Memoria social
Francisco ya apareció por Kimniekan con un interesante artículo sobre el "Capitalismo cognitivo". Hoy repite con un tema de historia.
Memoria social, historia oficial y epistemología
(Algunos puntos a considerar)
Francisco Torres
IntroducciónYa desde los tiempos de la escuela aristotélica, se manifestaba que el hombre se diferenciaba del animal, por su capacidad de “raciocinio” y la función de esta, en alterar el medio de manera eficaz para el mismo hombre.
Ese “Raciocinio” que hablaba el viejo Aristóteles puede entenderse como una herramienta o valor agregado que posee el hombre para realizar cambios (cuales quieran que sean) en su medio y así generar una mejor adaptación. En definitiva, se puede decir que en su concepción Universal el raciocinio abarca todas las clasificaciones, esquemas, itemes y herramientas, que usa el hombre cuando proyecta el mundo material en su mente.
Una de estas herramientas, es importante, es la Memoria, aquella, es de suma importancia inter-subjetiva, pues almacena y sintetiza nuestras vivencias y experiencias, para que en un futuro (lejano, medio o cercano) la utilicemos como instrumento resolutivo o aclaratorio en situaciones definitorias y problemas diarios. Es en la relación “experiencia-memoria”, en donde el hombre a través del “ensayo-error”, va progresivamente creando su Identidad, es decir, lo que diferencia a personas (nivel micro) o Naciones (nivel macro).
Como podemos ver, la memoria cumple un papel más que importante en la creación de una cultura e identidad para nuestras vidas. Salta, juega, aparece y desaparece. Es nuestro disco duro. Almacenamos, excluimos e incluimos nuestros sentimientos, derrotas, victorias, alegrías etc... La información que queda guardada (memoria de largo plazo) es por que aquella, es capital o representa momentos y procesos importantes.
Cuando se nos presenta un problema y queremos encontrar solución a este, apelamos a ella, buscando alternativas posibles al caso.
Pero ¿Qué sucede si una persona o una Nación no posee memoria? ¿Si alguien por diversos motivos la cercenó y la escondió? Si no existe registro alguno de identidad propia ¿Cómo evaluar los hechos?
En este trabajo, analizaremos aquel problema e interrogantes, pero no desde un punto de vista Ontologico y Científico, sino Sociológico e Historiográfico.
No es objetivo de este ensayo, sistematizar explícitamente como funciona la memoria social, ni como se ha formado históricamente la “memoria oficial”, ni los tipos de memoria que existen o se encuentran, sino dar una mirada un tanto global a la escisión de las dos “memorias” y comprender el papel que juegan cada una de ellas en la vida diaria del ciudadano.
En consecuencia, centraremos el análisis en la Historia de la Memoria Social, como Nación, desde una perspectiva social y de cambio.
I
Nuestra Histórica Historia
Bien es sabido, que en los acontecimientos sociales, existen diferentes actores y protagonistas que se desarrollan y envuelven en disímiles espacios. En consecuencia, producto de la experiencia, nacen diversos modos y visiones de comprender la realidad. Es por eso que la Historia, dentro de su objetividad, posee una alta porción de subjetividad [1].
En general- con diferentes matices- podemos apreciar dos tipos de interpretaciones: a) la versión de los Ganadores y b) la versión de los Perdedores. En el caso “a”, el conjunto social se compone especialmente de elites, clase política y militares, que han irrumpido en la Historia- en el caso chileno- gracias a intervenciones facticas y procedimientos bien cuestionables. Vale decir, han operado con herramientas mas que efectivas pero muy poco democráticas.
En tanto que el caso “b” (versión de perdedores), en Chile ha sido siempre la mayoría Nacional: es decir, la ciudadanía. Esta actúa, a diferencia de la otra, en base a redes horizontales de soberanía, en esencia democráticas.
En fin, ambas son legítimas y aceptables, que sirven para conformarse un juicio epistemológico más completo [2]. Por ende no se excluyen sino se complementan [3]. Pues si concebimos que el conocimiento, es el espacio en donde el hombre puede apelar, cuando tiene una duda o se encuentra en problemas, es necesario que aquel, sea rico y completo, que abarque todas las opiniones y versiones distintas, para que no se caiga en una unilateralidad, a veces, muy poca efectiva a la hora de practicarla.
Juntar estas visiones y llevarla a “un todo”, es lo legítimamente correcto, tanto para las futuras generaciones, como para la Historia misma. Esto es lo que se debería hacer para el bien del hombre y su conocimiento (o para el bien de la Nación y su Memoria) en “teoría”.
El problema radica en que en la práctica -por diferentes circunstancias históricas- sucede totalmente lo contrario. Los grandes Triunfadores, Elites, Clase Política y Militares - luego de sus triunfos- levantaron un discurso, que aplasto y censuro drásticamente a los Perdedores (ciudadanos), produciendo una hegemonía sobre su gemela y homogenización en las ideas de la sociedad. Creando la Memoria Oficial. Esto data aproximadamente de 1830, donde el famoso “estadista” Diego Portales da un brutal golpe de Estado [4].
De esta forma, el conocimiento y la memoria histórica de chile, fue apareciendo como una mercancía o bien cualquiera transable, que se ponía a disposición- con un poco de “orden” y fuerza- sobre la facción triunfante. Y así paso. Se monopolizo por “esa” facción, y fue funcional a “sus” ideas y proyectos. Algunas fechas podrían reflejar lo dicho; 1830, 1851, 1859, 1891, 1925, 1973 y otras más, son algunos ejemplos de intervenciones facticas.
