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Diciembre 24, 2005

Natividad (2)

La vida es un misterio. Intentar comprender su origen y el sentido que ha de tener es algo que quizás no sólo se logra por la razón. Aquí es cuando el mito se transforma en otra forma de entender la realidad. 

Veamos algunos relatos que explican el origen de la vida...

El origen de la vida.

la vidaEn el principio existió el caos, vino el hacedor y dio forma al mismo, creando y dividiendo, para dar forma y entregar así un espacio, un vientre que albergara la vida. Puso allí a las aves del cielo y a los animales terrestres. Sin embargo hacía falta un ser mejor, uno que dominara todo. Así de su semen divino conformó a un nuevo ser, que respondía a una naturaleza superior, por tanto no miraría inclinado al suelo como las bestias, sino con la frente erguida para apreciar así su origen allá en las estrellas.

El mito romano de la creación invita a apreciar la vida como algo valioso, en especial la vida humana que posee una esencia divina y trascendente. Así como en esa nada ecográfica aparecía, en medio de todo, mi hija dando orden y sentido, así el creador primigenio otorgaba vida a cada cosa creada.

Pero no es el único mito que explica el origen de la vida. Para los chinos todos somos parte de una misma realidad. El caos original tenía la forma de un enorme huevo negro, del cual surgió Pan`ku, quien con su hacha se liberó del mismo. Así la clara del huevo logró conformar los cielos y de la yema viscosa se originó la tierra. Pan`ku las sostuvo separadas y así como un pilar mantiene un edificio Pan`ku ofreció su vida por esta creación. Del cuerpo de este dios enorme y gordo se conformó el mundo. Su aliento fuero las nubes, un ojo el sol, el otro la luna, su sangre los mares y ríos, y su cuerpo las grandes montañas. De sus vellos se conformaron los vegetales que fueron alimentados de su sudor transformado en lluvia. ¿Y nosotros los hombres? ¡Je! Pan`ku tenía piojos, ya se imaginaran de dónde venimos.

Somos uno con la vida, no somos ajenos a ella, lo que ocurra con nuestro entorno inevitablemente nos afectará. Todos somos uno con Pan`ku. La vida en cada una de sus formas merece ser tratada con dignidad y respeto.

Al menos eso también permanece en los aborígenes australianos. La tierra fue conformada en el “tiempo de los sueños”, hasta que las grandes divinidades, los Wondjina, comenzaron a deambular por ella, según algunos tenían forma de serpientes y por ello se formaron los valles y riachuelos que recuerdan el pasos de estos dioses por el mundo. Los hombres nacieron unidos a los demás animales. Por ello el australiano entiende  a la humanidad como algo integrado a su entorno. Estos dioses, casi al finalizar el tiempo de los sueños, aconsejan a la humanidad: "Este es vuestro país. Lo hemos creado para vosotros. Aquí viviréis y lo conservaréis tal como os lo entregamos. No lo dejaréis nunca, pues sois sus Guardianes. Sois los Guardianes de nuestra Creación."

La vida es un préstamo que nace que los dioses. No nos pertenece. El mismo mito de la creación judeo cristiana así lo establece. Dios crea el universo en siete días y al término de cada jornada aprecia lo que va construyendo y lo encuentra bueno. Su creación es buena y la entrega al hombre para que este viva en armonía con ella. El hombre pasa a ser cocreador con Dios, ¿cuándo confundimos esta labor con la de explotación?

Somos seres de vida. Unidos a la divinidad por medio del habla. Nuestros actos han de ser dirigidos a dar vida.

El Popol Vuh establece una creación hermosa. Tal como en  el mito del génesis, el Dios hebreo que crea por medio de la palabra, también la mitología del popol vuh, da importancia al sonido de la palabra. En el caos primigenio, en el silencio absoluto Tepeu y Gucumatz comenzaron a hablar. Del diálogo de ambos, de sus recomendaciones, desafíos y acuerdos, surgieron los cielos, la claridad que lo inunda todo, el alimento que da sustento, la tierra y sus elementos. Pero tal calma no era deseada. En el follaje de los árboles dispusieron a las aves y bajo esos árboles pusieron a los venados. Les pidieron que hablaran, que gritaran en alto los nombres de los dioses creadores. Sin embargo ninguno pudo.

Los primeros padres entonces decidieron crear a un nuevo ser, que comprendiese todo, pero que por sobre todo pudiese hablar y decir los nombres divinos en voz alta. Lo humano se establece en la palabra, en la capacidad de pensar y decir.

Publicado por rdiaz a las Diciembre 24, 2005 3:55 AM

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Comentarios

Como bien dices, somos uno con la vida. Pero que poco la apreciamos en ocasiones. No nos merecemos este don. Quien lo quisiera de verdad debería trabajárselo duro para poder llegar a este punto donde el camino a seguir está guiado por nosotros mismos.

Publicado por: Syliconhands a las Diciembre 24, 2005 5:33 AM

ME PERESIO PESIMO ESTO

Publicado por: NO SE LO VOY A DECIR a las Enero 12, 2007 10:28 PM

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