Memoria Social II

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II

¿El Fin de la Historia o la “Alternativa”?
“He aquí el dilema…”

Por Francisco Torres

los postergadosConversando con algunos pobladores de una “tomas” en nuestra ciudad, me pareció interesante lo que concluyeron como grupo social; que su esperanza de mejorar su status social y levantar un proyecto popular esta decididamente desterrado y que  es prácticamente imposible  que “aparezca” una alternativa de cambio al “modelo”. Esto no quiere decir que el país se está derrumbando o que vive una tremenda crisis ni mucho menos, sino que a ojos del ciudadano (del “bajo pueblo”), existe la impresión de que los problemas realmente circunstanciales e importantes para el conjunto de la Nación, como lo es; la participación ciudadana, la soberanía y apoyo estatal, son excluidos sistemáticamente de la discusión por la clase política. Esta visión ciudadana, que muchos llaman “alejada de la realidad”, no se aleja demasiado de estudios y trabajos de sociólogos, cientistas e historiadores, en donde manifiestan abiertamente que “Chile vive una democracia restringida y que la alta estabilidad del sistema político chileno- orgullo de la clase política- no ha sido acompañada de cambios profundos que necesita y espera la gente.”  En este contexto, no es aventurado decir que las manifestaciones sociales en chile (como la de los estudiantes) son ensayos desesperados de ejercer ciudadanía.
Es mas, un Informa del Programa de Naciones Unidas sobre Seguridad Humana de 1999 manifiesta que “Chile presenta mas seguridad objetiva que subjetiva” [1].


Al parecer, pese a las gloriosas cifras Macro-Económicas, la ciudadanía, esta constantemente atormentada por su salud, su pensión, su educación, su vivienda etc. Es decir se siente insegura de su propio futuro.
Como quiera que sea, lo concreto es que variados actores sociales- incluida la clase política- admiten que nuestro país (pese al reciente intento del actual gobierno de crear un “Gobierno Ciudadano”), posee desde un punto de vista Histórico una gran deuda con el ciudadano, pues, al parecer, el problema del labrador y del artesanado del Siglo XIX, los trabajadores y “empresarios fundidores” del XX, son casi iguales a los problemas de las PYMES del Siglo XXI y casi el mismo tipo de demanda : carencia de apoyo y fomento Estatal [2].
En fin. De vuelta hacia mi casa y meditando las palabras de los pobladores en la micro, pensé que a lo mejor, los pobladores tenían razón, que el cambio es “prácticamente imposible”, que no sirve de nada ser “Quijote” para estos asuntos tan complejos y que el “Fin de la Historia” (tesis sociológica que plantea que el capitalismo en cualquiera de sus formas es el único que puede mantenerse y triunfar en la Historia) era verdad.
Llegando a mi casa, un tanto “bajonia`o”, después de ver televisión y de comer algo, me puse a leer el nuevo libro del maestro Gabriel Salazar Vergara: “Construcción del Estado en Chile: 1800-1837”.  Es de esos libros gordos, de quinientos y pico de páginas y con una hermosa portada de nuestro palacio de Gobierno. Entusiasmado por el atractivo prologo, me seguían rondado en mi cabeza las palabras de los pobladores, pero, sin escrúpulos, seguí leyendo. Al terminarlo, mi estado de ánimo se altero considerablemente. Me sentía muy bien y mi bajón se había esfumado, especialmente por el final de este (el prologo):

 

 “...es obvio que este trabajo esta dedicado a la “masa-ciudadana” y especialmente a la juventud” [3].