La Historia, paso a ser pues, la Historia de ellos. Ésta, al contrario de la visión perdedora (ciudadana en general), poseyó -y posee- un valor agregado, un ítems adicional; las grandes tribunas, medios de comunicación masivos, influencia, difusión etc.
En este contexto, una sola visión de la historia, pasó a dominar la opinión pública -llegando a cada uno de los chilenos, transformándose rápidamente en Historia Oficial de Chile.
La versión ciudadana, que conjuntamente con la interpretación triunfadora, formarían una versión “Nacional”, fue brutalmente cercenada. De manera tal, que la oportunidad de hacer epistomologicamente un juicio más completo, que en fin, ayudaría al conjunto de la Nación, se esfumó tempranamente en el Chile Republicano.
Es verdad que esporádicamente los movimientos de raíz ciudadana han irrumpido en nuestra historia más de una vez utilizando su propia memoria, pero a través del tiempo, esto se ha ido apagando. Pues, la Historia Oficial o Memoria Oficial llega a todo el sistema educacional chileno (a través de manuales y textos), formando juicios históricos -desde muy temprana edad- conservadores y falsos. Ejemplos hay en abundancia, solo vasta incluso con revisar los libros escolares de Historia y ver por allí algún nombre de calle, establecimiento, institución o estatua para los “Grandes Próceres de la Patria”. Es por eso, que el movimiento ciudadano con su propia memoria social, ah ido extinguiéndose, en razón directa a la expansión de la memoria oficial [5].
Aunque, recientemente, hubo un interesante intento del gobierno, de establecer un sistema, en donde el alumno, sintiera más suya la historia y más local, luego de ser criticado fuertemente por la derecha y algunos sectores de la Concertación (DC), de un dos por tres, fue suspendido [6]. Así, no se avanza.
No es extraño en este contexto que todavía encontremos-casi al llegar al Bicentenario- la clásica metamorfosis Historiográfica: La Historia, que es la Historia de las Elites, Clase Política y Clase Militar en general, se transforma en la Historia Oficial, que paradójicamente es Nacional.
De esta forma la ciudadanía -3/4 partes de la Nación- se quedó sin Historia y sin una ciencia, en donde apoyarse para la práctica. No es de extrañar que en tales condiciones, con el tiempo todo el país empezó por aceptar y reconocer la ajena y errónea Historia Oficial, apelando a sus eruditos e ilustrados historiadores. Es mas, la corriente historiográfica liberal, que nació en contraposición de la conservadora, cae en el mismo error de análisis, lo mismo pasó después de 1950, inclusive con la Historiografía marxista y su materialismo histórico, que nace de la necesidad de un estudio metódico del movimiento popular en chile. En síntesis, nuestros historiadores nacionales tanto de “izquierda”, como de “derecha”, han realizado sus estudios, interpretaciones y trabajos sobre el mismo “códice” y lineamientos de la Historia Oficial: vale decir, desde el Estado, la clase política y lo legal. O sea “desde arriba” [7].
Pese a que la versión o interpretación ciudadana, fue borrada de lo público u oficial, se puede observar durante la historia, como la ciudadanía se organiza subterráneamente- lejos de la mirada política- para reproducir las cenizas de redes horizontales. Así, la cercenada interpretación de la ciudadanía, fue tomando a lo largo de la Historia, un vuelco diferente, apartado de lo “legal” o político (exceptuando a lo mejor la “clientizacion” partidista de 1960 para adelante).
Aquella, es la Memoria Social, que abarca todas las experiencias “desde abajo”, que se mueve y desarrolla en contraste con la que originalmente era su compañera y amiga: la hoy llamada Memoria Oficial.
Ahora, esas redes horizontales, vuelven a la ciudadanía; en las Juntas de Vecinos, Clubes Deportivos, en las “esquinas”, en el barrio en general etc.…
Lamentablemente, sigue hegemónicamente dominando la Memoria Oficial, pese a los casi doscientos años de vida Republicana. El monopolio social de la memoria, sigue siendo el mismo desde 1830 [8].
Es por eso, que jamás la ciudadanía ha sido (y es) considerada como el cuerpo motriz de la Nación (En Chile, nunca, ah habido una Asamblea Constituyente), sino que queda excluida del juicio histórico, apareciendo solo en rebeliones o episodios donde “perturban” a las Elites, Clases Políticas y Militares, llamándolos, subversivos, terroristas, vándalos y delincuentes (recientemente), que actúan “ilegítimamente” en contra de la Patria, la Ley y la Estabilidad.
Producto de todo estos actos y todo este tiempo, podemos ver que hoy la ciudadanía perdió radicalmente el interés en la política, abandonando la famosa militancia de los años 60` o 70`, como sanción a la Clase Política. Esta, todavía no comprende, que el “no estoy ni ahí” de la juventud y la apatía política, forman parte de un proceso de rechazo sistemático a las instituciones (“los políticos mienten”) y de una regeneración de identidades sociales, antes administradas por los Partidos Políticos. No por casualidad las viejas en la población -y lo digo con todo respeto, porque ellas se autodenominan así- las que levantan y levantaron las ollas comunes en los 80, los comprando juntas, las que son madres de una numerosa familia y las que se auto desarrollaron como ciudadanas, dicen: creemos más en nuestras propias experiencias que los cuentos que nos traen de cualquier lado. Se creen más a sí mismas, a lo que han vivido, a lo que han luchado, más que a cualquier otra cosa.
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