Montes

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Estaré ocupado esta semana por la jornada que preparo junto al CEAl para mis alumnos. Ya mencioné a un invitado, sin embargo me falta hablar de nuestro segundo invitado.

Fernando Montes S.J.

El P. Montes nació en una familia numerosa y con sólo 15 años fue aceptado en la Compañía de Jesús. Estudió sociología y hoy se desempeña como rector de la Universidad Alberto Hurtado.  Gran amante de la literatura, advierte las dificultades de vivir en una época de cambio.
Ha realizado estudios en numerosos países, licenciándose en Sociología. Su mirada es novedosa e inspiradora, muy lejana de la conservadora iglesia inquisidora, pero muy leal a los principios católicos. No en vano ha sido decalrado una de las personas más influyentes de Chile.
Veamos algo de su pensar...
"La ética debiera ser nuestro sueño global de humanidad" 

Fernando Montes, S.J., Rector de la Universidad Alberto Hurtado 
Resumen de la charla ofrecida a los voluntarios de trascender el 28 de agosto de 2002, sobre los dilemas éticos a los que se ven enfrentados los profesionales jóvenes en su vida laboral.

Dos tiempos, dos culturas

En general, nosotros entendemos la Historia humana como una historia líneal, que sigue un curso determinado, pero existen momento en que dos tiempo, dos culturas se traslapan. Son los momentos de la revolución industrial, de la invención de la imprenta. Momentos de grandes cambios que dejan vacilante y en suspenso al que venía y expectante y abrazador al que vendrá. Hoy ustedes están viviendo uno de esos tiempos. Un momento de traslape. Cuando dos mundos se traslapan, uno no se sabe dónde marchar. Se nos ha quebrado un mundo, hay que construir uno nuevo; cayeron las certezas de antaño y hay que descubrir nuevas. Pero no sabemos hacia dónde enfilar. Por eso se dice que la historia de la humanidad se construye de ternuras y durezas.

Vivimos un tiempo difícil. Antes, cuando yo era chico, la generación de mi padre y mi abuelo compartía los mismos parámetros, tenía el mismo idioma, leía los mismo libros, participabamos de una misma cultura.

Hoy, nos toca vivir una cambio radical. Cambio en las técnicas de las comunicaciones, un avance sorprendente e inimaginable de la tecnología y la ciencia. Cambia la forma de pensar, de percibir el mundo. Algo parecido sucedió en el tiempo que se inventó la imprenta.

El uso de los progestágenos, el uso de la píldora y su consiguiente masificación como método preservativo. En el momento en que se inventa la píldora el papa Pablo VI se ve presionado a publicar su encíclica Humane Vitae, como una forma de responder a este cambio en la percepción del amor. Hay que pensar que previo a la píldora la percepción del amor incluía sentimiento, sexualidad y paternidad. Nadie pensaba en el amor ajeno a la paternidad. Con los progestágenos, la sexualidad se disgrega y en muchos casos se pervierte.

En el conjunto de cambios que hemos experimentado se nos quiebra la cultura. Y por favor cuando hablo de cultura no me refiero a los lanza llamas ni a los saltimbanquis que aparecen cada vez que el Gobierno convoca a una fiesta de la cultura. Me refiero a la cultura como aquello que nos estructura el alma, que está en lo más profundo de nosotros y nos ordena.

Cuando un animal nace, sabe perfectamente lo que debe hacer. Sabe qué constituye una amenaza, sabe cuál es su lugar en la manada, en fin, lleva una mochila con la información necesaria que le permite desenvolverse en el mundo. En cambio, cuando nace el ser humano es la mamá y el papá, su núcleo familiar, el que debe cargar de datos la mochila. Son ellos quienes dicen lo que es bueno y lo que es malo. Y eso que uno recibe como un regalo, es lo que llamamos cultura y es lo que en definitiva nos permite movernos y desenvolvernos sin problemas en la sociedad.

La cultura entonces es un cúmulo de símbolos, valores y significados que nos permiten transitar por el mundo.

Hoy la globalización nos impone una forma de ordenarnos que va más allá de las fronteras, que nos implica tremendos desafíos y enormes posibilidades, pero que también nos ha producido un desorden en la cultura.

Toda cultura tiene valores. La justicia, el trabajo, son valores que y están plenamente justificado. Lo complicado es cuando en una sociedad se quiebran las justificaciones. Cuando los símbolos que nos dicen algo, se quiebran.

Con la justificación rota, el valor queda vacío, no tiene significado. No simboliza nada.

Así mismo, se han quebrado los metarelatos. El comunista ya no cree en su discurso. Vivimos en una sociedad compleja, una realidad compleja. El sistema cultural, cargado de significados, que nos ordenaba por dentro; ahora nos desordena. Hoy es difícil darle fuerza vital a los valores. Algo me hace pensar que la gente del siglo XX necesitaba arrancar.

Se nos han quebrado las finalidades y sólo hemos quedado con los medios. La cultura moderno nos quita los fines y nos otorga únicamente medios. Es la cultura del carpe diem. De qué me importa el mañana, gocemos el presente, vivamos el día.

La cultura moderna nos ha empapado de medios. El fin convertido en medio. Tener un título en la universitario, no es un fin, es un medio. Se llega a la estupidez absoluta, un ejemplo claro es el libro de guiness, los récord; el beso más largo de la historia (72 horas), el beso que es un símbolo de amor convertido en un fin, una meta. Resulta tedioso, repugnante. Convertir medio en fines. Hay personas que no pueden vivir, no pueden amar porque no lo consiguen y persiguen innumerables medios.

