Escepticismo y relativismo moral
Para mis clases de ética, un apunte tomado del Dr. Camilo Tale (Todos los derechos son de él)
INTRODUCCIÓN
Las doctrinas del escepticismo y del relativismo ético ya tuvieron expositores en la antigua Grecia; después, a lo largo de los siglos fueron ideas de contados autores y escuelas minoritarias; pero en nuestro tiempo se han difundido notablemente, al punto de constituir uno de los rasgos culturales que caracterizan a las sociedades contemporáneas.
I) CONCEPTO DE ESCEPTICISMO Y DE RELATIVISMO ETICO. ESPECIES
Pirrón, el fundador de la escuela escéptica en el s. IV a.C. (1) y más tarde su famoso epígono Sexto el Empírico, el sistematizador de la doctrina en el s. II de la era cristiana , afirmaron rotundamente que ningún conocimiento intelectual cierto es posible para el hombre, ya sea obtenido por inducción, ya por deducción, y que tampoco son válidos los datos que nos brindan directamente los sentidos.
En cambio, el relativismo se define como la concepción que, sin negar la posibilidad de alcanzar verdades, admite para éstas tan sólo una validez limitada a una época, a un pueblo o a una civilización dada, o aun al ámbito exclusivo del individuo que la sienta como tal. Esta actitud gnoseológica también data de la Antigüedad griega. En el siglo V a.C. Protágoras, el príncipe de los sofistas, en su enseñanza oral y en algunos de sus libros perdidos, afirmó las ideas siguientes:
"Sobre cualquier tema se pueden mantener con igual valor dos tesis contrarias entre sí" ;
"Justo e injusto es para cada comunidad (pólis) aquello que ella tiene por tal y que, por razón de ello, eleva a ley" ;
"Porque las cosas que les parecen justas y bellas a cada pólis, lo son también para ella, mientras las crea tales"
Según nos refiere Platón, Protágoras también decía que "el hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto son, y de las que no son, en cuanto no son" ,
y con esto significaba que "lo que me parece a mí cualquier cosa, tal es ella para mí, y tal como te parece a ti, tal es para ti". Protágoras asimilaba los juicios humanos referidos a lo bueno y a lo malo, a lo justo y a lo injusto, a los enunciados que los hombres hacen en materia de sabores y de sensaciones térmicas: Soplando el mismo viento, uno de nosotros siente frío y el otro no; uno, apenas siente un poco, y el otro mucho. No es exacto decir que este viento es por sí mismo frío o que no es frío; lo correcto es decir que es frío para quien tiene escalofríos, y que para quien no tiembla, no es frío . Análogamente, al enfermo le parece y resulta amargo cierto manjar, mientras que al sano le sucede todo lo contrario. Ahora bien, a ninguno de los dos debe tenerse por más sabio que al otro .
Protágoras decía que, de la misma manera, cuando un hombre afirma "esto es justo", tan sólo expresa una sensación de agrado, y cuando dice "tal cosa es injusta", no hace otra cosa que manifestar una sensación de desagrado.
De tal modo, frente a la mayoría de los filósofos helenos, que reconocían que existen como realidades objetivas lo éticamente valioso y lo éticamente disvalioso, y que tales cosas son objeto de ciencia (epistéme), Protágoras negó la objetividad de estos y de todos los conocimientos humanos, con la única excepción, probablemente, del saber matemático.
En la centuria pasada, Georg Hegel sustentó un relativismo de tipo historicista:
"En lo que respecta al individuo, cada uno es hijo de su tiempo; de la misma manera, la filosofía es su tiempo aprehendido en pensamientos. Es tan insensato (töricht) creer que una filosofía puede ir más allá de su tiempo presente, como creer que un individuo pueda saltar fuera de su tiempo" .
En el siglo presente, Oswald Spengler ha sido uno ha sido uno de los representantes más conspicuos del "relativismo cultural". En su conocida Decadencia de Occidente, se lee:
"No hay verdades eternas. Toda filosofía es expresión de su tiempo y sólo de él" .
"Frente a problemas tan difíciles como el del tiempo o el del matrimonio, no basta consultar la experiencia personal, la razón, la opinión de los antecesores o de los contemporáneos. Por este camino se llegará, sin duda, a conocer lo que es verdadero para uno mismo o para la época en que uno vive. Pero esto no es todo (...) a distintos hombres, distintas verdades. Y para el pensador todas son válidas o no lo es ninguna" .
