(Buen) Profesor
Ha sido una semana intensa. En general, los fines de año míos son así. Los exámenes finales, tomarlos, corregirlos y publicar sus resultados. Las felicitaciones y los lloriqueos por las calificaciones puestas. Entregar informes y un sinnúmero más de acciones que debo realizar, lo que ha sido sumado a la revisión de algunas tesis en la universidad que trabajo.
Por tanto ha sido una semana de mucha ocupación. Por ello no pasaba por Kimniekan (léase a modo de disculpa), aún cuando han sido muchos los temas que ha ocurrido y que han llamado mi atención.
Entre esas cosas está el que esta semana se rindió la PSU. Este es un sistema en Chile para calificar a los alumnso que terminan su enseñanza secundaria y que desean postular a la universidad paar seguir estudios profesionales. Mi hermano nos invita a leer un texto en que presenta las características que tiene estudiar computación o informática.
Yo para no ser menos y de puro amor a mi profesión, hoy quiero compartir un articulillo sobre lo que significa ser Profesor. aver si algún joven se atreve a dar este paso.
¿Qué significa ser un buen profesor?
Las funciones que se adjudican a la educación surgen desde variados tópicos y posturas intelectuales. En tal sentido es posible advertir que los docentes ocupan funciones diversas dada la naturaleza de su quehacer.
Hay quienes ven en la educación la posibilidad de desarrollar al máximo las potencialidades ocultas de cada persona, de forma que a partir de ellas pueda ocupar un rol importante en la sociedad lo que le conduciría hacia su bien propio como el bien común. Es una visión esperanzadora y optimista del quehacer educativo. Desde esta visión el profesor aparece casi como un salvador, él encarna a la persona capaz de abrir las mentes de sus estudiantes y desarrollar en ellos diversos modos de vocación, de tal forma que posibilita con sus enseñanzas el desarrollo y progreso de la sociedad en su conjunto. La sociedad crece y se dinamiza gracias a la educación y el profesor es quien posibilita esto.
Sin embargo, hay personas suspicaces que ven en la educación todo lo contrario. Ésta sería el instrumento por el cual las personas verían coartados sus sueños y esperanzas. La educación es un instrumento de conservadurismo, represión e inmovilidad social. Es la mirada del profesor que coarta la autonomía de sus alumnos, aquel que reprime los deseos liberales de la juventud, el que humilla a aquellos alumnos que se atreven a pensar por si mismos. Los profesores son instrumentos de poderes fácticos, educan para mantener las diferencias sociales, a los hijos de clase alta les preparan la mejor de las clases, a los hijos de la clase baja se les exige y se aminoran los esfuerzos, total “nunca podrán surgir de la pobreza en que están”. Tenemos por tanto una educación para futuros líderes y una para estimular obreros. Los profesores, obreros al servicio de las clases de poder, son los gendarmes que mantendrán a cada alumno en el sitio que le corresponda.
Por otra parte se asocia la educación con la mera instrucción de contenidos. Son aquellos docentes intelectuales, que basan todo su quehacer en el nivel de conocimientos que manejan, Lo primordial es demostrar su saber ante sus alumnos. No son profesores que dicten clases para jóvenes sino para alimentar su propio ego y vanidad. Confunden la docencia con la instrucción.
En el otro extremo se encuentran aquellos que confunden la pedagogía con la paternidad. Para algunos el ser profesor significa ser una buen a compañía, una persona empática, capaz de atender a los problemas y necesidades afectivas y sociales de sus alumnos. Un profesor cercano, amigo, cómplice de sus alumnos, que a veces pierde su sentido formador. A veces estos profesores caen en el extremo opuesto del profesor intelectual, con ellos no se aprende pero si se pasa bien.
Estas cuatro posturas conviven entre sí, no son necesariamente negativas, quizás su error es sólo potenciar un aspecto del ser docente y no entenderlo en su totalidad.
Un buen profesor no se define por su actividad sino por el sentido que da a ella. Si tomamos el vocablo en su acepción originaria para ser un buen profesor solo bastaría saberse expresar adecuadamente, el profesor es aquel que expresa ante un público, el que da fe de su conocimiento y es capaz de traspasarlo.
