación individual y al modo en que esta se manifiesta a los otros. Por ello algunos relacionan esta palabra con el sentido de máscara, esto es de la presentación que hacemos ante los otros. Como el ethos apela al individuo y en su origen griego la persona se caracteriza por su racionalidad es que en filosofía se acepta a la ética como “aquella disciplina racional que prescribe la moralidad de los actos”. Dicho de otra forma la ética es el estudio de la moral.
Moral y ética tienen por tanto connotaciones diversas. Lo moral es lo establecido por un grupo social que sobre la base de la presión social impone en cada uno de los miembros de su comunidad una serie de acciones por seguir. Por ejemplo, la moral cristiana corresponderá al conjunto de prácticas que según las tesis de los creyentes en esta fe serán aceptables y correctas de seguir. El problema de esto es que lo moral no siempre asegurará una correcta concepción de las cosas. El poner lo bueno al mismo nivel que lo común no es adecuado. Que una misma acción se repita muchas veces por muchas personas n o asegura que esa acción sea parte de la naturaleza de las personas, por ejemplo, no porque en las noticias se nos repitan una y otra vez que hay asesinatos y robos, vamos a suponer que todo el mundo está dispuesto a matar y robar. Sin embargo lo interesante es que lo moral logra un compromiso mayor entre sus adherentes que lo ético, pues la gente en general tiende a seguir los patrones de conductas generales.
Por su parte lo ético apela a lo razonable, a lo que debiera ser en un sentido ideal y normativo. Puesto que se la entiende como una disciplina prescriptita lo ético apela al deber ser de nuestras acciones, no a lo que ocurre “comúnmente”. Se quiere una reflexión que guíe nuestros actos entendiendo que debe existir algún principio, por lo general algún valor, que nos permita juzgar y determinar la pertinencia de nuestras acciones. Lo ético apela a lo mejor de nuestra naturaleza, al sentido profundo de nuestro ser, con al esperanza de mejorar nuestras relaciones y maneras de conducirnos. Sin embargo, siempre queda la duda de si a las personas les interesa apelar ala razón antes de actuar. ¿lograremos algún día actuar guiados por lo mejor de nosotros mismos, cuestionándonos nuestros actos buscando lo mejor para nosotros y para la sociedad que nos rodea, o seguiremos como siempre actuando de manera impulsiva escogiendo lo que a primera vista nos resulta conveniente para luego descubrir que con esa miopía intelectual solo hemos permitido que alguien se dañe o sufra? El cuento es si alguna vez dejaremos de usar la razón para justificar nuestras idioteces y la utilizaremos para buscar el bienestar común.
La ética, entonces, cobra sentido e importancia cuando hacemos algo que no ocurre con mucha frecuencia: nos ponemos a cuestionar lo que hacemos. Esto significa que en el fondo en lo ético hay un supuesto básico: las personas en la medida en que razonemos nuestras acciones personales seremos capaces de mejorar nuestro entorno y a nosotros mismos.
Pensando lo que hacemos.
Es curioso que esta tesis tan simple y sencilla, como el que lo ético se manifiesta y sostiene al pensar lo que hacemos, nos permita afirmar que lo ético es necesario para nuestra vida cotidiana, sobretodo si aún no le hemos quitado ese carácter impositivo que atenta contra nuestra libertad. Para insistiren esta propuesta quiero invitarle a pensar en tres situaciones que nos acontecen cuando por un momento pensamos en lo que hacemos.
Mi amigo o amiga, quiero que se cuestione qué ocurre cuando hemos cometido una falta con alguna persona. Seamos honestos, no somos tan buenos como nos creemos, más de alguna vez hemos caído en una falta contra alguna persona que de un modo u otro ha afectado nuestra relación con ella. Por ello quiero que pensemos lo que nos pasa cuando hemos advertido que esa falta está cometida y que estemos dañando a alguien.