 

Bueno, pasaron tres largos días y por fin me había terminado el libro (seguía pensado en los pobladores). Hasta que  ¡crach! Se me enciende en mi mente una idea que resumía muy bien el libro de Salazar y que tenía bastante relación con los pobladores. Saque la conclusión de que ¿cómo vamos a buscar una alternativa al modo de vida o al “sistema”, si en nuestra memoria histórica, viva y tambaleante no existe registro alguno de ejercicios soberanos, poder ciudadano, participación social y valores comunitarios? En síntesis de una “alternativa”.
            Así es, difícilmente podemos pensar en un cambio, si nuestra memoria social como Nación, no tiene almacenado acontecimientos donde el “pueblo en su conjunto”, es decir la ciudadanía, sea actor y protagonista de su historia, donde levante y luche por una alternativa de vida. Pues,:

 

“…hoy no se puede planificar nada, no se puede proyectar nada, no se puede programar nada en el plano social, si no contamos, si no tomamos en cuenta esta memoria social” [4].

 

El problema se encuentra, en que en nuestra memoria social, conceptos como soberanía, ciudadanía, democracia participativa, históricamente están bloqueados. A lo mejor, en el vivir diario, las “tomas”, si poseen en su memoria social, estos conceptos. Pero, desde el punto de vista nacional e histórico, esto no es así, pues, gracias a los itemes extras que posee la memoria oficial, aquella, logra finalmente establecer su hegemonía. De tal modo, que la memoria social en el escenario publico, se ve ampliamente sobre pasada, por su “gemela”, la memoria oficial, que por lo demás entra en directa confrontación con la primera.

 

“Por lo mismo, cuando el historiador se sitúa para trabajar tras el ciudadano, lo hace como un arqueólogo: desenterrando sujetos y hechos ocultos, devaluados u olvidados. Casi subversivamente” [5].

 

En aquella memoria colectiva (dominada), si aparecen las eternas constituciones, los grandes proceseres, las famosas “gestas heroicas”, las gloriosas batallas y las inmemorables fechas. Que por lo demás, el ciudadano no  aparece en ninguna de estas, como protagonista.
Es por eso, que cuando llegue el momento necesario para el cambio y el contexto así lo amerite, la ciudadanía operara sobre las tradiciones y antecedentes no-ciudadanas que están en su memoria. Cabe preguntarse al respecto ¿En dónde vamos a buscar “esa” alternativa, si en nuestra memoria social-ciudadana esta cercenada, oculta o definitivamente “no existe”?
 De difícil y compleja tarea será, si al revisar nuestra Historia Oficial (“Nacional”), sus actores y acontecimientos, los valores de aquella están invertidos. Se levantan estatuas y glorias a héroes y proceseres, con el nombre de estadistas. Se evalúan e interpretan hechos faccionarios y anti-democráticos como “hazañas nacionales”. Se exaltan, inmutan y eternizan (algo así como la “Ideas” Platónicas), las constituciones, el “orden” y el Estado en forma, sin importar si este fue construido legítimamente por la ciudadanía y si beneficia a esta. ¿Cómo vamos a buscar un cambio, si idealizamos a un O`Higgins, un Portales, un Prieto, un Alessandri, un Ibáñez o un Pinochet?
De mas esta decir, que en la Historia Oficial, la soberanía ciudadana- que ah sido históricamente más de ¾ partes de la Nación- simplemente queda excluida de un plumazo. Es mera espectador y chusma falta de Ilustración como para abordar temas tan “importantes para la Patria”. Más difícil será aun salir de esta red, si se sigue considerando como “padre de la historiografía chilena”, al principal promotor de estas ideas: Diego Barros Arana (especialmente lo de “falta de ilustración”) [6].
Basado en eso, una pregunta que siempre me eh hecho desde que descubrí la “magia de la historia” es ¿Cómo se debe sentir un profesor- en calidad de ciudadano-en enseñar o transmitir una historia ajena a su condición y a la mayoría chilena?

a ciudadanía operara sobre las tradiciones y antecedentes que están en su memoria.

 

“Nunca se ha escrito en Chile la historia de la sociedad civil Chilena, tenemos la historia del estado, tenemos la historia de las exportaciones e importaciones, tenemos la historia de algunas grandes empresas, tenemos historias de partidos políticos, tenemos historia de presidentes, pero no tenemos la historia de la sociedad civil” [7].

