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Septiembre 13, 2006

LA COSMOVISIÓN ARISTOTÉLICO-TOMISTA

Dos son las grandes formas de encarar el conocimiento y/o la realidad desde la perspectiva de la edad medieval. Ellas corresponden a las raíces griegas en las cuales se inspiraron para poder establecer una ciencia acerca de lo que es, las cuales no son otra que las vertientes propias de la filosofía platónica y la filosofía aristotélica. La primera fue defendida con ahínco por uno de los más ilustres pensadores del catolicismo, San Agustín de Hipona (354-450 d. C.); mientras que la segunda fue abordada y redescubierta por Santo Tomás de Aquino (1224-1274), quien ha sido nombrado por muchos como Doctor communis Ecclesiae, lo cual viene a significar algo así como aquel que pudo ordenar y sintetizar en un sistema todas las creencias propias de la religión cristiana. En este documento pretenderemos abordar su pensamiento, tratando de establecer el orden que presenta su filosofía -en especial, su estrecha coherencia interna-, para poder establecer desde allí algunos principios básicos de su visión antropológica.

Lo primero que debemos aclarar, para entrar a un estudio serio de los autores medievales, es que ellos fueron intérpretes del pensamiento griego, en especial, de aquellos aspectos que podían relacionarse con aspectos propios de la fe cristiana. Su misión fue principalmente sistematizadora de las grandes verdades de la fe, las cuales provenían de la tradición judaica, pero que necesariamente requerían de una expresión y comunicación más universal. Con tal fin, los pensadores griegos acudieron a la filosofía, puesto que ésta se encargaba de comunicar y expresar verdades, que de antaño habían sido enunciadas y que a través de un proceso de racionalización constante podían ser transmitidas por generaciones. Hay, entonces, una utilización del pensar helénico, pero con una intencionalidad nueva que le dio a esta reflexión una personalidad propia. En el caso específico de Santo Tomás, tendremos que referirnos a ciertos términos creados ya por Aristóteles, pero que en el Aquinate cobran un nuevo sentido una nueva valoración.

1. TEORÍA DEL CONOCIMIENTO.
1.1.- EL CAMINO DE LA RAZÓN Y LOS SENTIDOS.
                                                                  "Primum autem quod intelligitur a nobis secundum statum praesentis vitae, est quidditas rei materialis, quae est nostri intellectus obiectum" (S. th. I, 88, 3).

El hecho de que Tomás haya optado por la filosofía de Aristóteles para poder organizar su pensamiento, parece radicar más en la posible importancia que le adjudicaba al dato proveniente de los sentidos. En efecto, si Dios había creado este mundo, desde la nada, y al hombre con cuerpo, unido al alma, era indispensable entonces rescatar la importancia del dato que proviene de lo concreto, de lo material. Por ello, no era posible aceptar una filosofía que radica su pensar en una realidad espiritual y ajena a lo sensible (como lo decía Platón), sino más bien una filosofía que nos permita recoger los datos del mundo de los sentidos.

Él es, en efecto, un realista moderado: el hombre está sujeto al dominio del tiempo, por tanto al no ser un ser espiritual puro, por ejemplo de naturaleza angélica, no puede conocer abstrayéndose del dato concreto. Su conocimiento parte de los sentidos, porque desde ellos es posible advertir la forma que tienen las cosas. El mundo es sensible, pero también, inteligible.

Así es que afirma que el conocimiento debe radicar principalmente a partir de los datos de los sentidos. Son ellos los que nos informan acerca de los elementos que conforman nuestra realidad. Sin embargo, no es un conocimiento automático y directo el de nuestra realidad sensible. Santo Tomás postula cuatro grandes pasos que se deben dar para llegar a constituir el conocimiento del hombre, éstos parten desde el dato de los sentidos y terminan en lo que se llama la percepción o conocimiento de las ideas en el alma cognoscitiva[1]. Estos pasos son:

  1. Species sensibilis: Es el inicio de nuestra representación del mundo. Tomás señala, entonces, que todo conocimiento lo tenemos por medio de los sentidos. Estos nos informan sobre ciertos datos que provienen del mundo material y que somos capaces de captar. Con ellos conformamos imágenes en la imaginación, las cuales serán tomadas más tarde por nuestra capacidad intelectiva.
  2. Species intelligibilis: La imagen sensible que se ha formado en nuestra mente, es iluminada en un estadio superior por el intelecto agente[2]. Éste se encarga de lograr un conocimiento de los objetos universales a partir de los datos particulares de nuestra experiencia concreta. Como estos datos que aparecen acá son de naturaleza suprasensible o espiritual (en tal sentido intelligibilis), no corresponden propiamente tal de una formación de la razón, sino más bien de una suerte de intuición de las esencias, que se logra a partir de la acción del intelecto agente.
  3. Species impressa: Se debe, una vez logrado el conocimiento suprasensible, guardar los nuevos conceptos universales, ello se posibilita a través de una acción de "almacenamiento" de las verdades en el entendimiento posible (intelectus posssibilis).
  4. Species expressa: Una vez que se tienen las esencias de las cosas como conocimientos propios es posible, entonces, hablar de nuestra realidad en función de esas esencias que poseemos y que las verbalizamos al expresarnos de nuestra realidad. Por ello se les llama a estos conocimientos verbum mentis o la palabra de la mente.
    De esta forma apreciamos que en el proceso del conocimiento hay toda una relación entre los elementos que  vienen desde nuestro cuerpo o sensibilidad y los datos que se van conociendo con nuestra alma o inteligencia. A esto se llama el proceso de abstracción que sufre nuestra mente cada vez que intenta conocer algo. Este proceso, entonces, se pasa por tres grandes momentos, que se reflejan en los tres ámbitos del conocimiento que podemos llegar a tener: primero el mundo de lo sensible en su aspecto particular, que se analiza con la filosofía natural; luego, el ámbito de lo extenso o cuantitativo, que se logra abstrayéndose de lo particular, a través de las ciencias matemáticas y lógicas; para, finalmente, llegar al ámbito de lo esencial e ideal, que es el estudio del ser en sí, que se propone la metafísica.

Por último, cabe destacar que el pensamiento tomista no pretende ni convertirse en un empirismo ni en un racionalismo extremo. No está la intencionalidad en querer priorizar razón por sobre sentidos, ni viceversa, sino sólo presentar lo que se manifiesta en todo conocimiento, buscando dar la importancia que merece cada facultad del hombre.


1.2.- EL HOMBRE COMO UN SER CON CUERPO Y ALMA.
                                                                              "Competit eis (animabus humanis) ut a corporibus et per corpora suam perfectionem intelligibilem consequatur" (S. th. I, 55, 2)

Debe llamarnos la atención la importancia que adjudica Tomás de Aquino al dato que proviene de nuestro cuerpo, en especial de nuestros sentidos. Usualmente se suele adjudicar a los pensadores religiosos una postura más espiritualista que busca alejarse más y más del dato de lo corporal. En muchos textos religiosos, incluso, la mención de la "carne" es considerada como una realidad degradante y pecaminosa. Sin embargo, Tomás plantea su gnoseología desde el dato que da el cuerpo. La visión cristiana de la relación alma y cuerpo, en ningún sentido atenta contra lo material en beneficio de lo espiritual, es más el hombre es entendido en esta relación como un ser compuesto por ambas realidades.