Al respecto quisiera antes aclarar un aspecto de las relaciones humanas que me parece necesaria para este análisis. Somos seres gregarios, eso es indiscutible, los otros, aquellos vilipendiados desconocidos que caminan a nuestro lado, son parte de nuestra condición humana. Por ello nuestras acciones en relación con los demás se manifiestan en una libertad permanente, en un estado de igualdad que permite que podamos convivir en paz. Lo hermoso de las relaciones humanas es que al encontrarte con otro, igual a ti, no hay compromiso que te agobie y te haga dependiente de él, son iguales y por ello nadie debe nada a nadie.
Esa deuda sólo se genera cuando cometemos una falta hacia la otra persona. En efecto, las faltas establecen una relación de dependencia con los demás que alteran nuestra convivencia. Al cometer la falta se establece de inmediato una relación de víctima y victimario con el otro, pero es una relación especial, en que nadie se beneficia. El encuentro con el otro allí inhibe la libertad: he faltado ante ti y debo hacer algo para poder seguir con lo mío, yo te debo algo, tú también y mientras no se resuelva esa apuesta nadie puede estar en paz y tranquilo.
Sin embargo todos sabemos que no todas las deudas se pagan. Lamentablemente, y creo que los sicólogos y sus mecanismos de defensa me ayudara a plantear esto, nuestra mente tiene la infinita capacidad de justificar hasta la más enfermizas de nuestras acciones.
Volvamos al caso en que hemos dañado a alguien. Una primera acción que nos ocurre es la sensación del pesar. Es aquella sensación incómoda en que advertimos el mal cometido, lo sentimos en el aire y nos afecta, pero que podemos quitar fácilmente buscando alguna explicación a lo sucedido. “No si va a estar bien, no es tan grave lo ocurrido, si a mi también me lo han hecho y no importa demasiado”- nos decimos rápidamente y seguimos ocupados en nuestros asuntos. El pesar es algo que nos inmoviliza momentáneamente, es cuando advertimos que algo no va bien, que algo nos inquieta, pero que fácilmente es justificable.
Para algunos, lamentablemente, el pesar es el único sentimiento que se genera al hacer algo erróneo. Lástima por aquellos sobrados de sí mismos que en su idiotez moral son incapaces de reconocer que se equivocan y que pueden ser mejores. Sin embargo hay otras almas, en las que espero que estés tú amiga lectora o lector, que se dan cuenta del mal hecho y que ello les preocupa. Sí, me refiero a la segunda sensación incómoda y desagradable que puede uno pasar: el remordimiento. La palabra en sí se me asemeja a la situación de sentir que algo te muerde, te remuerde interiormente. Es la conciencia del propio mal que nos afecta y que da cuenta de nuestra incapacidad de obrar considerando el bien mayor, es reconocer que seguimos siendo esos niños egoístas que solo piensan en sí y que somos incapaces de reconocer a otros a nuestro alrededor. El remordimiento el algo incómodo que nos recuerda que no somos tan perfectos y que por lo mismo podemos errar.
Sin embargo en esta época tan hedonista e inmediatista, en que las cosas se valoran no por su profundidad y efectividad sino por su eficiencia y entretención, el remordimiento es algo que no valoramos y que por sobretodo deseamos desechar del modo más rápido posible. Ello es porque en una época en que valoramos la acción, la eficiencia, el éxito; la situación de parálisis que provoca el remordimiento es algo que debe superarse. Nuevamente nuestras defensa se activan y dos opciones nos quedan: o desestimo el remordimiento y lo dejo pasar, esto es lo soslayo convirtiéndolo en un pesar; o doy un paso más allá y pretendo rehacer el mal hecho buscando arrepentimiento.
¡Arrepentimiento!. Para un orgulloso como yo, que se cree protagonista de su vida y que se imagina a si mismo como alguien exitoso y perfecto, el arrepentimiento es una situación desagradable y humillante. Quizás en nuestra vanidad, de neoliberales, el reconocer el fracaso sea algo inadecuado, por ello muchos personajes públicos aparecen con “gestos de hidalguía y nobleza” en público para decirnos que se arrepienten. Cuando en realidad a ellos (y yo con ellos incluido) deberían reprocharles esa falta terrible: acusarles de un orgullo malsano que impide que reconozcan su humanidad y que por sobretodo impide crecer.