El auto significa mucho más que un medio para ir a un lugar, medio para desplazarse. Entonces, la pregunta que nos debiéramos formular es qué medios utilizo yo en mi trabajo; cuál es mi fin en la vida; qué persigo, porqué me levanto todas las mañanas. Porque nos hemos llenado de medios convertidos en fines. Porqué patria uno da la vida.

Porque gracias al fin ordeno, jerarquizo, doy sentido a mi vida y puedo ser libre.

Se nos ha quebrado la imagen del padre. El padre es el que nos ayuda a salir del vientre materno, es el que al nacer nos arranca de nuestra unión con la madre y con este gesto nos recuerda que vivimos en sociedad, que somos trinidad. Que hemos sido concebido en sociedad y que ahí nos desenvolvemos.

Hoy los niños no tienen límites. Conocen sus derechos y los recitan, pero no saben de sus deberes. Se los educa como tiranos.

El concepto de trinidad. Es un concepto de relación, siendo unidad (con mi madre que me ayuda, me soporta y me acoge durante mis primeros años) me relaciono con otros. El hombre en cambio visto solo, ajeno a este vínculo fraternal, nos refleja una humanidad sola y egoísta.

Que triste es escuchar a personas ya mayores decir "el problema es que nadie me dijo lo que era bueno o malo". Nadie estuvo ahí para mostrarle su lugar en el mundo, para cargarle la mochila de significados. Esa persona es incapaz de transmitir cultura, es incapaz de perpetrar esa cadena cultural que se transmite de padres a hijos por generaciones.

Esa cultura individualista centrada en uno mismo, en la que jamás me dicen que lloraré, que me caeré. Debiéramos preguntarnos para que patria estamos educando a nuestros hijos.

Falta de finalidad y falta de sentido social (ahora es el reinato del yo, el yo es el más importante), esto se traduce en una falta de amor.

La ética no es un manual de prohibiciones

En este contexto cultural es difícil vivir más humanamente.

Nos preguntamos cuál es la ética que debiéramos practicar en el trabajo. La moral no es un cúmulo de prohibiciones. La ética -la verdadera ética- es fundamentalmente un código que nos permite hacer nuestra vida más humana.

Para algunos grupos de nuestra sociedad, la ética es un conjunto de prohibiciones. Se establecen límites que literalmente coartan nuestra posibilidad de ser. La ética es un conjunto de códigos que nos permiten ser libres.

Cuál es la ética que debiera observar en mi trabajo.

Pienso que es ético, o éticamente correcto, aspirar a la excelencia. Si soy un hombre capaz de dar 3, no es ético que dé 2. Un profesional debe actualizarse, debe estar permanentemente perfeccionándose. En la sociedad actual se percibe una mediocridad tan grande...

Honestidad. Un profesional ético debe ser honesto, en el más puro y complejo sentido de la palabra. Y no estamos hablando de un listado de lo que debe o no debe hacer un profesional; seguramente los más corruptos, conocen palmo a palmo ese listado de deber ser.

Se trata de ser honesto en cuánto gano, en el trato que doy a mis empleados; en el tiempo de relaciones que tengo con mis pares.

Y por último, y lo más importante, es tener presentes que somos personas. Es éticamente correcto que un profesional se preocupe íntegramente de su ser persona, que no olvide su dimensión compleja.

He escuchado a tantas personas afirmar que "lo más importante en la vida, son mis hijos" y es literalmente una mentira.

Es ético cuidar mi calidad de vida. Toda persona debe tener tiempo para cantar, para descansar, para soñar, para amar... Si mi trabajo y mis deseos de triunfar me destruyen la vida, de qué me sirve ganar el mundo entero, si me he perdido en la mitad.

El sueño global de Humanidad

Nacemos de los demás. Somos por esencia comunidad. Entonces nunca podemos olvidar preguntas tan sencillas, como cómo es mi relación con los otros. Hay que pensar la ética como un sueño global de humanidad.

Hoy nuestro mundo está dominado por economistas. La política se hace de economistas y son los que han tomado el lugar de los antiguos políticos. Vivimos entre profesionales herodianos, piensan mucho en sus propias preocupaciones, en sus propias inquietudes, en aquellos que los afecta, pero no les importa su país.

No les importa soñar un país. Vivimos un tiempo de cambio. Se nos han quebrado nuestros valores, nuestros fines y contexto social. Y en ese escenario debemos repensar nuestra ética.

El desafío de Chile está en pasar de ser un país en vías de desarrollo a ser un país desarrollado. Lo que podemos hacer como profesionales en ese contexto, es de una importancia enorme. Soñar con una sociedad más humana. Soñar la responsabilidad social de llegar al desarrollo sin perder el alma en el camino.

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1 Commentarios

SICC dijo:

Este curita en verdad tiene una mirada diferente, es capaz de darle sentido a aquello que lo pierde, le encuentra la polvora a aquello que ya no tenía chispa. En verdad este curita es un aporte, para la sociedad y para los cristianos... Jesuitas, no se mueran nunca.

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Esta página contiene una sola entrada realizada por Ricardo y publicada el 9 de Noviembre 2006 12:18 AM.

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