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Abril 28, 2007

Dimensiones del ser personal (segunda parte)

personasLa persona es un ser racional. 

La definición más común de ser humano la dieron los griegos al definirnos como seres racionales. La mayoría de los pensadores aprecian en la capacidad racional un poderío que nos convierte en seres superiores a los demás.  Sin embargo, es tal la vanidad que nace de nuestra capacidad racional, que a veces se impide una real concepción de ella. Somos seres racionales, pero no todo lo que somos se reduce a nuestra capacidad racional.

 

 Por ello en una visión más integrada de nuestra racionalidad debemos considerar que en sí es una fuente de potencial realización y esto dadas las características que posee:  

  • La razón es la capacidad que nos permite entender nuestro entorno y con ello poder manipularlo.  Tal es la fuerza del conocimiento humano. Recuérdese que el conocimiento humano en un primer tiempo fue entendido precisamente como una potencia dominadora de lo real. Conocer era concebido como la capacidad de aprendeher (=poseer) las esencias de las cosas. De esta forma la racionalidad era el fundamento de nuestra capacidad de manipular el entorno. Siglos más tarde, en la modernidad, se amplía esta facultad  y a la vez se limitan sus características. Descartes define al hombre como un ser que piensa, esto es como una conciencia pura, que es capaz de reflexionar sobre su entorno, pero también sobre sí mismo. Recuérdese que la verdad fundamental consiste en Descartes en darse cuenta de sí mismo y de allí constatar su existencia.  Pero esto supuso a su vez que debíamos conocer cuáles eran los límites de la conciencia. Kant dio la respuesta, al señalarlos que nuestra conciencia tenía dos grandes niveles de desarrollo: -         La razón pura: como facultad del conocimiento que está determinada por los datos que provienen de nuestros sentidos y que el entendimiento es capaz de relacionar para poder conocer. -        
    • La razón práctica: como la capacidad de elaborar principios de acción universal de orden ético, que regulen nuestro comportamiento. De esta forma, se entiende que es la razón con su capacidad reflexiva la que no sólo nos da cuenta de lo que nos rodea sino también de lo que somos. Por esto no pocos autores hacen radicar en esta facultad la originalidad y dinamismo que nos caracteriza como seres humanos. Sólo en la medida en que nos damos cuenta de nosotros mismos, de reflexionar y preguntarnos por nuestro ser, las personas podemos tener en nuestras manos nuestro destino. Por esto es que quizás en el plano educativo se debiera formar con mayor rigurosidad la conciencia moral, que la conciencia cognoscente.  Sin embargo, en la actualidad el debate sobre las características de nuestro ser racional se ha ampliado[1].  A partir de los estudios realizados en psicología se han ampliado las facultades que tendría nuestra razón, específicamente nuestra inteligencia. La inteligencia se entiende desde la psicología como «un potencial psicobiológico para resolver problemas o crear nuevos productos que tienen valor en su contexto cultural»[2].

Por ello es que es preciso, para fines didácticos considerar estas diversas dimensiones y asegurarse por formar a los alumnos en aquellas en que destaque mejor. El psicólogo Howard Gardner identificó[3] los tipos distintos siguientes de inteligencia[4]:  

