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Noviembre 25, 2005
Empirismo de David Hume
“Sine experientia, nihil sufficienter sciri potest”. Roger Bacon, Opus mayus, VI, I
Como ya se ha señalado, es inadecuado calificar a la edad medieval como una época de oscurantismo y decadencia. Más incorrecta se manifiesta tal apreciación, cuando analizamos las condiciones que dan origen al pensar moderno, al darnos cuenta que muchas de sus raíces se hallan precisamente en el medioevo. Vemaos ´cómo esto se manifiesta en el caso de aquella corriente llamada empirismo.
Una de las corrientes del pensamiento medieval que influyó en el cambio del paradigma teórico fue el nominalismo. Esta corriente pretendió asumir los cambios históricos que se fueron sucediendo (las nuevas ciencias, los descubrimientos y viajes al nuevo mundo, etcétera), para poder realizar una explicación de lo real, acorde con las nuevas condiciones históricas.
Guillermo de Ockham, quien vivió durante la primera mitad del siglo XIV, fue un teólogo franciscano que desde muy joven advirtió el cambio del mundo. Así es como inicia una crítica continua y profunda a la teología tradicional, la cual se encuentra desfasada entre su modo de conocer (escolástico) y la nueva realidad histórica. Pero, advierte, que ese desplazamiento y alejamiento no se debe a una mala fe o un error en la verdad revelada, sino que se debe al carácter especulativo de la teología.
La especulación teológica tradicional se debe principalmente a los aportes de Tomás de Aquino, en su interpretación de Aristóteles. En dicha reflexión apreciamos que la razón humana tiene por finalidad el conocer las esencias y formas de los entes. Cualidades del ser que se caracterizan por ser principalmente universales. Sin embargo, tal lenguaje “universalizante”, advierte Ockham, no es más que un lenguaje, esto es: un modo de nominar a las cosas y no necesariamente a las cosas en sí. Sobretodo si advertimos que nuestra experiencia nunca tiene experiencia de lo universal sino de lo singular. Por tanto debemos llevar el discurso hacia el ámbito de lo singular, dejando de lado y tratando de destruir todo discurso que nos aleje de lo universal.
La cuestión se vuelve compleja, al menos para Ockham, cuando los pensadores tradicionalistas, y más de algún Papa, creen que Ockham pretende destruir y acabar con la teología tradicional y desde allí atacar la verdad de la fe.
Ockham tiene claro que la destrucción de la metafísica tradicional no supone necesariamente acabar con la fe. Así es como inicia su destrucción de toda especulación universal. Para ello aplica el principio de "economía del pensamiento", el cual sostiene que "no debemos multiplicar los entes sin necesidad, ni las explicaciones de los entes más allá de lo que se quiere conocer". De esta forma se terminan las grandes y complejas definiciones (binominales) que pretendían explicarnos el mundo.
Todo esto genera grandes consecuencias que se verán a lo largo de toda la época moderna:
- Se inicia una atomización de las ciencias, buscándose una exploración de la naturaleza en sus características singulares.
- Comienza a darse mayor crédito a la reflexión científica que a la metafísica. Lo cual se traduce en el intento de convertir a la metafísica en la fundamentación de las ciencias (recuerde el proyecto de Descartes)
- La importancia que cobra la razón en desmedro de lo real. Si lo que realmente existe son los objetos singulares y es la razón la que crea los universales a partir de ellos lo más importante para el conocimiento será la razón y no las sustancias externas.
Se acuerdo a esto es posible advertir que el nominalismo de Ockham, presenta las bases de las grandes corrientes del pensar moderno: el racionalismo y el empirismo. Pero, como veremos a continuación será el empirismo el encargado de llevar estas características a sus últimas consecuencias.
EL EMPIRISMO Y SUS ORÍGENES.
El pensamiento moderno, con Descartes a la cabeza, sólo había dado cuenta del quehacer científico, pero sólo desde su modelo matemático de teorización, sin considerar el otro aspecto de importancia: la experiencia. El empirismo parte resaltando este hecho y se postula como una teoría contraria a toda doctrina de conocimiento alejada del dato empírico.
En realidad esta doctrina se plantea como gran problema el estudio de la formación del conocimiento, tratando de esclarecer su origen y validez. Desde esta perspectiva, tenemos dos posibilidades para la formación del conocimiento: la primera es que los conceptos universales son formados en nuestra razón a partir de ciertas capacidades innatas o que la razón invente y constituya de datos particulares un concepto de universalización.
Como ya hemos visto el racionalismo indaga la primera alternativa. Sin embargo, el empirismo intenta desarrollar la posibilidad de que la razón se convierta en creadora de las nociones universales. Es así como indagará principalmente en la forma en que la ciencia llega a conformar conceptos generales a partir del dato de la experiencia. Su postulado central será que "no hay conocimiento en nuestra razón que no haya estado antes en la experiencia".
Nosotros analizaremos a uno de sus principales expositores, quien fue capaz de llevar los postulados empiristas al máximo para formular una teoría personal e interesante acerca de la naturaleza del entendimiento humano.