Pero hemos visto que tal es una mirada limitada del quehacer docente. No basta con saber de un tema si soy incapaz de enseñarlo. La docencia va más ligada al cambio de la persona que recibe la enseñanza que a la capacidad de uno de expresar un concepto. Muchos hemos pasado por experiencias universitarias en que abogados, arquitectos o médico intentan dar cuenta de su saber, siendo incapaces de entregarlo en forma clara y sencilla.
Es por esto que prefiero la palabra educador antes que profesor. Educar implicar dirigir, orientar, facilitar un cambio en la persona del otro. Lo intelectual se supedita aun interés mayor: la capacidad de desarrollar la vocación de otro. El educador es aquel que dispone su vida, sus acciones al servicio de otro. Es un servidor, quizás en su sentido originario, de ayuda, de solícita compañía. Sin embargo no es un sirviente, no pierde su vida en ayudar y en la felicidad ajena. No se diluye en exigencias ajenas olvidándose de sí. Antes bien, encuentra su propia felicidad y realización en esa donación al otro. No hay dicotomía entre el educador y el educando, hay complementariedad, la felicidad de uno se desarrolla con la del otro.
He aquí una primera característica de un buen profesor: es alguien feliz. El educar es un acto humano, un acto que se realiza entre dos voluntades que buscan cada una su propia finalidad y que desean en la consecución de ese fin su propia realización. La felicidad es el fin que persigue toda persona humana, en este caso se visualiza y expresa con el desarrollo de la propia vocación. El profesor es aquel que encuentra en su propia vocación el facilitar el encuentro de otro con su propia vocación. Para ello es indispensable que el profesor tenga conciencia de la valía de su misión, pues de otra forma el error se convierte en la muerte de los sueños del otro.
Sin embargo hay un riesgo en esta visión. La raíz latina de la palabra educar es la misma que la de la palabra conducir. Es posible de pronto que algunos profesores sientan que su rol es conducir, dirigir, manipular los pasos de sus educandos. Nada más peligroso cuando el profesor se autoimpone el rol de salvador de sus alumnos. De aquel que decide y elige por ellos restando la capacidad de autodescubrirse, de desarrollarse plenamente, en el fondo restando libertad a sus estudiantes.
El profesor es alguien autónomo. Segunda característica. Entiendo por autonomía lo que planteaba Kant en su visión ética. Autonomía no significa independencia extrema, ni tampoco falta de toda regla o norma, sino más bien implica la capacidad de desarrollar una voluntad propia que permita tomar decisiones por si mismo. Aprender a actuar sabiendo que de mis actos otros se verán implicados y así, sin tener que recurrir al temor de sanciones ajenas, actuar pensando y poniéndome en el lugar de todos. La persona autónoma no es un egoísta egocéntrico que no sabe que los demás existen, sino aquel que reconoce que sui existencia es más llevadera con la compañía y apoyo de otros. Si un docente es autónomo enseñará a los alumnos a descubrir su propia autonomía y acrecer siendo fieles a sus propios principios e ideales y no movido por sus caprichos y deseos egoístas e infantiles.
Sin embargo, no nos engañemos, la autonomía no se logra desde la espontaneidad. A veces confundimos la libertad con la total independencia de normas y reglas, sin darnos cuenta que si las reglas existen es precisamente para educar nuestra libertad. Por ello es que es preciso reconocer una tercera característica del docente: es alguien disciplinado. El profesor está para educar, para cumplir con el rol social que permitir que las generaciones más jóvenes logren ajustarse a los requerimientos de la sociedad en que están. Por ello es que el docente no puede perder de vista el apego a normas de convivencia que permitan que los jóvenes eduquen su libertad. No se trata de imponer una obediencia ciega a normas y principios sino enseñar a respetar esas normas por lo valioso que contienen tras de si. Educar la autonomía supone ayudar a decidir, enseñar a elegir entre lo que se debe hacer y lo que no se puede hacer. Pero para ello es preciso alentar una voluntad firme y constante. La disciplina ayuda a mantenerse fiel en la elección ejecutada, a continuar en la senda que ya se eligió. Sin disciplina las personas se vuelven inconstantes, temperamentales, pequeños bipolares morales que son incapaces de mantener la palabra ofertada o la promesa entregada.