"Se derrumba la pretensión del pensamiento, que se jacta de descubrir verdades universales y eternas. No hay verdades sino con relación a un determinado tipo de hombres. Mi filosofía es ella misma expresión y reflejo del alma occidental (a diferencia, por ej., de la antigua y de la india); y lo es sólo en su actual estadio de civilización" .
El destacado sociólogo y antropólogo Edward Westermarck (18621939) sostuvo que no hay verdades morales universales, y que en consecuencia no puede haber una ciencia etica normativa, de modo que lo moral ha de estudiarse sólo dentro de la psicología o la sociología . También han expresado el relativismo moral otros varios antropólogos, como Bronislaw Malinowski (18841942) y Melville Herskovits, uno de los más ardientes defensores de esta idea .
En el pensamiento económico contemporáneo, los dos representantes más afamados de la escuela liberal, Ludwig von Mises y Friedrich von Hayek han hecho profesión expresa de relativismo ético . De tal modo impugnaron la posibilidad de estimar los precios como justos o injustos, y también los salarios, y en general, la posibilidad de valorar como justo o como injusto el contenido de las relaciones económicas; asimismo rechazaron toda posibilidad de una política económica que orientara de algún modo la economía en función de las necesidades del hombre, porque estimaron que no existe un concepto objetivo de "necesidad humana", sino que todo se reduce a los deseos, variables de individuo a individuo .
En diversos documentos de la UNESCO se sustenta también el relativismo ético. Así, en el conocido libro "Aprender a ser", de Edgard Faure y colaboradores, se dice que la educación debe conducir al hombre de modo que "ninguna creencia, convicción, ideología, visión del mundo, hábitos y costumbres, sea erigida por nadie en modelo o regla válida para todos los tiempos, todos los tipos de civilización y todas las formas de existencia" .
El movimiento de la "nueva derecha" francesa, representada por Alain Benoist y Guillaume Faye profesan que la unidad del género humano es sólo biológica, y que por ende no hay normas ni ideales que deban ser comunes para todos los seres humanos. En un artículo de estos autores, publicado en la revista Éleménts, órgano del referido movimiento cultural, leemos: "El hombre universal no existe. Existe sí una unidad zoológica que es la especie humana. pero nosotros pensamos que el hombre no se puede definir esencialmente por sus característi cas biológicas (...) El hombre es un ser cultural. Y en el aspecto cultural no hay paradigma común a toda la humanidad" .
Doctrinas próximas. La mentalidad relativista y escéptica suele llevar al nihilismo ético, idea según la cual el bien y los valores directamente no existen, y todo está permitido. Aquellas concepciones también pueden derivar en el convencionalismo ético: dado que no es posible conocer ninguna verdad en esta materia, el bien y lo justo resultan puramente de los acuerdos que se hagan al respecto en la sociedad. Asimismo, a partir del escepticismo y relativismo axiológicos puede pasarse al pragmatismo como doctrina acerca del valor de la verdad, en la cual lo bueno y lo justo vienen a ser sólo lo que resulta útil, sea al individuo, sea al grupo social.
El "relativismo de la especie humana". Además del relativismo subjetivista y del relativismo cultural o historicista, ya expuestos, hay otra especie, según el cual la verdad está determinada por la estructura mental del cognoscente, pero no se trata ya de la estructura singular de cada individuo, sino de la estructura que posee la especie humana en general. De tal modo es posible una concepción relativista sobre la verdad, compatible con la plena coincidencia de toda la humanidad en las proposiciones que se admiten como evidentes. Tal conformidad de acuerdo con esta doctrina no obedece a que aquéllas sean verdaderas, sino al hecho de que todos los hombres tienen una misma estructura mental, por la cual se les manifiestan como evidentes las mismas cosas. Esta tesis sostuvo el matemático y filósofo francés Renato Descartes, quien profesó un relativismo gnoseológico tan amplio que llegó a abrazar hasta la matemática y la lógica: la unanimidad con que se admiten las proposiciones de estas disciplinas no importa que ellas expresen verdades objetivas, sino que la unanimidad se explica porque todos los seres humanos fueron creados con la misma estructura .