Sin embargo, lo que diferencia al hombre es lo que está en su forma. Recordemos que la forma es aquel principio que nos comunica el ser de las cosas, en este caso es el alma, pues es el alma la que posee el impulso de vitalidad y anima el cuerpo. Sin embargo entramos aquí en una problemática que no queda resuelta con Santo Tomás: si es el alma la que comunica el ser (da la forma) al cuerpo, tenemos entonces que efectivamente podemos plantear una distinción entre cuerpo y alma, a no ser que este compuesto participe de otra forma distinta. Santo Tomás  no da una solución adecuada a este problema puesto que termina afirmando que la forma del alma viene a ser la misma forma del compuesto (con lo que triunfa la idea platónica de que el hombre es su alma):
                       "El alma comunica el mismo ser con que ella subsiste a la materia corporal, y de ésta y del alma intelectiva se forma una sola entidad, de suerte que el ser que tiene todo el compuesto es también el ser del alma" (S. th. I, q 76, 1 ad 5)
Ahora bien, lo que sí podemos hacer, es descubrir las características que presenta esta alma del hombre, a partir de los elementos que hemos advertido en nuestro estudio sobre los procesos del conocimiento:
  • El alma debe ser inmaterial para poder contener en sí las esencias que son primariamente suprasensibles o espirituales. De lo contrario el hombre debería centrarse en descubrir sólo particularidades de su realidad, imposibilitada de aprehender conceptos universales.
  • Si la captación de las esencias de manera intuitiva gracias al intelecto agente ocurre, se debe a que el entendimiento se apoya en el dato de los sentidos y de la imaginación, pero su acción la realiza con independencia de ellas, así que es posible suponer que el alma posee su propia substancia y no perece con la muerte corporal. Por ello lleva en sí el principio de la vida, con la cual da forma al cuerpo (piense en lo que dijimos respecto a su forma y su materia).
  • Así es como el intelecto agente, la racionalidad, que es la forma que distingue al alma del hombre, ha de poseer en sí el principio de la inmortalidad, pues no es afectada como ya dijimos de la substancialidad. El alma es su propia substancia y es una substancia inmortal.
  • El alma además posee una unión perfecta, no se divide en distintas almas puesto que lo que la distingue, su racionalidad, constituye la forma que la determina. lo que sí es que posee en sí los principios de almas inferiores, que se manifiesta en las distintas clases de potencias o facultades que posee el alma: vegetativas, que se refiere al impulso básico de la vida que se aprecia también en las plantas; sensitivas, que aparece en animales superiores y se refieren al contacto que éstos hacen con el mundo a través de sus cinco sentidos (vista, oído, olfato, gusto y tacto) y a los cuatro  sentidos internos (sentido común, fantasía, memoria sensitiva y estimativa); las apetitivas que se refieren a las tendecias instinticas del hombre y los animales; locomotivas, gracias al movimiento local espontáneo del hombre y los demás seres  superiores; y por último, las intelectivas, que se expresan en las capacidades propias del hombre de querer libre y de pensar.

Así podemos encontrar en Tomás una primera visión del hombre a partir de su teoría del conocimiento. Sin embargo debemos atender también al hombre, en tanto que constituye una realidad existente junto a otras realidades. Veamos pues la visión del hombre desde la metafísica tomista.


2. TEORÍA DE LA REALIDAD SEGÚN EL TOMISMO.
2.1.- CARACTERÍSTICAS ARISTOTÉLICAS DEL SER INTERPRETADAS POR SANTO  TOMÁS.
                                                                              "Emanatio totius entis a causa universali, et hanc quidem emanationem designamus nomine creationis" (S. th. I, 45, 1)

Una de las diferencias usuales que posee el pensar medieval, respecto al griego, radica en el concepto distintivo de historia y de la comprensión del tiempo. Se adjudica a Nietzsche esta distinción, que él atribuye a la distinción entre tiempo lineal (el cristiano) y el tiempo circular. La verdad es que en los griegos no hay una referencia explícita respecto al tiempo (al menos los grandes clásicos), tema que sí ocupa a los pensadores cristianos, quienes sí se ocupan de la historia, en especial al darse cuenta de la importancia que tiene en las verdades de la fe los conceptos de creación o de una historia de salvación, por medio de la acción directa de Dios. Serán estos dos componentes los que van a influir sobre la concepción de realidad que se advierte en Santo Tomás. comencemos analizando el concepto de creación.


El dato de la revelación postula que Dios ha creado todo lo existente, esto lo intenta expresarlo utilizando los conceptos aristotélicos de causa y efecto. A partir del análisis de la filosofía aristotélica tenemos que es posible advertir en toda la realidad ciertos movimientos que deben tener un origen. "Todo lo que está en movimiento es movido por otro", dirá Aristóteles. Y la causa  que informa, dona o comunica la forma es la causa eficiente. A través de ella se da el ser a las distintas cosas. Ahora bien, respetando lo que dice el neo-platonismo, tenemos que las causas siempre son superiores al efecto, de tal manera que debe existir una causa de todo movimiento, que encierra en sí misma todas las características y que por esto no es movido por otro: Dios.
Dios entonces aparece como el ser que da el ser a todas las cosas, por medio de la creación. Ahora bien, las cosas, las esencias que vemos en la realidad y que han sido  creadas, bien pueden ser entendidas desde la teoría aristotélica:


Substancia primera y segunda: Por substancia se predica en primer término del aquello que es, en sentido estricto aquello que es por sí, en el sentido de que posee una cierta independencia en su propio ser, que no depende de otra cosa, como lo sería el accidente, por ejemplo. Lo que sí queda por sentado es que su ser de por sí depende de alguna causa superior, salvo el caso de Dios. Se refieren estas sustancias a lo concreto y material que surge de la experiencia cotidiana.
Por su parte la substancia segunda se refiere a aquello que es común en muchos individuos y que coincide con la especie o el género y que Santo Tomás llamará esencia.