  1. Inteligencia lingüística: se utiliza en la lectura de libros, en la escritura de textos, y en la comprensión de las palabras y el uso del lenguaje cotidiano. Esta inteligencia se observa en los poetas y escritores, pero también en oradores y locutores de los medios de comunicación. Por ejemplo J. L. Borges.
  2. Inteligencia lógico-matemática: utilizada en la resolución de problemas matemáticos, en el contraste de un balance o cuenta bancaria y en multitud de tareas que requieran el uso de la lógica inferencial o proposicional. Es la propia de los científicos tales como A. Einstein o Linus Pauling (premio Nobel de Química). 
  3. Inteligencia musical: se utiliza al cantar una canción, componer una sonata, tocar un instrumento musical, o al apreciar la belleza y estructura de una composición musical. Naturalmente se observa en compositores y músicos en general. El gran músico Stravinsky es citado por Gardner como ejemplo de esta inteligencia.
  4. Inteligencia espacial: se utiliza en la realización de desplazamientos por una ciudad o edificio, en comprender un mapa, orientarse, imaginarse la disposición de unos muebles en un espacio determinado o en la predicción de la trayectoria de un objeto móvil. Es la propia de los pilotos de aviación, los exploradores o los escultores. 
  5. Inteligencia cinestésico-corporal: se utiliza en la ejecución de deportes, de bailes y en general en aquellas actividades donde el control corporal es esencial para obtener un buen rendimiento. Propia de bailarines, gimnastas o mimos. Por ejemplo el bailarín y corógrafo Rudolph Nureyev.
  6. Inteligencia interpersonal: se implica en la relación con otras personas, para comprender sus motivos, deseos, emociones y comportamientos.  Es la capacidad de entender y comprender los estados de ánimo de los otros, las motivaciones o los estados psicológicos de los demás Se encuentra muy desarrollada en maestros, vendedores o terapeutas. Para Gardner Sigmund Freud es un ejemplo de este tipo de inteligencia.
  7. Inteligencia intrapersonal: la capacidad de acceder a los sentimientos propios, las emociones de uno mismo y utilizarlos para guiar el comportamiento y la conducta del mismo sujeto. Se refiere a una capacidad cognitiva de comprender los estados de ánimo de uno mismo. Se utiliza para comprendernos a nosotros mismos, nuestros deseos, motivos y emociones. También juega un papel determinante en los cambios personales asociados a mejoras o adaptaciones a los eventos vitales. Se debería encontrar en monjes, religiosos y yoghis, tales como,  M. Gandhi o Teresa de Calcuta.
 


Todos estos tipos de inteligencias plantean el desafío al profesor de esmerarse en una educación integral, que aborde todas las facetas de nuestro ser. Es insostenible una educación de tipo bancaria, que radica en la entrega de meros conocimientos. La educación ha de tender a la formación de la persona en su totalidad, apoyándose en todas las destrezas de su ser, no solo en sus capacidades cognoscitivas.

 Es un ser moral. 

En la mayoría de los manuales de ética aparece la clásica definición de acto moral como aquel que ejecutamos con conciencia y voluntad. Tal distinción se realiza, frecuentemente, para poder hacer de objeto de estudio aquellos actos que sólo el hombre puede eje­cutar, y que no se confunden con aquellos otros actos que son de alguna forma "independientes" a decisión personal: los actos reflejos, actos instintivos y actos inconscientes y sin libertad. Las dos características que limitan el objeto de estudio ético, ejercerán una doble  influencia sobre el proceso de ejecución de una acción, podemos entonces hacer, a modo de estudio teórico y abstracto -que no necesariamente se sigue de la misma forma en la vida cotidiana -, un análisis de los pasos del acto humano[1]. 

Es posible distinguir en el acto humano tres momentos básicos: la intención de actuar, la decisión de los medios y la elección de los mismos, y las situaciones que surgen en la ejecución del acto. 

  1. En la intención la inteligencia se presenta a través del proceso de percepción del bien a lograr y de juzgar racionalmente qué debe buscarse. Hay una captación primera, un darse cuenta de lo que queremos hacer. Sin embargo, esta conciencia no actúa sola, activa los movimientos propios de la voluntad, la intenciona­lidad de lograr alcanzar lo que se  desea y quiere. 
  2. La decisión y elección, ya en su nombre nos señalan las acciones propias de la razón y de la voluntad. La razón busca los medios para alcanzar el  fin y se decide por aquel medio que, para la razón, se presente más factible y adecuado de realizar. Mientras la voluntad aceptará los medios dados por la razón y escogerá, llevándonos al plano de lo práctico, el mejor medio. 
  3. Finalmente en la ejecución hay un orden que se origina desde la razón, en un movimiento que se lleva a cabo gracias a la voluntad. En esta situación, debemos acotar, se producen las consecuencias de nuestro acto, las cuales pueden ser determinadas desde nuestra interioridad y nuestra exteriori­dad. 