David Hume (1711-1766) vive en Escocia y estudia en Edimburgo. Sus grandes fuentes son Descartes y Newton. Su intención es tratar de indagar sobre los procesos de conocimiento, en especial el científico. Esto lo intenta en dos obras Tratado de la naturaleza humana (1734) (primer intento por explicar el proceso del conocimiento, que según su propio autor, nació fracasado) e Investigación sobre el entendimiento humano (1748). Pronto se gana la fama de “Hume, el ateo“ y no puede lograr alguna cátedra en las universidades, pero logra abrirse camino como embajador en París, siendo acompañado por Rousseau en su regreso con fama y notoriedad a Londres. Sus últimos escritos por tanto tienen una marcada intencionalidad política.
El conocimiento HUMANO
Hume señala que el conocimiento del hombre está circunscrito a los límites de la experiencia humana, puesto que para él todo conocimiento parte del dato que entregan los sentidos. Según su perspectiva todo conocimiento racional no nace, ni puede surgir, sólo del pensamiento, puesto que requiere de un dato preciso que viene de los sentidos externos o internos.
Ahora bien, en sentido estricto, lo que está presente en la razón sólo corresponden a percepciones de las cosas, las cuales se pueden dividir en dos tipos: impresiones o ideas. Tal división se debe al grado de intensidad con que las tengamos en nuestra mente, a saber, se habla de impresiones[1] al dato presente en la mente y que se refiere a los estímulos captados actualmente por los sentidos y se habla de ideas a la generalización de tales impresiones, que desde esa perspectiva se muestran menos intensas.
Las impresiones, por tanto, se conforman de las sensaciones, las pasiones y las emociones que posee el sujeto en su encuentro con el mundo, en tal medida son percepciones que se dan con fuerza o incluso violencia. Mientras que las ideas sólo son percepciones deslucidas. Débiles, puesto que se reducen al recuerdo de las impresiones. Es así como los colores, los sonidos, los sabores, los olores, los placeres, el orgullo, la humildad... son impresiones; las imágenes de estas mismas realidades son las ideas.
Lo que ocurre es que las ideas surgen como meras copias de las impresiones, puesto que la razón posee ciertos principios de acción que le permiten organizar las impresiones en ideas más generales. Tales principios sólo surgen de la imaginación que organiza, de ningún modo corresponden a ideas innatas presentes en la mente. Sólo existen ideas que nacen de la experiencia. Estas leyes son las de semejanza, contigüidad y causa y efecto.
- Ley de semejanza: Se refiere al hecho de que impresiones que tienen algún parecido, las agrupamos en la misma idea, aun cuando correspondan a situaciones, objetos o vivencias distintas.
- Ley de contigüidad: tendemos a relacionar impresiones que están juntas, intentando encontrar en ellas algún orden que nos permita organizarlas. Tal orden puede ser tanto espacial como temporal.
- Ley de causalidad: tendemos a suponer que dos hechos que están contiguos están relacionados de tal forma que uno es causa del otro. Sin embrago este principio es totalmente ajeno a toda experiencia, puesto que cuando establecemos relacione s de causa y efecto entre algo, suponemos que la realidad seguirá actuando de la misma forma. Por ejemplo, si he experimentado repetidamente que el fuego quema, todo me inducirá a creer que en situación semejante volverá a ocurrir lo mismo. Lo que implica un presupuesto insostenible: que el futuro será como ha sido el pasado.
El pensamiento intenta, entonces ordenar las impresiones y generalizar desde ellas las ideas con las cuales trabajará. El problema radica en que tales leyes sólo son puestas por la razón, sin tener algún respaldo en los hechos o en la experiencia. En tal sentido, deberíamos aceptar junto a Hume que “no existen las ideas generales y abstractas, sino que todas las ideas generales no son, en realidad, sino ideas particulares vinculadas a un término general, que recuerda en determinados momentos otras ideas particulares que se asemejan en ciertos detalles a la idea presente en la mente.” (Investigación sobre el entendimiento humano, 12)
De esta forma los conocimientos quedan divididos en dos clases. Los que se refieren a relaciones de ideas, que corresponden a las teorías de las ciencias formales, que no son más que constructos mentales, que pueden demostrarse sin importar si hay alguna evidencia empírica. Por otra parte, están aquellos que se refieren a cuestiones de hecho, las que como se remiten a conocimientos sobre impresiones son siempre probables, puesto que en sentido estricto nunca hay una impresión general.
Desde esta perspectiva nunca hay una evidencia empírica que sea demostrable, puesto que las teorías científicas y las leyes son generalizaciones que obedecen a formas de la imaginación, con sus tres leyes de acción. Por tanto sólo podemos postular conocimientos que son probables de ocurrir, puesto que la experiencia pasada nos induce a confiar que se repetirá en el futuro.