Materia y forma: Aquí Tomás sigue de cerca la teoría aristotélica, materia es el principio que constituye toda substancia, individualizándola y apareciendo junto a los accidentes. Por otro lado la forma es la que determina el ser que tendrá la substancia. Hay que reconocer, eso sí, que en la visión tomista la substancia se constituye por el compuesto de materia y forma.
La materia posee el principio de individuación, puesto que en la forma se contiene  lo universal del compuesto. Al respecto no hay materia indeterminada preexistente que luego es actualizada por la forma, sino que ambas características se poseen entre sí, son dependientes.

La materia posee el principio de individuación, puesto que en la forma se contiene  lo universal del compuesto. Al respecto no hay materia indeterminada preexistente que luego es actualizada por la forma, sino que ambas características se poseen entre sí, son dependientes.


Acto y potencia: La materia en cuanto necesita ser determinada, incluye un cierto estado de pasividad, que no posee la forma que activa de alguna forma a la materia. Ambas son modalidades del ser, las cuales se necesitan unas a otras para llegar a convertirse en una substancia. Con esto se supone que debe existir algún principio causal que va actualizando (dando el ser) a las diversas sustancias que existen y que , a la vez, es un acto puro en sí.


Esencia y existencia: El elemento novedoso que aparece en Santo Tomás son los de esencia y existencia. Por esencia hemos advertido, hasta el momento, que son la forma de ser que presenta una substancia. Sin embargo, con ello no explicamos cómo llegan a ser lo que son. La esencia procede por tanto de la existencia, puesto que para ser algo, primero se debe ser[3]. El ámbito de la existencia se refiere a la manifestación de como se presentan las diversas substancias, a su presentación en lo real. La existencia es el ser real con que se manifiestan las cosas y que provienen precisamente de aquel ser en el cual su esencia se iguala con su existencia, puesto que no es informada por nada exterior a Él.


La esencia es la respuesta a la pregunta qué es la cosa (quid sit res?), mientras que la existencia es la respuesta a  si la cosa es (an sit res?). En el existir es cuando se actualiza una substancia.
Tomás concibe la esencia como como aquello por lo cual y en lo cual la cosa tiene el ser, en el caso de las realidades sensibles lo estaría en el compuesto de materia y forma y no sólo en una de ellas:

La esencia es la respuesta a la pregunta qué es la cosa (), mientras que la existencia es la respuesta a  si la cosa es ( En el existir es cuando se actualiza una substancia.Tomás concibe la esencia como como aquello por lo cual y en lo cual la cosa tiene el ser, en el caso de las realidades sensibles lo estaría en el compuesto de materia y forma y no sólo en una de ellas:


“El existir de la substancia compuesta no es solo el existir de la forma, ni solo el existir de la materia, sino de su compuesto. La esencia, por otra parte, es aquello según lo cual se dice que la realidad existe. Por eso conviene que la esencia, por la cual la realidad se llama ente, no sea tan sólo la forma ni tan sólo la materia, sino ambas, aun cuando tan sólo la forma sea, a su manera, la causa de su ser” (De ente et essentia)

2.2.-    EL CONCEPTO ONTOLÓGICO DEL HOMBRE.
                                                                                         "Persona est naturae rationalis individua substancia" (Boecio).
El hombre se entiende desde esta perspectiva como una substancia primera, en la cual su forma es su alma y su materia su cuerpo. Ambos son una unión tal que constituyen el ser del hombre. Sin embargo, cabe destacar que la esencia del hombre se caracteriza por su racionalidad, es ella la que constituye la forma del hombre, pues sólo desde allí se distingue de los demás seres vivos.
Por otra parte, el hombre es primariamente una substancia primera, de la cual podemos formar un concepto general, que sólo nos sirve para aspectos de investigación teórica, pero que no se relacionan con la existencia de una posible alma universal de todos los hombres (cayendo así en una suerte de panteísmo). En concreto en la realidad apreciamos hombres y en especial a este hombre.


De acuerdo a las características anteriores  vemos que la definición que mejor puede entender al hombre es la que da Boecio al denominarlo como persona. El hombre es la persona, es decir, aquel ser individual de naturaleza racional que se dirige por sí mismo en su vida cotidiana. En tal sentido es que Tomás les llama substancia primera o hipóstasis, puesto que reside en sí misma y no en otra.