Es muy notable que haya sido no sólo un importante filósofo, sino además un genio matemático, quien relativizara de tal manera, y por ello mismo desvalorizara la objetividad del saber matemático.
También en la filosofía de Immanuel Kant, se afirma un subjetivismo que afecta al conocimiento matemático y al saber sobre el mundo físico, que son los únicos conocimientos ciertos que puede tener al hombre, de acuerdo con las conclusiones de la Crítica de la razón pura del mencionado filósofo alemán. Según Kant, no tenemos ninguna garantía de que nuestro saber sobre el cosmos corresponda con la realidad, pues lo conocemos tal como resulta organizado por las formas propias de nuestro intelecto y con las intuiciones propias de nuestra sensibilidad. Un espíritu diferentemente constituido conocería de otro modo que el nuestro.
En este relativismo "de la especie humana" no se trata de la afirmación de que otros seres inteligentes podrían conocer mejor que nosotros las mismas cosas, lo cual es admisible, sino que se sostiene que otros seres inteligentes diversamente constituidos conocerían verdades contrarias a nuestras verdades.
II) EXAMEN DEL ESCEPTICISMO Y EL RELATIVISMO ETICOS
La contradicción ínsita en la doctrina escéptica
El escepticismo pirrónico o "absoluto" fue prontamente refutado, a partir de su propia tesis. En efecto, la doctrina de la imposibilidad de todo conocimiento se anula a sí misma. Sostiene que el conocimiento verdadero y cierto es imposible, pero al hacer esta afirmación está expresando una proposición con la pretensión de que ella sea un conocimiento verdadero y cierto . El escéptico extremo puede ser siempre vencido; con mostrarle en sus propias palabras una afirmación, sea la que fuere, es suficiente para refutarlo de plano y para destruir la doctrina en sus propios fundamentos .
Por ello, Santo Tomás decía que "el que mata a la razón, la defiende" (interimens rationem, sustinet rationem) .
El contrasentido del relativismo moral
El admitir "verdades relativas", y por ende, el conceder que puede haber dos proposiciones contradictorias que sean ambas verdaderas, según sean las personas que las conciban o los ambientes étnicos o temporales en que se expresen, importa negar el principio de no contradicción, que es un principio lógico de evidencia plenísima e inmediata. Aristóteles, al mencionar la tesis de Protágoras, la descalificaba de plano como violatoria del referido axioma .
La validez universal de la verdad pertenece a la esencia misma de la verdad. Dado un juicio determinado, o bien tal proposición concuerda con la realidad, y entonces es verdadera y por tanto es universalmente verdadera, o bien no concuerda con la realidad, y entonces es universalmente falsa . Explicaba el filósofo Husserl: "Una afirmación cuyo contenido choque contra los principios que se fundan en el sentido de la verdad como tal «se anula a sí misma»" . La tesis del escepticismo "no podemos conocer la verdad" no importa un imposible en los propios términos; en cambio, la tesis del relativismo podemos conocer verdades, pero son "verdades relativas", expresa una contradicción en los propios términos (contradictio in adjecto). La proposición del relativismo lleva la absurdidad en sí misma, aun antes de ser afirmada (la contradicción está ya en el nivel del concepto: hay contradicción dentro del cncepto de "verdad" que pretende expresar). En cambio, el escéptico no se contradice cuando expresa el concepto de la "imposibilidad de conocer la verdad", aunque se contradice cuando afirma como verdadera la tesis de que el hombre es incapaz de conocer la verdad.
Por ello, los autores que se definen relativistas en el asunto de la posibilidad del concocimiento muchas veces derivan en el escepticismo, para no desatinar tanto.
Argumentos en pro del escepticismo absoluto
1) Dilema de Sexto Empírico contra el valor de la deducción: Toda cosa debe ser comprendida o por sí misma, o por otra en la cual se funda. Lo primero no puede ser, pues falta un criterio seguro de verdad; pero lo segundo renueva el dilema, pues esta segunda cosa debe ser demostrada por otra; y así hasta el infinito.
2) Argumento del dialelo: No podemos demostrar la aptitud del entendimiento para alcanzar la certidumbre, porque para tal demostración tenemos que usar necesariamente la razón, cuya legitimidad es precisamente lo que está en tela de juicio.