Pero para ser fieles a nuestra forma de conocer, deberíamos decir que con respecto a las cuestiones de hecho, nunca podremos tener una certeza, sino únicamente una creencia. Nuestra mente se apoya siempre en un hábito o una costumbre que nos lleva a suponer que lo que antes se ha dado de la forma más o menos parecida seguirá haciéndolo así. Es esta creencia la que le otorga mayor vivacidad o intensidad al conocer desde las causas y que nos hace creer que así será, cuando en realidad no existe ninguna evidencia empírica de que deba ser así. Lo que sí es cierto es que la humanidad ha podido subsistir con esta confianza básica, que de alguna forma mantiene una cierta armonía entre lo que pensamos y lo que realmente ocurre en lo natural.
¿Qué podemos conocer entonces?
En Hume evidentemente aparece un cierto escepticismo, pero moderado. Esto radica en que si postulamos que lo que conocemos son nuestras percepciones, y no las cosas directamente, nada nos asegura racionalmente de la existencia de un mundo exterior. En tal sentido hay que aclarar que tenemos impresiones de cualidades de cosas, pero no del substrato o sustancia que reúne dichas cualidades, como tampoco tenemos la impresión de un mundo ordenado, sino sólo de fenómenos sucesivos. Sin embargo, tal como Hume lo reconoce, sería absurdo negar por esto la existencia del mundo y actuar con un escepticismo absoluto. Es la vida misma la que elimina este escepticismo induciéndonos a creer en los hechos y en sus relaciones.
Pero tampoco quiere Hume que sigamos engañándonos intentando abordar problemas que de suyo son inútiles, como por ejemplo el estudio metafísico. Ya hemos hablado de la imposibilidad de conocer el mundo. Tampoco hay la posibilidad de conocer el Yo, puesto que no existe en ningún caso una impresión constante y permanente de nosotros mismos, somos a lo más un conjunto de vivencias internas cambiantes, que suponemos permanece común en el fondo. De hecho la idea de substancia no es más que el conjunto de percepciones particulares que nos hemos acostumbrado a encontrar juntas. Así, no es posible realizar la metafísica, tan sólo es posible la ciencia, entendiéndola como algo probable y en último término como un conocimiento que nos acerca más a lo creíble.
Hume con esto sólo ha llevado al empirismo a sus últimas consecuencias, puesto que ha sometido a crítica a los conceptos fundantes del racionalismo: los de substancia y causa. Ello lo lleva a adoptar una postura intelectual de escepticismo moderado: hay certeza pero sólo en el terreno de las ciencias formales (pues no son más que juegos imaginarios) y existe una creencia, fundada en la experiencia, que nos sirve como única guía del hombre para vivir en el mundo.
Bibliografía:
Tratado de la naturaleza humana, David Hume.
Historia de la filosofía en su marco cultural, Cesar Tejedor Campomanes.
Diccionario de filosofía, José Ferrater Mora.
Breve historia de filosofía, Humberto Gianini.
Publicado por rdiaz a las Noviembre 25, 2005 9:02 PM
Comentarios
es como estar en clases....
bu.
Publicado por: Mélanie a las Noviembre 26, 2005 11:58 AM
Claro que es como en clases, pues de ahí saco estos textos :-p.Pero, ¿me creerás si te digo que el anterior artículo de Descartes es el más visitado? Mal que mal soy profesor de filosofía, dejame seguir siéndolo.
Publicado por: Ricardo a las Noviembre 27, 2005 9:04 AM
quiero saber mas sobre el entendimiento o conocimiento humano segun hume q es lo q trata de explicar?
Publicado por: jhonny a las Junio 6, 2006 6:28 PM
Logicamente que es como estar en clase, pero esto no significa que sea aburrido. La filosofía o cualquier tema que se estudie, incluso si se está en clase o leyendo un artículo solo es entretenido o interesante si a uno le interesa.
Un bu como comentario????. Eso si es super interesante.
El artículo es bueno, fue de gran ayuda.
Publicado por: Jimena a las Noviembre 1, 2006 8:46 PM
Gracias Jimena, desde hoy te admiro.
Publicado por: Ricardo a las Noviembre 2, 2006 1:17 PM
ahia! yo encontré la pagina tarde (si, son las 1 de la mañana) y en 6 horas tengo que entregar un trabajo y me faltan una banda de cosas, tengo sueño y busque antes pero no lo puedo terminar, no encuentro lo que necesito, y encima se me nubla la vista!
Igual te agradezco por la info, encontré algunas cosas que necesitaba!
Publicado por: Elyana a las Noviembre 17, 2006 12:28 AM
Excelente
Publicado por: flacos41@hotmail.com a las Noviembre 22, 2006 12:04 PM
super clarito, bueno, bueno, bueno. de pronto uno se complica demasiado con nociones muy tecnicas, y articulos como estos vienen como salvavidas. grcias.
pd: mis agradecimientos a señor humberto giannini, exelente ejemplo de labor pedagogica,ahh tambien gracias al señor daslav petricio el meor profe.
Publicado por: eve a las Mayo 7, 2007 2:21 AM