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Marzo 28, 2007
Educación de Anticipación
Estoy en mis clases de Filosofía de la educación, intentando convencer a unos traductores y a unos historiadore, de que la pedagogía bien vale la pena. Me explico: no son pocos los alumnos que tengo, que no entran a estudiar pedagogía por gusto, sino por necesidad. En realidad les fascina el inglés y/o la historia, pero como en las universidades estas carreras se imparten asociadas a pedagogía, deben soportar estoicos las clases de educación. Para mí, que amo la pedagogía, por sobre la filosofía, esto resulta complejo. Es así como recurro a los grandes para convencer.
A continuación un texto de Gabriel Castillo, tomado de su libro "Educación de anticipación", en él se relaciona la vocación con la educación. a ver si así me creen mejor.
El hombre entonces recibe apoyo de su mundo, es educado por su mundo. En ocasiones, algunos de estos apoyos son de tal magnitud que el hombre se siente en una muy grande deuda con ellos. Es lo que pasa, por ejemplo, en algunos hombres, con el apoyo que han significado para ellos, sus padres, o un amigo, o un maestro.
Con todo, y por alta que sea la ponderación que estos apoyos puedan tener en si mismos, el hombre queda siempre libre de tomarlos o de rechazarlos. Los apoyos educativos no hacen al hombre, no lo forman, no lo desarrollan. Lo estimulan, lo impulsan; pero no se incorporan, sin su consentimiento, en su intimidad. En la intimidad el hombre permanece intocado y sólo él puede decidir la manera como reaccionará ante el apoyo que se le entrega. G. Highet en El arte de enseñar trata el caso de esos discípulos de grandes maestros, Judas, Nerón, Alcibíades y otros, que fueron capaces de rechazar la poderosa influencia de sus educadores. . Porque el hombre posee fuerzas que le permiten superar el peso del medio que lo rodea. Puede alguien cruzar, limpio y verdadero, un ambiente moralmente irrespirable. Puede, a su vez, otro sacarse de encima el más hermoso clima de generosidad y elegir, en cambio, una personalidad torcida. En la existencia de la libertad interior radica justamente la segunda de estas experiencias que hemos nombrado: la experiencia de educarse. Educarse es asumir, el hombre, su educación. Es consentir en su rol de primer actor en la tarea de conducir su desarrollo; es enrolarse como voluntario en la misión de humanizar el mundo, es aceptar por su cuenta a la esperanza y traerla decidido hasta el presente. Presionado por un mundo que, en ocasiones, se pone de su parte y en ocasiones lo agrede, presionado asimismo por sus propias fuerzas interiores, algunas de las cuales le presentan la belleza de su forma humana mientras otras le presentan más deseable una forma ajena, el hombre busca su camino de hombre. Cuando esa búsqueda es leal y cuando entre apoyos y agresiones, permanece fiel a su forma humana, el hombre se educa. Ya no sólo es educado o deseducado, ya no sólo es objeto de ayuda o agresión. Ahora él se educa, él es sujeto, protagonista de su desarrollo. Cuando sólo es educado o deseducado, el hombre replica como un espejo a su mundo y es solidario si su mundo es solidario y es agresivo si su mundo es agresivo. Cuando, en cambio, el hombre se educa, él se hace cargo de su respuesta a su mundo, él elige la palabra que dirá a su llamamiento. A este respecto es útil la relectura de Un psicólogo en el campo de concentración en el que Víctor Frankl, junto con describir comportamientos de hombres que actuaban en concordancia con el egoísmo, la crueldad, y la más brutal miseria física y moral que caracterizaban la vida en el campo de concentración, recuerda, también a hombres que, en esa condición tan adversa, permanecieron fieles a su vocación humana. “¿Quién -escribe- de los que vivieron el campo de concentración no sabría referirse a aquellas figuras humanas que deambulaban a través de la plaza donde nos formábamos o iban de barracón en barracón dejando caer aquí una palabra cariñosa, entregando allí el último trocito de pan?” Decimos entonces, que un hombre se educa, cuando se asume, cuando él se toma con sus propias manos, cuando acoge los apoyos y enfrenta las agresiones premunido de la decisión de utilizar esos estímulos en el cumplimiento de su vocación. Educarse es pues avanzar hacia la madurez humana. Es adentrarse más y más en el cuidado de la vida y en la construcción de un mundo habitable para todos los hombres. Es tomar decidida posición del lado de la esperanza. Y aquí aparece la tercera experiencia que hemos antes nombrado: la experiencia de educar. Mientras ser educado consiste en disponer alguien de ayuda para encontrarse con su vocación y consentir en ella; y mientras educarse es hacerse, el hombre, protagonista de su desarrollo y de su respuesta afirmativa a la vocación que recibe, educar es ponerse, un hombre, de parte de la vida de otro y ayudarlo a sacar su vocación adelante. Hay que repetirlo: Educar es ponerse, un hombre, de parte de la vida de otro y ayudarlo a sacar su vocación adelante. Educar es comprometerse con otra vida humana y empeñarse en que exista