Lo mismo para aquel que afirma que de nada vale arrepentirse pues “lo hecho, hecho está”. Tales afirmaciones clichés, sacadas de un texto de frases comunes, de nada sirven ante lo que implica el asumirse como un ser social. Lo interesante del arrepentimiento no es quedarse mirando inmóvil el pasado sufriendo por lo malo que se ha hecho, sino que lo interesante es que el arrepentimiento supone un movimiento de esperanza, de acción futura: supone no querer repetir en el futuro en error cometido en el pasado.
El arrepentimiento posee un sentido dinámico que no se halla en las situaciones anteriores. El arrepentimiento es el deseo por una parte de reparar el daño ya hecho, lo que se manifiesta en el perdón, y además es el deseo de no volver a realizar el mismo mal en el futuro. Uno se arrepiente cuando existe la intención de cambiar, por ello esta situación es la antesala del perdón. El perdón supone un arrepentimiento, un reconocer el mal hecho y manifestar la voluntad de enmendar las acciones propias, pero también supone la intención de reparar el mal obrado.
¿Cómo reparar si el daño está hecho? Si bien es cierto que nuestra condición temporal marca nuestro modo de ser y que una vez que ejecutamos un acto ese instante no se volverá a repetir, ello no debe inmovilizar el futuro que nos espera. Utilizamos con mucha prontitud los mecanismos de defensa nuestros para justificar nuestras acciones, pero no recordamos lo mismo para reparar el daño hecho. Frente al mal realizado ¿por qué no compensar con más bien hacia la persona dañada? “Te he ofendido, cuidaré en el futuro que nadie lo vuelva a hacer y cuidaré de tu honra”, “He dañado algo que te pertenece, lo repararé y en el futuro intentaré cuidar de lo tuyo tan bien como de lo mío”, “Te he pasado a llevar con mis actos, de ahora en adelante procuraré cuidar de tu persona como si de mi se tratase”. Sólo son algunas muestras del bien que podemos anteponer ante al mal que se nos escapa con más frecuencia de lo que quisiéramos.
El arrepentimiento por tanto nos lleva al perdón y éste nos libera de la situación esclavizante de víctima y victimario en que hemos caído con nuestra falta. Quizás por ello valoro este acto, más que otro, pues si bien me cuesta arrepentirme, no niego que el perdón que restituye mi libertad me parece un bien muy estimable y deseable por si mismo. El arrepentimiento e salgo bueno y deseable, pues reconstruye nuestra historia y nos hace mirar el entorno con nuevas perspectivas más humanizadoras.
¿Y la felicidad?
Lo cierto es que toda esta reflexión acerca de lo que hacemos no hemos hablado de la felicidad. Sólo hemos buscado analizar situaciones incómodas, vergonzantes y desalentadoras que dejan en evidencia nuestra miseria e imperfección. ¿Qué tiene que ver con la felicidad?
Eric Ericsson en su análisis de las diversas crisis por las que pasa el ser humano mientras vive, pone cómo último desafío la crisis de integridad versus desesperación. Se supone que al ser ancianos la única opción que nos queda es poder contemplar nuestra vida y debatirnos entre la aceptación incondicional de todo lo vivido o desesperarnos ante la nostalgia que nos provoca el poder haber hecho algo mejor y no haber podido, o quizás querido.
En lo personal me aterra tal situación. ¿Qué ocurriría si cuando fuese anciano mirase mi vida y me diera cuenta que no me ha gustado? Y lo peor de todo no me queda ninguna posibilidad de mejorar lo que he hecho mal. Tal resignación me asusta me aterra pensar que no podría enmendar el peor daño que pueda hacer: el daño hacia mi propia persona, al no ser capaz de haber vivido plenamente, pudiéndolo hacer. ¿Cómo puedo vivir mi vida sin tener que arrepentirme en el futuro por lo mal hecho?