Refutación de los argumentos expuestos
Del primero. Hemos de decir con Jaime Balmes: "Si se admite la teoría sensualista, el argumento de Sexto Empírico contra la posibilidad de la demostración es insoluble. La demostración se ha de fundar en algo indemostrable, so pena de proceder hasta lo infinito. Lo indemostrable no puede ser un hecho contingente; por lo tanto, ha de ser un principio, un axioma, una proposición universal; y como para poder llegar a una tal universalidad es necesario partir de hechos individuales (de acuerdo con la doctrina sensualista), resulta que lo llamado indemostrable se apoya en lo contingente, en cuyo caso el edificio queda sin base. Es imposible deshacerse de esta dificultad si no se sale de la estrecha esfera de la doctrina sensualista y no se admite en el espíritu un elemento superior a los sentidos, puramente intelectual, que se nutre de verdades necesarias, independientes de la sensibilidad. Desde el momento en que se reconoce el orden intelectual puro, el argumento de Sexto Empírico se desvanece; porque se arruina su fundamento, cual es el que las verdades necesarias sean mero resultado de la inducción y, por tanto, estriben en una base contingente" .
Del segundo. Hay que decir con C. Lahr que la demostración es necesaria para hacer evidentes aquellas proposiciones que no son evidentes por sí mismas; pero la aptitud del entendimiento para conocer es algo inmediatamente evidente, al menos en algunas cosas que conocemos con absoluta certeza, como son: nuestra propia existencia, el principio de no contradicción... Si alguien a pesar de todo quisiera poner en duda estas verdades, en el mismo dudar las estaría afirmando: Si uno dijese "yo dudo de mi existencia", está afirmando la existencia de su yo dudante. Si uno dice "Dudo que sea verdadero el principio de no contradicción, y por tanto no lo afirmo como verdadero", está diciendo que no puede afirmarse una cosa como verdadera al mismo tiempo que se piensa que puede ser falsa, lo cual precisamente es una aplicación particular del dicho principio de no contradicción .
Argumentos que suelen aducirse en pro del escepticismo y del relativismo axiológico
1) El argumento de la diversidad etnográfica de normas y valores. La observación etnológica nos atestigua que las valoraciones, las normas y las creencias admitidos como verdaderos varían según sean los individuos, los grupos humanos, las culturas y las épocas. Los datos que han provisto los descubrimientos de los antropólogos en los últimos dos siglos, ponen de manifiesto importantes diferencias en el contenido de las reglas que han sido tenidas como exigencias morales en los diversos pueblos. A partir de esta constatación, el argumento concluye que no hay verdades morales de valor universal.
Es quizás el argumento más esgrimido por los seguidores de las doctrinas que estamos examinando, y se lo encuentra ya en los primeros filósofos escépticos de la antigua Grecia. Aristóteles nos da cuenta de ello: "El bien y lo justo, objeto que estudia la ciencia política, dan lugar a gran variedad y fluctuación en las opiniones, a partir de lo cual se ha llegado a sostener que lo justo y lo injusto sólo existen por convención y no tienen ningún fundamento natural" .
De este razonamiento se valieron Pirrón (s. IV a. C.) y Carnéades (s. II d.C.) , y también fue uno de los clásicos diez "tropos" de Enesidemo (s. I a.C.), que conocemos a través de la obra de Sexto Empírico (s. II d.C.) . Asimismo, ha sido un argumento bastante socorrido entre los relativistas contemporáneos .
2) El argumento de que los juicios de valor no son verificables. Sólo pueden ser objeto de conocimiento válido los hechos empíricamente constatables, verificables; dado que los juicios valorativos no se corresponden con fenómenos de esa índole, entonces tales juicios no pueden constituir un conocimiento válido para todos los sujetos.
Desde antiguo, la explicación empirista acerca del origen del conocimiento, ha sido fuente de relativismo respecto de la posibilidad del saber. Así podemos verlo ya en el pensamiento de Protágoras, que identificó todo conocimiento con la sensación , y de allí la validez meramente subjetiva que atribuyó a las verdades.
Refutación de los argumentos expuestos
Refutación del primer argumento. De la multiplicidad de opiniones acerca de un asunto, no es lícito colegir que todas esas opiniones sean falsas, ni tampoco es legítimo concluir que todas ellas tengan el mismo valor desde el punto de vista de la verdad .
