Wenüiwen significa mirar como amigos.
Escribir no es fácil, pero conozco a algunos que lo hacen cómo si fuese lo más sencillo del mundo. Francisco es uno de ellos. A veces se saca estas letras de no sé donde y hoy las quiere compartir con nosotros.
Aprovecho así de iniciar el espacio de mis amigos, o de aquellos que admiro. Les invito a que ustedes también los miren como amigos.
Estación terminal
La intermitencia de los neones destella y fosforece el estado acuoso de sus ojos. El hombre parece estar solo; los vagones resbalan vacíos y su llanto es lo único que interrumpe el chirrido monótono de la máquina. Fuera, el túnel hace las veces de una secuencia repetitiva, de un todo irreparable: el pie en el pedal, la Alameda infinita, Santiago tras la línea amarilla; las puertas que se abren al unísono, la letanía de su cuerpo y la voz megafónica insistiendo en que baje del vagón, en que está estrictamente prohibido no descender en la estación terminal.
Francisco Schilling.

Bueno el microcuento. Es tremendamente triste y poderoso. Me recuerda la soledad de las ciudades, esa donde el olor a muerto descubre el suicidio de algún viejo, la que después descubre al nn en un epitafio que destaca una pequeña nota del diario.
Me sugiere también: al llegar ¿cómo bajas?. La estación terminal puede ser el cielo o el infierno. La parálisis del miedo siempre nos congela y preferimos no descubrir qué nos espera más allá de ese final.
Bien amigos, propongo ir siempre más allá de la estación terminal.
Concuerdo con Juan Luis los relatos de Francisco siempre me han impactdao por su fuerza y el contenido de su propuesta. A ver si se anima y nos entrega más letras suyas, como también las que tú escribes, Juan Luis. Invito a mis amigos a tener su espacio acá, así nos animamos y vamos creciendo entre todos. En una de esas hasta yo muestro algún poemilla añejo de mi juventud.
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