Reformando la reforma (2)
¿Y qué hacer?

Sin duda que en este país hay personas mejor capacitadas que yo para reflexionar la educación. Sin embargo me permito hacer algunas observaciones...
1. La falacia de la mejor educación. Hace poco oía a un dirigente de la UDI diciendo que lo que se requiere es mayor privatización, pues está visto que la educación privada es mejor que la municipal. Menos malo no significa mejor. La educación chilena en general es de baja calidad. Al menos así lo plantean las diversas pruebas internacionales a las que hemos asistido: Por ejemplo, el mejor estudiante nuestro, según el TIMMS, corresponde al peor estudiante de Inglaterra; o según la prueba PISA, el 55% de los alumnos chilenos no comprende lo que lee ni es capaz de establecer inferencias mínimas. Mientras el estado se siga desentendiendo de la educación y no asegure una supervisión de su calidad, no tendremos un real cambio.
2. La equidad no se resuelve con aumento de subvención. Las diferencias sociales, culturales, intelectuales no son un tema económico. Creer que la equidad se resuelve solo igualando el gasto de la subvención (alrededor de $35.000) con el gasto de un colegio particular ($150.000), es no entender la complejidad de nuestra sociedad y d ela educación en sí. Lamentablemente no todo se reduce a ingresos económicos. Actualmente muchos de los beneficios en educación van a los sostenedores lo que no implica que directamente recaigan en los alumnos o profesores.
Recuerde que la subvención solo se aplica a la asistencia del alumno en el colegio, no a su desempeño o al nivel de logro de sus aprendizajes.
3. Mayor participación no asegura necesariamente mayor calidad. Hay que resguardar que quienes ejecuten esta revisión a la educación sean personas competentes en educación. Como decía Cicerón, una cosa es saber y otra muy distinta es saber enseñar, la educación requiere de un análisis más complejo que solo la visión de economistas o profesores. Pero tampoco muchas voces serán más eficaces.
4. No todo se reduce al factor económico. Mayores insumos en educación no garantizan una mejor evolución de la misma. Ya hemos visto como muchos sostenedores se han enriquecido con los dineros entregados por el estado y mantienen sus liceos en malas condiciones de infraestructura. Se debe capacitar a profesores, sostenedores, apoderados y sobre todo a los fiscalizadores, quienes deben ser más eficientes en la responsabilidad de su tarea.
5. Accountability. Se debe permitir que los alumnos o los padres puedan reclamar no solo por la prestación de servicios educacionales, sino también por su desempeño. Hay que fijar políticas que tiendan más a la eficiencia de la educación que a su eficacia. Sea como sea, el panorama es auspicioso.
Los estudiantes ya ganaron, pusieron la agenda en torno a lo educativo, fueron capaces de tener al gobierno negociando en sus términos y convencieron a todos de sus legítimas demandas. Asistimos a un cambio de las formas de organizarse de nuestra sociedad, puede ser muy beneficioso si lo sabemos encarar y sobretodo si por una vez empezamos a trabajar por una buena educación.
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