Esto requiere que el docente sea prudente. Hemos aprendido que las acciones éticas han de fundarse en un correcto discernimiento, no basta con conocer de valores y principios, ni de elaborar sendos discursos sobre ética, sin en las acciones cotidianas y concretas, cuando se plantean dilemas entre lo correcto y lo bueno no sabemos qué efectivamente hacer. Por ello es que es preciso que el docente sea prudente, sepa cómo actuar desde una acción ética y no políticamente correcta. Un ánimo educado y capaz de tomar decisiones efectivas, centradas no en el beneficio propio ni en lo políticamente correcto, sino en valores y principios efectivamente formativos.
Por último, me parece que estas acciones desde el plano ético se fortalecen más cuando quien las emite es alguien capaz de fascinar y atraer la atención de sus alumnos. Por ello es que creo sinceramente que la mejor forma de enseñar y educar a los alumnos es cuando el profesor se muestra a sus alumnos como alguien con autoridad. Pero me refiero a esa autoridad que surge de quein posee experiencia, de quien enuncia verdades basadas en hechos o conocimientos que ha adquirido en su vida. Un profesor debe ser culto. Debe de potenciarse ante sus alumnos por la fuerza de sus vivencias que le convierten en un referente válido y digno de imitar. El mejor ejemplo no se da en acciones estereotipadas o en un discurso lleno de cliché sobre lo correcto, sino en una personalidad que trasciende y que se hace interesante para sus alumnos. La cultura le permitirá al docente ampliar la mirada de sus alumnos, ayudarles a reconocer que existen otras formas de actuar, mejores y más éticas que lo que ya hacen. Un alumno no se acerca al liceo o colegio a repetir lo que ya sabe, sino a ampliar su horizonte, solo un profesor con el conocimiento y la sabiduría propia permitirán responder a esta necesidad vital.
Un profesor por tanto debe dejar de ser un mero instructor de contenidos para convertirse en un pleno educador, en un servidor de las vocaciones ajenas.
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Que bueno, que escribas algo que nos compete a todos como seres sociales con potencialidad y deseo de cambio. Sin embargo, creo que en nuestra actual sociedad, sigue dominando el mismo sistema de educacion heredado de los ingleses (mas o menos por la segunda mitad del siglo XIX).
Ello denota que inconscientemente mantengamos la separación entre educadores y educandos, entre iluminados y alumnos (de aluni: sin luz) entre personas activas y pasivas, entre actores y espectadores, entre gobernantes y gobernados, entre autoridad y dominado. Es por eso que la Educacion se presenta como un arma de doble filo. La autoridad del saber concentrado en las manos y cabezas de los pedagogos se instala como una capa social de justificación y defensa del status quo, por más radical que sea su discurso de cambio.
Así, antes de pensar en educar o formar, hay que ver que al parecer hay una cierta distancia entre los dos factores (formadores y no formados) y surge la necesidad de atravesarla. Algunos instrumentalizan la acción formadora para transmisión de uno al otro de algo que se supone correcto sin cuestionar su fuente, algo asi como un poder que llega desde "afuera" o "arriba", en donde beben los sedientos formadores para luego pasarlo, sin comprender que así mata lo más valioso: su propia creación. Se transformaba en una simple correa de transmisión.
Así la pedagogía independiente de los contenidos que circule, siempre será mecanismo de transmisión lejos de la creación, reproductor de una cultura dominante por más que vista ropajes progresistas.
Esta es mi mirada de una realidad en donde participo (aunque en "una parte")y que se muestra cada dia mas. No quiero ser pesimista, creo que nunca es tarde para realizar los cambios, pero si queremos uno verdadero tendra que partir de nosotros mismos, aunque el camino para romper(¿reformaR? dicha barrera sea un camino titanico...
Hola Ricardo:
Soy un profesor de la universidad de Zaragoza que trabaja en formación del profesorado desde hace, digamos 30 años.
Me parecen muy interesantes tus reflexiones que pienso leer con más calma para utilizarlas en mis "predicas" de cómo ser un buen profesor.
Entiendo que la palabra ha evolucionado y ahora que se habla de "aprender a aprender" no basta con enseñar, se necesita estimular, animar, entusiasmar, inyectar el espíritu crítico, innovador, justo, solidario.
Quizás es mucho pedir, pero siempre hay niveles. Considero que la meta es esa aunque no todos consigamos llegar al destino final.
Enrique
Quiero aclarar lo siguiente al "Comandante Kong".