Debo insistir en que esta visión del acto humano es sólo con fines explicativos, por ello un acto que quizás nos ocupó poco tiempo de reflexión y ejecución, no nos parece tan complejo. Sin embargo, con esto no decimos que no se den estos aspectos, sino que debemos entenderlos como una unidad dinámica que desea expresarse y realizar­se totalmente. 

Ahora bien, es importante señalar que las consecuencias de nuestros actos, en buena medida influirán sobre las futuras acciones que realicemos. Los actos no son elementos aislados de nuestra experien­cia, sino que establecen redes de acción que van interfiriendo unas sobre otras, hasta poder constituirse en verdaderas formas de ver y sentir nuestra vida. 

La psicología evolutiva sostiene que nuestra razón se va desarrollando gradualmente a lo largo de la vida. En términos filosóficos podríamos decir que potencialmente nacemos con la disposición de razonar y de reflexionar lo que hacemos, pero que con el paso de los años vamos perfeccionando y generando pautas de acción determinadas para acciones precisas. 

Marciano Vidal en su texto "Moral de actitudes",  nos recuerda a partir de los elementos propios del desarrollo psicológico, que desde pequeños no hay indicios que nos permitan creer en una moral determi­nada desde nacimiento. De hecho muchos son los pasos que han de cumplirse para llegar a formar lo que entenderemos como sensibilidad moral (entiéndase la capacidad de acceder a un conocimiento que informe de lo bueno y lo malo): 

"El sujeto moral queda constituido cuando adquiere desde pequeño la conciencia de subjetividad (de saberse un individuo distinto a otros y en principio responsable de sí), cuando se relaciona con los demás en clave de reciprocidad y cuando se hace cargo de la realidad objetiva en términos de compromiso social. De hecho, el mundo de la ética se organiza en torno a esos tres ejes: el "yo" o la responsabilidad, el "otro" o la relación de reciprocidad y la "estructura" o el compromiso social".[2] 

Así la vida moral se fundamenta y crece  desde que la persona se reconoce como un individuo único y peculiar, en una relación con otros y bajo una determinada realidad histórica que le toca vivir. De esta forma, postularemos que la formación de la persona es  a partir de sus actos y no necesariamente de una condición previa a ellos. Lo que sí, es importante destacar que una vez formada la identidad moral, es posible entender un progreso en sus formas de ser. Por esto la persona se entiende como un ser ético. No somos seres aislados que ejecutan actos al azar, en la medida en que nos vamos formando desarrollamos una manera de ser moral específica. La moral no es por tanto un añadido de nuestros actos, sino más bien una dimensión que nos determina y que nos permite darnos cuenta de la intuición originaria que siempre tenemos y que nos permite ir juzgando y actuando buscando lo bueno y evitando lo malo.

La persona es un ser religioso. 

