Archivos Noviembre 2005
Poco a poco he ido conociendo este mundo de los blog o bitácoras. Me ha parecido muy gratificante estimular la escritura y el diálogo a través de estos breves (ojo, Melanie) escritos. Sin embargo al recorrer la web me he encontrado con algunos blogs que no sólo dialogan entre sí, sino que discuten.
Me encanta discutir. Es un buen ejercicio y mis alumnos saben muy bien que siempre estimulo un buen debate. Creo que nos hace muy bien ponernos a defender nuestras opiniones mientras que los demás sostengan las suyas. Siempre y cuando queden en opiniones. He visitado ahora múltiples blogs, solo con la intención de discutir y me he dado cuenta que pocos toleran que se les contradiga.
El problema se da cuando alguien cree que su opinión es mejor que otra. En ese momento, cuando le otorgamos a la opinión el carácter de verdad, es justo la situación en que la discusión se transforma en un diálogo de sordos. Creo que la suma de opiniones genera la verdad y eso sólo se da cuando escuchamos y no cuando decimos. Por ello, con cariño y respeto a dos personas interesantes (Christian y Eduardo) les dedico un bello cuento sufí, que habla precisamente de la verdad.
¿Qué es lo más valioso que tienes, aquello que si lo usas no puedes recuperarlo y que vas gastando a cada momento, aun cuando no quieras?
Y con esta entrega terminamos esta semana dedicada a la política. Al parecer amuchos les gustó el tema por la cantidad de visitas (que se duplicaron) y por los diversos comentarios recibidos.
Para terminar tomaremos un trozo del texto preparada por Sebastian Escobar, ex alumno del Colegio San Luis, quien en su exposición para el XVI Encuentro de Filosofía de Antofagasta nos plantea los desafíos que esperan al quehacer político. Política e Ingeniería Genética. Rara mezcla, pero en fin, ahí va..
"No es de educado hablar de política ni de religión", me decían cuando chico. ¿Por qué? Una explicación era clara: "siempre se termina en pelea y discusiones". La otra razón era más profunda: un tío mío había sido torturado y relegado, lo político por tanto era tema tabú en mi hogar. Esto lo vine a saber mucho tiempo después.
Sin embargo, sigue entre algunos esa necesidad de no hablar de lo controversial. El simple hecho que cada uno pueda opinar lo que quiera suele provocar inseguridad y posiblemente más de algún altercado. Sin embargo, debemos reconocer que todos somos distintos y que por lo mismo siempre estamos ante la posibilidad de discutir. Quizás por ello sea bueno reconocer que el espacio político es precisamente aquel en que siendo distintos decidimos comenzar a convivir en comunidad.
Rodrigo Araya aborda esta temática en su reflexión sobre la política: porqué hay desencanto frente a la política y cómo podemos redefinirla. Sólo alguien con el caracter gregario de Rodrigo era capaz de invitarnos a esta reflexión. Con ustedes un extracto de esta ponencia...
Ahí estoy con el que fue mi curso este año: el Cuarto medio C, un grupo de gente interesante, un poco desorganizado, que aprendieron con el tiempo a crecer en conjunto, a aceptarse y al final terminaron queriéndose (les debo un post, que ya se está preparando).
Si se fijan en la foto hay uno que resalta porque no sigue el uniforme. Es un tipo con sus porpias opiniones de las cosas: Mientras todos jugaban, él leía el "Contrato Social" de Rousseau; cuando querían juntar fondos para una fiesta, él abogaba por ayudar a los más necesitados; pero, eso sí (no era ñoño) frente a un buen asado y su vinito para conversar era uno de los primeros en estar. Don Pablo Torres. Pues bien, él se presentó en el encuentro de filosofía con una excelente ponencia acerca de la política como espectáculo.
En sintesis, es una lectura muy crítica acerca de la democracia y sus supuestas "buenas" intenciones, que terminan cayendo en un simple espectáculo para mantener a la gente tranquila, mientras los grupos de poder siguen aprovechándose de todos.
Si quieres ver una postura ácida acerca de nuestra democracia te invito a leer este extracto de su ponencia.
