Hombre de ninguna parte
Después de su habitual noche de parranda y fielmente acompañado de sus quiltros guardaespaldas, cruzó Baquedano muy temprano entre la bruma, con todo el boato de un Lord inglés. Y aunque los jirones de sus ropas hedían más que un pijama de león, con singular elegancia estacionó su peculiar Mercedes -made in Supermercado Infante- para dedicarse impertérrito a la lectura. Más tarde, hizo una clínica de esgrima con su bastón de bucanero posmoderno, pero sacó la peor parte. Hoy, la nostalgia nos corona ante su ausencia, la soledad es un país desconocido, su partida es un dolor que no anhelamos mientras, nosotros, los futuros hombres para los demás, con las ventanas abiertas de nuestro corazón, todavía tenemos la secreta esperanza de volver a oir abajo en la calle su invencible grito de batalla: ¡Póngale Wendy!
Benjamin Guzmán
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Que parecido a los pensamientos de estos ultimos dias.!
Una pena, ya me había gustado la manera del Sr.Guzman.
Saludos profe !