Tal definición nos conecta con lo que más tarde será el concepto de personalidad, para referirse a la totalidad del ser de un hombre. Pero en Tomás de Aquino su intencionalidad al destacar esta definición, será la de apreciar en esta independencia y singularidad -que se debe a la facultad de la razón-, una imagen del modo de ser propio de Dios: el acto puro, el ser que existe por sí mismo y que no depende de otro.
                                  
3. DIOS COMO FIN DE TODAS LAS COSAS
3.1.-    EL CONCEPTO ÉTICO DEL HOMBRE.
                                                                                         "...sicut nihil potest esse quod non sit a Deo creatum, ita nihil potest esse quod eius gubernationi non subdatur" (S. th. I, q. 103, a. 5)

En cuanto que Dios se manifiesta como causa de todas las cosas, por el hecho de haberlas creado, también Él aparece como el fin hacia lo cual todo tiende. En tal medida Dios es causa final de todos los objetos y criaturas, incluida el hombre. Sin embargo ese tender hacia el fin o bien que es Dios, debe depender de las cualidades propias del ser de la criatura. Ningún ser puede tender a su finalidad propia sin partir actuando conforme con su manera específica de ser.
La cuestión, entonces recae en el modo que posee el hombre de tender a Dios. Todos los demás seres, inferiores al hombre (según  el Aquinate), son movidos por necesidad. Sin embargo en el hombre vemos que el origen de sus actos, gracias a su cualidad de ser persona, son independientes de toda naturaleza y corresponden a una facultad propia del hombre: su voluntad.
A través de su voluntad el hombre aparece en un lugar privilegiado de la creación humana. En cuanto participa de su naturaleza espiritual, el hombre es libre de tener que regirse por la necesidad que coordina las acciones de la realidad material. Pero, en tanto que pertenece al plano de lo material, su independencia y sus decisiones están bajo la luz de acciones cambiantes y no eternas. Sus decisiones caen en el tiempo y no en la eternidad. Por tanto el hombre  puede modificar sus propios impulsos.


Así el hombre debe aspirar a buscar por sí mismo ese fin. Podríamos decir que tal fin se lograría con una virtud de la facultad más digna del hombre: su razón. Sin embargo, en tanto que el conocimiento logra captar intuitivamente las esencias, no hay una aspiración o búsqueda, sino más bien una posesión (intelectual, pero posesión al fin y al cabo). Por tanto la virtud que mejor nos predispone para alcanzar a Dios no será un hábito de la razón, sino de la voluntad que busca aspirar a Dios: el amor que actúa por sobre la voluntad. La felicidad del hombre, por tanto, que es la contemplación de Dios, en tanto encuentro con Él, sólo se logrará a través del amor.
El hombre, por último, aparece como el ser que ama y que busca alcanzar con ese amor el encuentro con su propia fuente: Dios.


4. BIBLIOGRAFÍA.
Summa Teológica I. Tomás de Aquino, Editorial Herder.
Historia de la filosofía, Johannes Hirschberger, Editorial Herder, Barcelona 1977.
Historia de la filosofía, Juan Abad P. y Carlos Díaaz H., Ed. McGraw Hill, Madrid 1996.
Diccionario de filosofía, José Ferrater Mora, Editorial Sudamericana, Buenos Aires 1969.



  [1]Nótese la relación que guarda esta teoría de la formación del conocimiento con las que aparecerán más tarde con la psicología  moderna, en especial  la escuela de la Gestalt.
     [2]Intelecto agente: Para Tomás de Aquino es la virtud que posee el alma de hacer inteligible lo que lo sensible posee de inteligible. De esta forma es este intelecto el que nos permite acceder a la comprensión de los conceptos universales.
[3] Existir: acto por el cual una esencia tiene ser.
Existir: acto por el cual una esencia tiene ser.Existir: acto por el cual una esencia tiene ser.Existir: acto por el cual una esencia tiene ser.
Existir: acto por el cual una esencia tiene ser.Existir: acto por el cual una esencia tiene ser.Existir: acto por el cual una esencia tiene ser.Existir: acto por el cual una esencia tiene ser.Existir: acto por el cual una esencia tiene ser.Existir: acto por el cual una esencia tiene ser.

Publicado por rdiaz a las Septiembre 13, 2006 11:04 PM

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