Hace dos semanas se realizó en Antofagasta el XVI Encuentro de Filosofía de Estudiantes de Enseñanza Media. Como todos los años, el colegio en que trabajo se presentó con una nueva ponencia. Esta vez, el tema que abordaron mis alumnos fue la política.
Con críticas algunas ácidas y pertinentes y con propuestas de reinterpretar el espacio político, mis alumnos me ayudaron a replantear (o quizás por fin sistematizar) mi propia visión sobre la política. Mientras redacto algunas respuestas a los comentarios dados por los visitantes (a todos quienes agradezco su aporte), quiero invitarles a conocer lo que opinan los realmente jóvenes.
Es preciso redefinir lo que entenderemos por política. No basta solo votar, ni tampoco, solo trabajar, debe haber algo más. Les invito al ¿último? capítulo de esta visión acerca de política, la cual ya ha provocado bastante debate y discusión.
Veamos qué podemos entender por política...
Seguimos con una breve reflexión acerca del quehacer político y su falta de participación. Destaco que esta reflexión aparece en la edición digital de El sanluisino.
En el capítulo anterior, hablábamos que se dice que algunos millones de chilenos no participan porque no votan, cabe preguntarse si votar es la única forma de participar...
Acabo de presenciar la franja televisiva que nuestros diversos candidatos han creado para convencerme de votar por ellos. En un país de un universo electoral de diez millones quinientas mil personas, pareciera que es muy importante convencer a los ciudadanos de sus diversas opciones electorales. Sin embargo, cuando constatamos lo que fue la realidad de la última elección, en que 4.565.000 personas se abstuvieron de emitir un voto válido (ya sea estando no inscritos, o siendo inscritos no votaron, o al votar emitieron votos nulos y blancos), cabe preguntarse si tiene sentido gastar tanto dinero en algo que a muchos pareciera no importarles.
Estuve dando una charla a estudiantes de cuarto medio sobre su vocación y la importancia de elegir bien. "¿Y qué tanto si me va mal?"- me increpó una lola. Yo intenté apelar a su felicidad, pero al hablar de ello un padre me dijo "pero eso es tan relativo si cada uno debe hacer lo suyo".
Así es que al parecer da lo mismo que cada uno de nosotros haga algo malo o que fracase, pues nada ocurrirá. Sin embargo, por cada persona descontenta consigo tendremos a muchos más que les rodean descontentos por el trato que recibirán. Debemos comenzar a asumir que cada acción nuestra por pequeña que sea afectará a otros de maneras insospechadas.
Así que dedico, en estos días en que no suelo escribir, un breve relato a todo aquel que no s eda cuenta que su vida SÍ afecta a la de los demás...
Eduardo Cuturrufo o Cuturrufian, estudia Pedagogía en Lenguaje y comunicación en la UDELMAR. Pero lo que lo destaca es su condición de poeta, que ha ido más allá de las meras palabras, al menos con el proyecto que ganó del Fondo Nacional del Libro y la Lectura 2005.
Ahora me sorprende con un bello texto que apela a ese afán beligerante que algunos han adoptado a propósito de nuestros conflictos con Perú.
Por favor lee esta propuesta...
Una mancha de siete kilómetros de petróleo ensucia las costas de mi ciudad Antofagasta. El desastre lo provocó un barco al encallar en nuestras costas. Gran parte de las aves, animales y peces del litoral se encuentran en gran peligro. El daño es enorme.

Lo que irrita es la debilidad y casi ausencia de protección que posee nuestra legislación en materia de contaminación. Todavía resuena en nuestra mente el desastre de los cisnes de cuello negro en Valdivia o el incendio forestal en Torres del Paine.
¿Cuánto más debe ocurrir para que seamos capaces de cuidar y defender nuestro entorno? ¿Sólo se trata de cobrar millonarias indemnizaciones? ¿Quién paga por las especies en peligro? ¿Se trata sólo de pagar?
La gracia de ser fiel está en que uno puede dejar de serlo y aún así no lo hace. Juan Luis nos regala un poema en que nos plantea lo díficil que es ser monógamo.
A ver qué opinan ustedes...
