Lo humano de las promesas (1)
Cuando escribí sobre el puente de Chiloé se inició una discusión en torno a la factibilidad de realizar tal tipo de obra pública. Si bien ha sido interesante escuchar las voces de algunos chilenos comprometidos con su patria, debo señalar que mi intención al realizar tal artículo no era ésa.
No estaba en mis motivos el realizar una descripción acerca de cómo gastar e invertir los dineros fiscales. ¡Por Dios que no soy yo el llamado a realizar tal tarea! Me declaro ignorante en todo lo que hace referencia a materias económicas (ya hay otras personas que lo hacen muy bien).
Mi problema es otro: ¿por qué hacer promesas que no se cumplen? Mi ánimo al contar la historia de la señora María era manifestar mi desaliento y hastío ante nuestros gobernantes que con su incoherencia entre sus promesas y sus actos solo generan desconfianzas. Y no hay peor desazón que estar ante un gobierno en el cual no podemos confiar.
En última instancia, mi problema es de corte filosófico: en mi opinión estar ante alguien que no cumple sus promesas es enfrentarse aun ser que ha perdido lo esencial de su humanidad. Desde mi perspectiva lo esencial de lo humano estriba en la capacidad de prometer y de ser capaz de cumplir con la palabra antes dicha, de otra forma no sería posible convivir con seres incoherentes que son incapaces de manejar y ejecutar sus propias decisiones.
Las promesas nos constituyen como seres humanos, demuestran nuestra capacidad de decidir y de actuar desde nuestra propia decisión. Al menos eso es lo que pretendo demostrar en tres artículos que publicaré al amparo de lo que ya reflexionó Max Scheler en su precioso texto "El hombre en busca de sentido" (1928). Él desde la fenomenología ha realizado una descripción acerca de lo esencial de lo humano.
Te invito a filosofar sobre la importancia de la spromesas en nuestra vida.
I. El curso de la vida
A partir de una noción netamente ontológica - desde la teoría del Ser -, Scheler distingue a los seres vivos como aquellos que son capaces de hacerse íntimos consigo mismos. Es decir, un ser vivo es aquel que puede tener una prenoción de que su vida se encamina hacia sí mismo, hacia su propio ser. En términos de Scheler un ser vivo es un ser-para-si. Desde esta definición comenzará a exponernos "una graduación desde menor a mayor complejidad, de las distintas formas, en que se manifiestan los seres vivos y en como estos han ido ocupando distintos puestos en el universo de lo que significa ser vivo.
El primer principio que encontramos en los que llamamos seres vivos es el llamado impulso afectivo. El cual se entiende como aquel primer movimiento hacia el medio que realiza un ser vivo. Tal impulso lo contienen principalmente los organismos vegetales, aunque es posible encontrarlo en los seres vivos superiores. Es más, Scheler nos advierte que el hombre, como el ser vivo de mayor complejidad, "contiene todos los grados esenciales de la existencia, y en particular de la vida; y en él llega la naturaleza entera a la más concentrada unidad de su ser".
Es así como este impulso afectivo lo podemos encontrar en la base de la vida y se divide en dos movimientos básicos: uno de “dirección hacia” y otro de “desviación de”, sin nunca especificarse en su sentido primero. Es mero encuentro con la realidad, pero que se constituye en la raíz de todo posterior reconocimiento y unión con la realidad.
El instinto es el segundo grado del ser vivo que Scheler distingue. Este principio, se nos advierte, no guarda relación con la forma tradicional de entender instinto, sino que debe ser entendido desde una nueva perspectiva. Para llegar a su definición es necesario apreciar la conducta de los seres vivos (que en este caso son los animales), ya que por ella nosotros podemos entender los estados internos suyos y así llegar a las características propias de la conducta instintiva.
Tales características son:
1) La conducta instintiva tiene una relación de sentido, con ella se persigue una finalidad.
2) Se da con cierto ritmo en el tiempo.
3) Sólo responde a situaciones que son importantes para la vida de la especie y no para problemáticas propias del individuo.
4) Es de tipo innata o hereditaria, pero que mantiene un grado de complejidad de acuerdo a la evolución del individuo.
5) Por último, el actuar instintivo es a priori al aprendizaje o perfeccionamiento.
De acuerdo a esto es como podemos entender que el instinto es una forma de encuentro con el mundo, hacia aquellos estímulos que retornan con frecuencia, sin ser un encuentro especifico. Ahora bien su diferencia fundamental con la inteligencia procede del hecho de que no responde a una situación concreta del individuo, sino que es un problema propio de la especie.
El tercer principio Scheler lo llama memoria asociativa y "consiste principalmente en la capacidad que tiene el ser vivo (ya sea animal o ser humano) de repetir aquellas respuestas, frente a un estimulo determinado o problema en que ha vivido una experiencia de triunfo. Nace primariamente de lo instintivo en el ser vivo, pero se manifiesta en determinadas situaciones individuales que requieren de una respuesta precisa. Ante tal situación el ser vivo responde intentando 'probar' una respuesta adecuada, que al momento de conseguir un triunfo se tenderá a repetir las veces en que se encuentre en la misma situación, generando así una conducta habitual. La generación de hábitos o costumbres en nuestro vivir cotidiano puede ser muy bien explicado por la actuación de esta memoria asociativa.
Si bien Scheler plantea que la memoria asociativa genera y se relaciona estrechamente con la inteligencia práctica, ha considerado necesario caracterizarlas por separado, para efectos de una mejor comprensión. Esta inteligencia práctica engloba en su constitución a todos los principios anteriores, siendo el nivel psicofisico más elevado.
Entramos así al cuarto nivel de desarrollo: la inteligencia. Sin embargo es una etapa que no es única en nuestra especie humana, sino que la compartimos con algunos animales. Corresponde, principalmente, '''a la capacidad de satisfacer necesidades con nuevas acciones, que nacen de situaciones nuevas y concretas. Es la forma en que el individuo resuelve una situación particular (por ello no es instintiva, ya que es nueva para él y, además no tiene una respuesta habitual, pues no ha existido un modo de resolverla por ensayo o error) Es aquí en donde nace la facultad del elegir y del preferir puesto que es el ser vivo quien opta por la mejor solución al problema.
Así Scheler ha analizado los distintos grados en que se manifiesta la vida, yendo desde los grados del ser vivo más simples hacia los más complejos. Lo curioso, y a la vez, problemático ha sido apreciar que en ningún nivel de la vida el hombre se diferencia de los demás seres. Ni el impulso afectivo, ni el instinto ni la inteligencia son factores que logren diferenciar al hombre de otros seres vivos. Entonces ¿qué queda para el hombre? ¿Hay algún puesto singular en el cosmos, que a él le corresponda?
(continuará...)
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Hola pájaro malo!!
Recién vi tu comentario en mi blog :). Ya había descubierto tu web de antes, en el SL esas cosas siempre son noticia.. aparte apareces en la portada de la página, jaja.
Veo que agarras cualquier tema de actualidad para transformarlo en una tediosa, pero interesante (aunque suene un poco patero :)) reflexión filosófica.
Yo por el contrario no pesco nada de economía, política ni nada, jaja, digamos que esa es parte de mi filosofía de vida :)
Saludos y ponme en tus links!! yo haré lo mismo :p