Quizás lo ético tiene más relación con esto que simplemente con la aceptación de reglas dadas por la moral y las buenas costumbres. El objetivo de la ética no es simplemente normar nuestras acciones, si bien lo hace porque se busca regular que nuestros bienes individuales son afecten lo de los demás ni el bien común, su sentido es mucho más profundo e importante: la ética se hace necesaria para que cada uno de nosotros pueda ser feliz, para que cada uno pueda vivir plenamente su vida sin tener que arrepentirse en el futuro, cuando el tiempo ya no da vuelta atrás, acerca del mal hecho o por sobretodo del bien que pudiendo hacer no hicimos.
Somos seres temporales, el tiempo es una condición que regula nuestras acciones y que marca nuestra forma de ser. No hay marcha atrás en la realización de nuestra existencia. Podemos intentar reparar el mal hecho o gracias al perdón podemos superar las dificultades que tenemos con los otros. Pero la vida en sí, esta nuestra vida no da vuelta atrás. Por ello la ética aparece con un sentido esperanzador, como un aviso antes que nada ocurra: “prepárate para ser feliz, ten cuidado con el mal hecho, no caigas en el error de no mirar a tu entorno y equivocarte, la vida te ha sido dada para ser feliz, ¡hazle caso!”.
Como ven el sentido profundo de la ética se asocia más de lo que queremos asumir con nuestra libertad que con supuestas limitaciones, el único riesgo es que ojalá no sea demasiado tarde para iniciar esta reflexión que puede ayudaros a alcanzar nuestra propia felicidad.
Publicado por ediaz a las Octubre 10, 2005 11:08 PM
Comentarios
mish!!!.-...muy largo profe toy estresada como para leer, asi k le dejó mi fimra para que despues ute me vaya a postear a mi page y a leer....ya pues, nos vemos en fundamentos Filosofico...saludos pajaro malo.
mélanie
Publicado por: Mélanie a las Octubre 11, 2005 8:11 PM
...
Publicado por: Mélanie a las Octubre 11, 2005 8:12 PM
jojo... sip tiene razon la señorita.. muy largo jajaja... y respecto a lo q ud plantea como ética.... para mí es mas bien un acto egoista planteado por un grupo de individuos... que la imponen como regla o barrera para no llegar o cruzar ciertos limiter...pero al ver q si crusando ciertos limites pueden lograr beneficio tanto para ellos como para la humanidad... se olvidan de esta palabra y prumueven y apollan lo q antes era para ellos..."anti ético".. un claro ejemplo fue lo que sucedio con los estudios genéticos... en un principio cuando se experimentaba con animales...estos cientificos eran llamados... asesinos...sanguinarios.. crueles...inhumanos.... y personas sin éticas... pero cuando se dieron cuenta q gracias a esos estudios tanto en animales como en sewres humanos conllevo a la creacion del mapagenetico o genoma humano... y al estudio para encontrar curas a ciertas enfermedades hereditarias como el sindrome de down, o malformacuiones o mutuacionoes cromosomicas.... se olvidaron de todo eso y comensaron a promover los estudios relacionados a esos.. tanto asi q ahora ya van en la buskeda del gen de la vejes..para poder erradicarla..... q sentido de concecuencia se tiene en ese caso..???...ninguno... si nos favorece...vienvenido sea.. pero mientras sea algo... fuera de lo normal.. o escape a las supuestas normal impuestas por la gente... o se prolongue a los malos comentarios.. atakemos y juzguemos......la ética... se la forma uno... y lo anti ético comienza cuando uno incorpora la concepcion de error en lo realisado... al igual q la ekibocacion comienza con el arrepentimiento.
Publicado por: Fhurer a las Octubre 14, 2005 7:35 PM
Super intersesante el tema. Me interesé mucho al leerlo ya que me refresqué mi memoria de cuando tomé mi curso de Etica en la Universidad. He hecho todo lo posible por practicar lo aprendido y eso me ha hecho ser un mejor ser humano con los de mi entorno.
Publicado por: Monsy Carrero a las Agosto 3, 2006 10:15 PM
Gracias por tus palabras Monsi, me alientan a seguir escribiendo.
Publicado por: Ricardo a las Agosto 4, 2006 12:43 AM
Está muy largo el tema pero es muy interesante, como que hay que acortarle un poco al tema pero está muy bueno.
Publicado por: jessica a las Agosto 16, 2006 11:06 PM