Sea cual sea nuestra postura frente a lo que se llama religión, es innegable aceptar que encontramos este fenómeno presente en casi todas las culturas y de muy diversos modos; ya sea a través de organizaciones, símbolos, doctrinas, mitos, ritos, libros y/o de una serie de actitudes de las personas que la profesan. Desde esta perspectiva lo religioso se muestra como una realidad patente, que bien podemos observar y analizar. Sin embargo se hace muy difícil determinar las características propias de lo religioso que aparecen en los diversos sistemas de creencias, puesto que no todas presentan las mismas características.
Por ejemplo, las doctrinas religiosas occidentales siempre postulan la existencia de un ser supremo o dios al cual se debe una relación de correspondencia, elemento que no aparece en algunas formas de budismo que no afirma la existencia de dioses superiores al hombre.  Por esto es difícil determinar una definición precisa de lo que significa la religión.
Algunos autores han determinado que la palabra “religión” proviene de la palabra compuesta “re-ligare”, que significa volver a ligar o unir al hombre con lo absoluto. Sin embargo no existe un acuerdo preciso respecto a ello. Otras definiciones se han dado de lo religioso, en especial dos: la definición funcional y la sustantiva. Se habla de definición funcional refiriéndose a la búsqueda de utilidad de la religión, el “para qué” sirve de hecho.
De acuerdo a  esto las religiones serían “sistemas simbólicos que dan sentido último a la vida humana, proporcionando con ello coherencia a los individuos e integración y legitimación a las sociedades”[1].  Ya los antropólogos destacan esta función cultural de las religiones, sobretodo en lo que refiere a la regulación de las conductas de los individuos a través de los valores morales o éticos que postulan.
Vemos así que las  religiones determinan en buena medida la organización de la familia, del matrimonio, de la economía, de la ley, de la política y de otras facetas de la vida humana, a través de su influencia sobre la investigación médica, científica o tecnológica. Tales implicaciones se pueden dar, tal vez por la función teleológica de lo religioso, que al intentar dar sentido a la vida orientan la acción humana (desde la inspiración a bellas obras de arte, como también a algunas atrocidades como rebeliones o guerras). 
Por otra parte es posible descubrir una definición sustantiva de lo religioso, que pretenden determinarlo a partir de su objeto central de acción: lo sagrado o lo absoluto. Es así como lo religioso se puede entender como “un hecho humano específico que tiene su origen en el reconocimiento por parte del hombre de una realidad suprema, la cual confiere sentido último a la propia existencia, al conjunto de la realidad y al curso de la historia.”[2] 
 A partir de esta definición podemos descubrir algunos elementos esenciales del fenómeno religioso: - 
  •       Reconocimiento de una realidad independiente y superior al hombre, a la que se refiere de manera misteriosa y respetuosa. -       
  •   Una actitud de acatamiento hacia esa realidad suprema, que se da en una experiencia interior (de tipo mística, por ejemplo)  y en una manifestación exterior (como los ritos). -        
  •  Una comunidad de aquellos que se reúnen bajo las mismas creencias y que profesan una misma fe.

 Una de las críticas que se da de lo religioso, al menos desde la sicología, es que corresponde simplemente a una suerte de representación que nace de sentimiento o estados emocionales reprimidos que buscan seguridad y armonía en la persona.

Sin embargo, al apreciar el fenómeno religioso apreciamos que hay un reconocimiento de una realidad numinosa por parte de los creyentes. Éstos aceptan la existencia de un “otro” superior completamente independiente de nuestras emociones o sentimientos.

Por ello lo religioso se manifiesta como algo trascendente, como algo que está más allá de nosotros mismos y que se nos comunica a través de la fe, de la vida. Por ello se le llama lo sagrado, que efectivamente significa lo separado, lo que está más allá de nuestra realidad natural. Por ello los elementos que surgen en cualquier representación religiosa nos remiten a un ser superior que le da a esas cosas un carácter distinto, que merece respeto. Pero también lo supremo se manifiesta como un misterio, que requiere de una actitud de acogida para poder vivenciar lo sagrado, no entenderlo, sino que experimentarlo, aún cuando no se tenga certeza del fin que tenga esa experiencia. Desde esta perspectiva lo religioso, en cuanto es vivido, se nos aparece como algo real, indudable (como una oración personal), pero al mismo tiempo se da como algo indemostrable. A partir de esa realidad misteriosa es que lo religioso se manifiesta con un lenguaje propio, con un modo de expresarse especial.

El lenguaje religioso, por su parte, posee la característica de ser más vital, de referirse a vivencias o experiencias que surgen de la relación con lo absoluto. Es un lenguaje conviccional y vivencial, que utiliza símbolos para hablar sobre Dios, como también para hablar a  Dios (en la oración) o en nombre de Dios (en los textos religiosos). Por ello la verdad religiosa más que dar explicaciones pretende dar testimonio de la fe. Lo religioso no se realiza con el reconocimiento de un ser trascendente, que nos antecede y con el cual nos re-encontramos.