 

Aquella ajena Historia “desde arriba”, que lamentablemente se transformo en Nacional (pese a que representa a una facción), a través de planes educacionales, manuales escolares y cultura en general, va progresivamente fomentando en nuestra memoria, anti-valores.  ¿Qué ha producido todo esto hasta el dia de hoy?. Que el ciudadano medio, no se sienta actor y protagonista de la Historia, pues es excluido. De manera tal, no tiene por que tomar responsabilidad alguna con ella (Historia) y por ende solo es concebida como pasado.
Aunque, si bien es cierto que el sistema educacional, es el principal “promotor” de la Memoria Oficial, no se debe caer en el error- como lo hace la Historiográfica Marxista- en pensar que la imposición de esta Memoria, se debe a un sistema de dominación “perverso” por parte de una “clase dominante” (es equivalente a encontrar verdadero el absurdo teórico marxista de que “los pobres son buenos y los ricos malos”) [8].
 La respuesta a este comportamiento y el “¿Por qué?”, tiene hondas raíces históricas y culturales, heredadas del tiempo Colonial, que por lo demás, no cabe aquí señalarlo.
Como se dijo, los valores de nuestra memoria social están invertidos. Es todo un círculo vicioso que se traspasa de generación en generación, de década en década, de familia en familia y de memoria en memoria. Si partimos de esa premisa ¿Cómo la ciudadanía entonces evalúa los grandes acontecimientos y procesos históricos? ¿Cómo va a ser su interpretación sobre los grandes próceres y sus hazañas? Obviamente al igual que esos valores, su evaluación histórica y perspectivas van a estar invertidas. De esta forma se cae en errores como; concebir la soberanía popular solo como un voto, euforizar un nacionalismo, tener un respeto irrestricto a la ley sagrada y al orden “en si”, casi como valores metafísicos. Lo de la ley sagrada es muy interesante, pues guarda directa relacion con el problema del Estado. En la memoria ciudadana, casi se ha hecho un hábito concebir la ley, como algo abstracto y absoluto. Algo así, como la Biblia: “…Érase en el principio” Pero ¿Y antes de” el principio” que? ¿Acaso siempre existió ley y Estado? ¿Si no es así, cómo se construyo el Estado y se creo la ley? No importa esta allí y eso es lo que vale. Lo único que se logra con esto es indirectamente negar la soberanía nacional y sus verdaderos valores.
Es esto lo que explica como podemos ver para los grandes constructores, estadistas, héroes y “libertadores” de Chile; calles, estatuas, edificios y todo lo que se imagine uno. En cambio, solo olvido bajo tierra para el resto del país (a menos que un prócer distinto o “alternativo” haya realizado un acto épico o anormal, como el suicidio de Balmaceda y Allende). En este caso, se levantan estatuas y honores a  “la” persona José Manuel Balmaceda y “la” persona Salvador Allende, no de sus proyectos ni ideas, ocultando y tergiversando-de esta forma-lo que realmente defendieron.

 

En este contexto, es muy difícil que “la alternativa”  al modelo de vida o sistema aparezca.

 



[1] Esto no contrasta con las recientes encuestas sobre ciudadania que realizan diferentes organismos.  Ver por ejemplo encuestas de la CEPAL y del CEP.
[2] Cuando la cultura economica de un pais es extremadamente liberal (o capitalista), como el caso chileno, siempre los pequeños y bajos empresarios (XIX,XX y XXI), han demandado lo mismo.
[3] Gabriel Salazar Vergars, Construccion de Estado en Chile 1800-1837, Editorial Universitaria, 2006, Santiago-Chile.
[4] Op.cit, pagina 27.
[5] Op.cit., pag 33.
[6] Su gran obra es la famosa y difundida Historia General de Chile, publicada en 16 gruesos volúmenes entre 1884 y 1902.
[7] Gabriel Salazar y Julio Pinto, Historia Contemporanea de Chile, Tomo I, pagina 18, Lom Ediciones, 1999, Santiago-Chile.
[8] Ver Luis Vitale, Interpretacion Marxista de la Historia de Chile, Latinoamerica Ediciones, 1969, Santiago-Chile. Especialmente Tomos III y IV.

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