Para advertir el grueso sofisma que importa el mencionado argumento, aplíqueselo en cualquier ciencia. Así por ej., véase que en la fisiología han existido y existen varias explicaciones sobre el funcionamiento de determinada glándula, pero de ello no se puede concluir válidamente que todas esas explicaciones son falsas, ni que todas sean verdaderas. En el mismo sentido, explica Antonio Fernández Galiano:
"Servirse de la variedad de jusnaturalismos como argumento para negar la existencia del derecho natural sería tan absurdo como negar la existencia de la electricidad porque los físicos no se han puesto de acuerdo acerca de su auténtica naturaleza, y han ofrecido múltiples explicaciones de ella" .
De todos modos, y sin perjuicio de que con lo dicho en el párrafo anterior resulta rotundamente refutado el argumento considerado, también hay que objetar en el razonamiento en examen la universalidad que suele atribuirse a la premisa, en el sentido de que suele darse por verdadero que la variación es general en el universo de los pueblos y abarca todas las normas culturales. Pero en la realidad ello no es así. Un mínimo conocimiento etnológico nos revela que hay comportamientos con respecto a los cuales las normas afirmadas como preceptos éticos han sido coincidentes en las distintas colectividades. Una consulta atenta de los códigos morales de los diversos pueblos y culturas permite reconocer cierto contenido constante en todas ellas. Hay muchas convicciones comunes: así por ej. que es lícito agredir al injusto agresor para defensa propia, que los padres tienen el deber de criar y proteger a sus hijos menores, etc. El filósofo del derecho John Finnis, australiano y profesor en la Universidad de Oxford, ha señalado el referido prejuicio de la relatividad total de las creencias morales, y ha mencionado varios ejemplos palmarios de imperativos éticos que han tenido vigencia en todos los pueblos:
"Los estudiosos de la ética y los investigadores de las culturas muy comúnmente dan por sentado que las culturas manifiestan preferencias, motivaciones y evaluaciones tan amplias y caóticas en su variedad que ningún valor ni principio práctico puede decirse que sea autoevidente a los seres humanos, a partir del supuesto de que ningún valor ni principio práctico ha sido reconocido en todos los tiempos y en todos los lugares. Pero los filósofos que últimamente han tenido la precaución de poner a prueba este supuesto, investigando en la literatura antropológica (incluyendo las investigaciones llevadas a cabo por antropólogos profesionales) han hallado, con sorprendente unanimidad, que el mencionado supuesto es falso. Estas investigaciones nos autorizan a hacer algunas afirmaciones realmente seguras:
"Todas las sociedades han reconocido el valor de la vida humana.
En todas ellas la conservación de sí mismo se acepta como razón para obrar (legítima defensa) y no se permite la muerte de otro ser humano sin justificación precisa y suficiente.
En todas hay alguna prohibición del incesto.
En todas las sociedades está prohibida la violación sexual.
En todas las comunidades hay alguna concepción de lo mío y de lo tuyo, y se reconoce el título de propiedad" .
Gran parte del código penal de todos los pueblos exhibe un contenido común: el homicidio, las lesiones a la integridad corporal, las injurias, la violación, el robo, los daños, etc. figuran en todos.
Además, hay que considerar que en cada aspecto de la conducta humana y de las relaciones sociales en que se ha dado realmente la diversidad en cuanto al contenido de las normas morales reconocidas en las distintas colectividades, generalmente hallamos que la mayoría de ellos han admitido una regla determinada, y una minoría de pueblos han admitido una norma divergente; así por ej. en el caso de la norma moral que manda asistir a los padres ancianos, ella ha sido reconocida en todos las sociedades, con excepción de algunos pocos, en que se admitía el abandono de ellos; el matrimonio celebrado entre niños es una costumbre que hallamos instituida casi solamente entre los hindúes, el casamiento del padre con la hija ha sido prohibido en la casi totalidad de los pueblos, y permitido como lícito en uno o dos...
A partir de la observación precedente, y de la consiguiente estadística que puede confeccionarse, parece que normalmente las sociedades llegaron en general a coincidir en los principios fundamentales del orden moral, y es razonable suponer que cuando la conciencia de los hombres de algunos pueblos se separó de tal código común, fue por algun motivo particular.
