¿Humanismo?

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Lo curioso de lo humano es precisamente que no está determinado, ni tampoco formado. Lo humano hay que construirlo. Puede parecer una bendición, en el sentido de ser una manifestación de nuestra libertad y de nuestra propia iniciativa. “Yo soy lo que elijo ser”- dice el optimista que sabe que su vida está en sus manos y que se propone construir con ella algo que valga. Sin embargo, en tal plasticidad cabe nuestra maldición: lo humano es algo incompleto, inacabado, quizás sólo un muñón que debe  completarse. Lo complejo, entonces, es cuando la persona se sabe responsable de sí y no sabe que hacer con ello. El ansioso proclama su dolor, “yo debo ser, debo elegirme, ¿por qué debo hacerlo? ¿no sería más fácil no escoger, no responsabilizarme por lo que logre ser?, debo ser y no sé que debo ser”

humanoSin embargo, lo humano en tanto desafío logra conformarse como una meta y aspiración de toda persona. Una meta, que sin querer debemos desarrollar. Ya lo adelantaba Sartre, puedo escoger todo menos mi propia libertad, estamos obligados a ser libres. De esta forma es que es preciso asumir la realización de nuestro propio ser. Hay que asumir las consecuencias: debes vivir, corriendo el riesgo de equivocarte. Puesto que si bien, puede parecer sencillo el resignarme  a tomar decisiones, ello no asegura que tales decisiones sean las más adecuadas o las mejores. Si bien puedo escoger, existe el riesgo de escoger no ser humano. Ejemplos tenemos varios, ya se adelantaba en un artículo anterior, cuando una persona opta por ser un genocida o cuando escoge suicidarse o cuando decide insultar a sus subordinados ¿qué ocurre? ¿Se ha vivenciado plenamente como humanista?

Recoger lo humano que hay en uno pasa por el asumir nuestra propia libertad, pero no está en ella únicamente nuestra realización.  Pasa también por ejecutar acciones que permitan mantener esos niveles de libertad y que se orienten a la aparición de conductas y actitudes que verdaderamente rescaten y defiendan lo humano como algo esencial.

Una  meta de la educación en general es lograr fomentar y desarrollar todas las potencialidades humanas llevando al individuo que se educa a un encuentro con su propia vocación. Desde esta perspectiva toda educación ha de ser humanizadora. ¿Pero es así? La desconfianza puede surgir si advertimos que es posible que algunos humanos no sean tales, ¿por qué no ocurriría lo mismo con al educación?

El problema radica en la concepción que tengamos de humanismo. En algunos esta palabra sólo designa una instrucción tiene que ver con la formación intelectual y cultural. Una persona que se dedica al estudio de las artes y las letras -y sobre todo las artes y las letras clásicas- es considerado un humanista. Esta idea también se refleja en el uso de la palabra 'humanidades' para designar todas aquellas asignaturas relacionadas con la cultura, en oposición a las disciplinas que se ocupan de la naturaleza y las ciencias técnicas. Sin embargo, cabe la crítica, ¿las ciencias no son humanistas? ¿el conocimiento matemático no es una característica nuestra? Si consideramos lo humano como la totalidad de la persona no es posible excluir facetas propias de nuestro desarrollo.

Por otra parte, hay corrientes filosóficas que postulan al humanismo en oposición a todo lo religioso. Lo humanista es lo laico, lo ajeno a lo religioso. Al menos eso aparece ya implícito desde las ideologías renacentistas que desean rescatar al hombre del yugo religioso. Así también lo plantea Sartre en su defensa humanista del existencialismo: el hombre sólo puede ser lo que es a partir de la no existencia de Dios.

Ante estas corrientes surgen  de inmediato voces creyentes que  recuerdan el compromiso de Dios con los hombres, centrándose en la figura del único ser humano pleno: Cristo. A través de él vivenciamos efectivamente lo que significa nuestra humanidad.

 ¿De cuál humanismo hablamos? Si todos somos humanos, entonces estas diferencias de criterio no podrían plantearse, debería existir un humanismo universal que efectivamente nos integrara, que no estuviese sometido a convicciones personales. 

Quizás el error subyace en el génesis de todo humanismo: nosotros mismos. Ya Heidegger nos lo advertía: todo humanismo es metafísico. Con esto nos quería señalar que bajo toda concepción de humano hay previamente una visión personal de lo que éramos, que se remitía en definitiva  a nuestras vivencias, sin tomar en cuenta que cada uno de nosotros es un ser único, inacabado, sometido a un constante devenir. Lo humano no es esencial, lo humano es la pregunta permanente, el cuestionamiento constante. Por ello es que todo discurso, todo proyecto que pretenda ser humanista ha de partir por la pregunta, por la crítica, por la reflexión que permita efectivamente rescatar al hombre y no a los prejuicios que tenemos de él.

Es así como volvemos al inicio, el humanismo, tal como el humano (como tú, como yo) se remite a una revisión constante, a una reflexión permanente de nuestras elecciones. El humanismo, entonces, es la pregunta que nos remite a nuestro cotidiano vivir: educarás en valores humanos, ¿sí? Pues bien dime, ¿de cuál humano hablas?

 

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Esta página contiene una sola entrada realizada por Ricardo y publicada el 16 de Enero 2006 7:48 PM.

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