Es necesaria la respuesta de una persona, en particular, que genere sentimientos de fascinación o de temor frente a lo divino. Lo religioso tiene un carácter de inmanente, de vivir internamente y profundamente una experiencia de Dios, que generará necesariamente una actitud de respuesta a lo divino. Desde esta perspectiva, la actitud religiosa busca en el encuentro con el misterio la salvación y por ello la persona que se confía en esa realidad suprema. Esto necesariamente requiere de un cambio en la forma de vivir, que se exterioriza a través de ritos y prácticas especiales. Lo central de la actitud religiosa es la búsqueda de un sentido a la vida personal.

De ahí que las creencias se expresan en mitos y ritos que la persona asume para poder entender mejor su propia realidad.  En conclusión, parece existir una tendencia natural del hombre hacia lo absoluto, tendencia que se convierte en una dimensión de lo humano y cuyo cultivo implica un enriquecimiento y una mejora de la calidad de vida. En tanto que muchas personas se adscriben aun sistema religioso determinado ya partir de este regulan sus acciones morales y sociales es bueno considerar esta faceta de desarrollo en el ámbito educacional. Sin embargo considero pertinente realizar las siguientes advertencias que Felix Savoy[3] hace en su texto acerca de lo religioso desde una perspectiva más humanizadora: 

  • Lo religioso en tanto fenómeno pareciera estar en constante desarrollo, ampliando y mejorando sus concepciones teológicas a partir de mejoras en las interpretaciones de la fe revelada. Por esto es recomendable no identificar lo religioso con un determinado sistema filosófico o político.
  • Superar el riesgo del dogmatismo que lleva a considerarse a algunos religiosos como los únicos poseedores de la verdad y con derecho de imponerla a los demás.
  • Superar las visiones infantiles de la fe, que reducen a lo absoluto a un acto cuasi mágico que busca sólo el beneficio personal. No es bueno interpretar a Dios como un ser que debe satisfacer nuestros caprichos.
  • Superar los fanatismos que implican un afán desmesurado por imponer la verdad religiosa a los demás a costa de cualquier medio. Por ejemplo, la educación religiosa que amenaza al alumno a convertirse o pagar sus penas en el infierno.

Plantear una visión más activa y vital de la fe, que invite a vivenciarla y no simplemente a adoptarla


[1] CALVO, A. Y  RUIZ, A. Cristología Fundamental. Navarra, España: Verbo Divino. 1994.
[2] Idem.
[3] SAVOY URIBURU, VICTOR. Educación y Formación Humana. Buenos Aires: Ed. Humanitas. 1984. 


[1] SIMON, RENÉ. Moral. Barcelona:  Ed. Herder 1978

[2] SANTIDRIAN, PEDRO. VIDAL, MARCIANO. Ética personal. Madrid: Ediciones Paulinas vol. I. 1980.


[1] En realidad hay que aclarar que la razón aparece en filosofía como la facultad que engloba todos los procesos de tipo  intelectuales, por ello es que se constituye en una dimensión de la persona. El plano psicológico es más práctico y particular pues define por inteligencia sólo la facultad de resolver problemas. 
[2] GARDNER, H. Multiple intelligences: the theory in practice. New York: Basic Books. 1993. 
[3] GARDNER, H. Frames of mind. The theory of multiple intelligences. New York: Basic Books. 1983. 
[4] Tomado de:,  Las Inteligencias Múltiples: la importancia de las diferencias individuales en el rendimiento [en línea],  Antonio Andrés Puedo. Cuadernos de educación, Ed Santillana, http://www.indexnet.santillana.es/home.htm [Consultado 28/09/2003]

Publicado por rdiaz a las Abril 28, 2007 12:39 AM

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Comentarios

Excelente texto. Propicia considerar la subjetividad en la educación formal y, por tanto en la formación de los profesores. Complementar la educación, sumando razón y autoconocimiento, objetividad y subjetividad, dado que el ser humano es pensamiento y sentimiento; piensa e imagina; razona e intuye.
Gracias por compartir

Publicado por: arnulfo pulido valeriano a las Abril 30, 2007 10:19 PM

Gracias por este texto. Me resulta aclarador, bien estructurado pero no esquemático en exceso...Fenomenal. MNuchas gracias.

Publicado por: jose a las Mayo 3, 2007 4:20 AM

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