Pensamos que es importante dejar en claro cuál ha sido y es la real dimensión que ha tenido la relatividad de las normas éticas en las diversas sociedades y culturas. Tal cosa no suele tenerse en cuenta cuando se hace referencia a la relatividad cultural de los sistemas morales. Pero es muy importante, no sólo en cuanto pone de manifiesto gran constancia en la conciencia ética de los pueblos, sino porque además nos muestra que la coincidencia ha sido mucho mayor que la divergencia con respecto a casi todas las normas más generales de la moralidad .
Refutación del 2do. argumento. En el segundo razonamiento expuesto en pro del escepticismo ético o del relativismo ético, hay una manifiesta petición de principio, pues en él se pone como premisa la misma conclusión que se pretende obtener: que el único conocimiento posible cierto y válido es el que se refiere a la realidad sensible. Se pretende sacar como conclusión demostrada que es imposible tener juicios universalmente válidos sobre realidades no empíricas, mediante un raciocinio que parte de la premisa de que sólo es posible el conocimiento de aquello que es empíricamente verificable.
Además, hay que señalar que la afirmación "sólo podemos tener conocimiento acerca de los fenómenos verificables en la experiencia sensible" excede la experiencia sensible. Los seguidores de esta doctrina cuando afirman su tesis fundamental pretenden que ella es la tesis universalmente correcta con respecto a la cuestión de la posibilidad del conocimiento ético, y sin embargo se trata de una afirmación que no es empíricamente verificable, la cual por tanto no puede ser justificada dentro del sistema empirista. Por lo dicho, la premisa del empirismo no sirve para fundar el relativismo ético, ni el escepticismo axiológico; por el contrario, los pone en tela de juicio. La aseveración que relativiza toda proposición ética por causa de su inverificabilidad, es un boomerang.
Explicación de la diversidad en las creencias, normas y valoraciones
Aun cuando la variación en las creencias y normas éticas no ha sido total, según advertimos en el desarrollo anterior, de todos modos es innegable que con respecto a muchos preceptos morales importantes que nosotros reconocemos con ese carácter, hubo algunos pueblos enteros que no los han tenido como tales, y aun colectividades que han sostenido una conducta opuesta, con la calidad de imperativo ético.
Ahora bien, ¿cómo se explica esto? Si existe una ley moral universalmente válida, cognoscible por la razón de todos los hombres, ¿por qué sus principios y normas a veces han sido desconocidos por poblaciones enteras? Santo Tomás expuso una explicación bastante plausible de este hecho, que desarrollamos en los párrafos siguientes.
Todos los seres humanos conocemos, de una manera inmediata, o sea sin necesidad de ningún discurso demostrativo, ciertos principios muy generales sobre el obrar, como los siguientes: "se debe hacer el bien", "no se debe dañar a otro". Luego siguen otros principios menos generales, que la inteligencia del hombre infiere con facilidad; tales son: "debe cumplirse lo prometido o pactado", "no debe atacarse la propiedad ajena", "no debe matarse al inocente", etc. Estos principios ya no son inmediatamente evidentes, pero pueden derivarse fácilmente de los primeros principios, y por ello vemos que son conocidos como reglas obligatorias de conducta por todas las personas normales . Sin embargo, algunos de estos principios generales de la ley natural parecen haberse borrado de la mente y del corazón de los hombres en algunos pueblos, como consecuencia de haber ellos nacido y de haberse criado en medio de costumbres depravadas, o por causa de la difusión y afianzamiento de ideas erróneas que desviaron su inteligencia. Este es el fenómeno denominado "oscurecimiento"
(offuscatio lo denominaba Santo Tomás) de la razón moral, y que podemos ejemplificar con los siguientes casos:
varios pueblos diversos acostumbraban eliminar a los niños defectuosos, por ser inútiles para la guerra;
el padre romano estaba autorizado por la ley para no reconocer a su hijo y para "exponerlo", o sea, abandonarlo;
los antiguos irlandeses, cuando aceptaron ingresar en el cristianismo, quisieron mantener la costumbre del infanticidio;
entre los antiguos romanos el gladiador, después de haber matado en duelo a un hombre, en vez de ser castigado como homicida, recibía grandes honores;
el matrimonio que se celebraba entre niños en la India, y que se ha practicado aun en el presente siglo (no se trata de los meros esponvenidos entre las familias, sino de matrimonios definitivos);
la venganza privada (vendetta) mirada como forma de justicia en algunos pueblos;
la "castración eufónica" de los niños para conservarles la voz de tiple, que se estiló en cierta época;
los persas solían casarse con sus propias hijas;
en varios pueblos indígenas de América un "despenador" se encargaba de "despenar" a los ancianos enfermos;
los aztecas, y también los incas, realizaban sacrificios humanos cuando llegaron los españoles a América.