y avance hacia su realización. Educar es enrolarse con otro en la empresa en que este intenta humanizar el mundo. Educar es caminar con otro y prestarle asistencia en el desarrollo de su capacidad de compromiso con la dignidad de toda vida humana. Educar es ayudar, a otro, a darse cuenta del aporte absolutamente insustituible que él trae a la vida de otras personas, es ayudarlo a consentir en ese aporte, a cultivarlo y entregarlo. Educar es avanzar, con otro, en la anticipación de una plenitud de vida fuertemente esperada. La experiencia de educar está ligada a la de educarse porque educarse es tomar la propia vida y aportarla; y el educar es una forma de aportar la propia vida. Porque educar es buscar, con otro, el camino del otro hacia la madurez humana; y educarse es buscar, también con otro, en el servicio de otro, el propio camino hacia la madurez. Esto hace que educar sea algo que todo hombre, alguna vez, en algún momento, ha hecho mientras ha estado, en relación con otros, buscando su condición humana. Todo hombre, alguna vez, en algún momento ha sido educador. 3 Los educadores Hay, sin embargo, hombres que son educadores de un modo más constante y permanente. No son educadores de un solo hombre, sino de varios, no son educadores de un modo accidental, sino de un modo más permanente. Son hombres en quienes el nombre de educador tiene un uso más legítimo y más propio. Es a ellos a quienes se puede llamar, con certeza, educadores. No siempre estos hombres ocupan una función que pudiera estimarse educativa. No siempre son padres de familia, profesores o comunicadores sociales. Pueden ser también vendedores, deportistas, carpinteros, arquitectos, suplementeros. Son educadores, no por el sitio que ocupan en la relación social, sino porque creen en el valor de toda vida, porque han descubierto el sentido del servicio, porque son firmes en su esperanza, porque toman parte activa en la construcción de la comunión; en suma, porque, día a día, siguen su vocación humana. Son educadores porque, según la expresión de H. Nohl en su Teoría de la educación, en ellos se encuentran vivientes las tareas humanas y porque, en su palabra hecha carne, los hombres obtienen energía personal. . Son educadores porque son testigos de que la vocación de hombre, aún en la más dura adversidad, es posible de ser seguida. Son educadores porque no hablan de la justicia, de la esperanza, de la solidaridad o de la verdad, como de cosas que ha leído en los libros. Antes bien parecen habitar un mundo interior en que esas realidades les son conocidas y cercanas. Ellos educan sin poder evitarlo. Educan porque han descubierto el sentido de la vida, porque son alegres, porque son verdaderos, porque están habitados por la esperanza. Educan porque ellos ya están siendo lo que los demás hombres todavía tienen que aprender a ser.Publicado por rdiaz a las Marzo 28, 2007 12:19 AM
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Comentarios
Buuucha me dieron ganas de leerlo :( pero toy muerto leyendo pa historia de chile y pa historia de grecia. A penas puedo y comento el texto.
Básandome en la introducción recuerdo lo que hablabamos hoy en clases, además de la gente que no puede optar solo por una licenciatura en inglés, historia, matematicas están las universidades que ya dan un casi nulo énfasis a los ramos de pedagogía privilegiando los de las materias propiamente tales, tratando de hacer profesores que saben mucho de su materia pero poco de "como entregarlo de la mejor forma al alumno".
Así como tambien las universidades caen en el error de que los profesores que hacen los ramos de Educación o pedagogía, en su vida han pisado una aula de clases de educación media, pues, son sociologos, psicologos que te dicen como actuar segun sus conocimientos, pero que por experiencia, nada la pirinaca :O
saludos pajarin, Visita el blog :$
Publicado por: Conejo a las Marzo 28, 2007 7:36 PM
Amar tanto la especialidad, como para enseñar a los demás a quererla tanto o más que uno...
Recuerdo que ésas fueron mis palabras en mi primer año de universidad, hace varios años atrás...
Publicado por: Campiolina a las Marzo 29, 2007 8:13 PM
Bueno profe... hay que decirlo me aclaro muchas dudas yo soy de la carrera de psicopedagogia 1º año... tengo que decirle que en sus clases no me enchufaba todavia ahora si ya vamos en buen camino... porque entre talla y talla no sabia en que contenidos iban, esto me aclara muchas dudas y ya se en lo que ya vamos y estoy ya centrada en lo que es el tema de educacion ... espero que cuando tenga dudas pueda acercarme a usted para aclararlas... bueno me voy a estudiar tengo que leer algo para neurociencias por lo menos esta entretenida la materia ... me voy chao..______
Publicado por: Nataly a las Abril 11, 2007 11:16 PM
ME ENCONTRE CON TU PAGINA , BUSCANDO UN MATERIAL PARA UN ENSAYO SOBRE LA EDUCACION ANTIGUA Y ACTUAL EN GRECIA , PARA MI HIJA QUE ESTA EN 3ª MEDIO Y LEI LO TUYO , ME GUSTO MUCHO , YO TRABAJO EN UN COLEGIO BÁSICO Y VEO MUCHO ESO DE ESTUDIE POR NECESIDAD ESTA CARRERA. BUENO ADIOS
Publicado por: maria guadalupe a las Junio 11, 2007 2:59 PM