En primer término, que la palabra “alumno” no tiene origen griego; en segundo término, que no se compone de “a” significando “sin” y de “lumen” significando “luz”, y en tercer término, que su origen es latino.
En el primer otrosí, que la palabra “alumno” no tiene origen griego, observamos que ella no aparece registrada en el “Diccionario Manual Griego-Español” de José M. Pabón S. de Urbina: la única que se le asemeja es “á-logos on”, que significa “sin palabra, mudo; silencioso; indecible; inefable; irracional, que no razona […]; contrario a la razón, absurdo; ininteligible; irreflexivo, instintivo; impensado, inesperado”.
En el segundo otrosí, que no se compone de “a” significando “sin” y de “lumen” significando “luz”, observamos que, habiendo desechado su origen griego, podemos transportar el origen de la palabra “alumno” al latín; pero en esta lengua la “a” antepuesta a alguna palabra no significa privación (como “in-”), ya que esa es una propiedad de la preposición “a-” griega, por lo cual todos los ejemplos de “a-“ privativa en latín provendrán desde la lengua griega. Por otra parte, la palabra “lumen” no existe en la lengua griega, aunque sí encontramos “lyme es he” significando “injuria, afrenta; mal trato; daño, ruina, destrucción”; en cambio sí hallamos “lumen” en el latín significando “luz, resplandor […]. Lámpara, antorcha[…]. Brillo, gloria, ornato”; pero es improbable que se halla conjugado con la preposición griega “a-“ para formar una hipotética “a-lumen”*; y aun admitiendo esta combinación, no sería admisible la pérdida de la “e” en “lumen” y sería dudosa la terminación “-us” (propia de “alumnus”) cuando para la lengua latina habría sido más fácil decir sencillamente “a-lumen, a-luminis”, pero esta palabra existe efectivamente en latín y significa “alumbre”, es decir, “sulfato doble de alúmina y potasa: sal blanca y astringente que se halla en varias rocas y tierras, de las cuales se extrae por disolución y cristalización” (como puede corroborarse en http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=alumbre).
En el tercer otrosí, que su origen es latino, observemos que basta con revisar el significado de “alumno” en el “Diccionario de la Real Academia Española” (http://www.rae.es/) para acceder a su correcta etimología, i.e., palabra proveniente del verbo latino “alo, alere” que significa “alimentar” (como puede comprobarse en http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=alumno); más propiamente hablando, se trata de un nombre proveniente del susodicho verbo “alo” que puede significar tanto “que alimenta, cría o educa” como “alimentado, criado o educado”.
Espero que esta información sea de utilidad para todos.
EL EDUCADOR ES AQUEL QUE ENSEÑA CON EL ALMA Y EL CORAZON.... YL EL JAMAS OLVIDA A SUS ALUMMNOS, AUNQUE FUERE VIEJO RECORDARA SUS MOMENTOS COMO EDUCADOR...
Soy profesor de la Facultad de Educación y Humanidades de la Universidad del Bío-Bío de Chile.
Hoy he estado analizando unos trabajo de mis alumnos y en uno de ellos apareció la utilización de la "traducción" de "alumno" como "sin luz", por cierto que me produjo una inquietud por lo tanto mi fue obligatorio ir a la Biblioteca de nuestra Universidad, revizar Diccionarios de Latín-Español, Folosóficos, ect,etc. y en ninguno de ellos encontré la significación de "sin luz",al seguir indagando me he encontrado con vuestras opiniones las que me han producido un poco de calma y desconcierto, calma por haberme dado cuenta que no era tan ignorante e inquietud por el echo que cada día se ha ido generando nuevas "significaciones" a conceptos que se utilizan, en nuestro caso, en Educación. Concuerdo en que el lenguanje tanto mímico como verbal y escrito ha ido cambiando, por mutaciones en el último caso o por la dinámica propia de los cambios socioevolutivos del hombre(en términos genéricos) y solo para poner un ejemplo el vocablo "evaluación", normalmentes se utiliza, en nuestro lenguanje pedagógico, como sinónimo de "calificación" y por cierto ello no correspone.
Gracias por vuestros aportes.
Baruch Belmar
yo pienso que ser profesor deve ser de naturaleza plena y no un titere que juegue y abuse de pobres estudintes que por temor a sus padres se quedan callados ,esos son unos pobres profesores que solo qieren un salario y no una verdadera bocacion de enseñar