Natividad (1)
Este año ha sido maravilloso, al menos para mí. La espera de Cristina ha puesto a prueba mis niveles de ansiedad y me ha hecho reflexionar sobre el misterio de la vida.
Natividad es un artículo escrito para el boletín del colegio en que trabajo. Ahí pretendo desentrañar el origen de la vida, en especial de la vida de Cristina y enlazarlo con la celebración esta tan popular de diciembre.
Espero les agrade...
Fue un martes en la tarde que, luego de clases, teníamos Claudia y yo cita con el médico ginecólogo. Hacía unas semanas que se nos había dicho que ella estaba embarazada y nos tocaba asistir a la primera ecografía. ¡Prodigios de la ciencia moderna! Antes el término del período menstrual llevaba a las damas a preocuparse de su condición. El abultamiento del vientre era otro signo. La verdad es que parece que antes el embarazo siempre empezaba a los tres meses y no a las semanas como en nuestro caso.
Entramos en la clínica. Yo creí que la sensación sería la misma de cuando vamos a comprar. Los hombres me entienden, al menos aquellos con parejas: las compras significan un esfuerzo del ánimo titánico, no sólo por la espera eterna, que guardamos silenciosos cada uno de nosotros de pie entre blusas, vestidos y chaquetas, que según ellas son distintos entre sí. Pero también están las preguntas, aquellas “¿se me ve bien?”, que incomodan y plantean el dilema moral de si ser honesto o ser fieles al amor.
Pues bien, esto no era así, en aquella clínica los hombres aparecemos con rostro humilde, casi culposo. Nobleza obliga seguramente, puesto que no padecemos de manera directa los cambios, hemos de ser solidarios con la compañía y (después lo sabría) con el servicio.
Nos llaman e ingresamos a la sala de ecografía. La pantalla, el instrumental y mi asiento incómodo, casi accesorio. Gracias a Dios el médico te va interpretando lo que se ve, ¡nada!, pero en medio de esa nada hay unos manchones que son medidos y configurados por el médico. La decepción iba en aumento hasta que... de pronto un sonido, fuerte, ostentoso, desafiante. Un centenar de latidos comenzó a llenar la habitación, fue un ataque inesperado, una cachetada de paternidad que vienen desde donde menos te lo esperas. Ahí en esa nada estaba mi hija, me llamaba, me gritaba su existencia y me exigía una respuesta.

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