Todas estas conductas, no sólo eran practicadas de manera regular en esos pueblos, sino que además eran aceptadas por la conciencia moral de tal gente, y por ello se hacían sin remordimiento, sin cargo de conciencia. Obraban en la ignorancia de que infringían una norma moral. Si bien los hombres tienen capacidad para conocer con sus medios naturales las normas objetivas de la moralidad, de hecho ha ocurrido en algunos pueblos el oscurecimiento de la razón natural en algunos puntos, como los que se acaban de mencionar . ¿Cómo puede haber ocurrido esta ofuscación con respecto al conocimiento de las normas naturales de la moralidad? En un primer momento, algunos individuos de tal colectividad transgredieron conscientemente las normas morales; esa costumbre se difundió entre ellos y se fue transmitiendo a las generaciones sucesivas, las que ya que lo vieron como algo natural. Las costumbres corrompidas y en sí mismas criminales que se han hecho usuales en un pueblo pudieron no solamente confundir a algunos individuos, sino aun extraviar a colectividades enteras cuando desde niños hubieron visto ciertas acciones como cosa normal y buena, aun cuando para la recta razón sean conductas claramente contrarias a principios evidentes de justicia y de honestidad .
III) EL OBJETIVISMO ÉTICO Y EL OPTIMISMO AXIOLOGICO
Concepto y denominaciones
Cierta dificultad presenta la adecuada designación de la doctrina opuesta al relativismo y escepticismo éticos. Frente al escepticismo, que descarta toda posibilidad de conocimiento moral cierto, podemos denominar "optimismo axiológico" la tesis que asevera tal posibilidad . Aunque el empleo del término "dogmatismo" para designar la teoría contraria al escepticismo es correcta de acuerdo con el lenguaje técnico de la filosofía , y tiene una tradición dos veces milenaria , hoy no es feliz el uso de tal vocablo con ese sentido, tanto por la resonancia desfavorable del término en nuestros días, la carga emotiva que porta y el uso peyorativo de la palabra en los últimos dos siglos, como por el hecho de que lleva a pensar que los partidarios del "dogmatismo" con respecto a la posibilidad del conocimiento, vendrían a pretender la calidad de verdades indiscutibles para todas las proposiciones que afirman en cualquier disciplina filosófica, cuando lo que se quiere significar en realidad es que en el inicio de su filosofar afirman con plena certidumbre que "el hombre es capaz de alcanzar conocimientos verdaderos".
El término adecuado para expresar la tesis contradictoria del relativismo moral puede ser norelativismo, y también absolutismo moral. Sin embargo, este segundo vocablo, aun cuando es correcto desde el punto de vista semántico (ya que el contradictorio de "relativo" es "absoluto"), sin embargo resulta equívoco a causa de las asociaciones que normalmente suscita con el "absolutismo político" (o "absolutismo" a secas), doctrina política con la cual, además, a veces gratuitamente se lo vincula.
Puede usarse la expresión "objetivismo ético", que en el léxico filosófico significa precisamente la "doctrina que admite que la moral tiene una existencia sui generis fuera de las opiniones, de la conducta y de la conciencia de los individuos" .
Las creencias morales erróneas y el juicio ético
Las conductas contrarias a las normas de la moralidad objetiva puede que no sean reprochables, cuando quienes las realizan obran de tal manera por ignorancia invencible porque en tal caso no tienen culpa, pero de todos modos son moralmente malas, en cuanto desvían al hombre del cabal desenvolvimiento de su naturaleza, o se oponen a la adecuada convivencia social, que es exigida por la naturaleza social del hombre. Así por ej. actos de terrorismo realizados con fines de protesta o de conquista del poder, el matrimonio infantil, los sacrificios humanos de seres inocentes en honor de los dioses, el suicidio por motivo de honor, etc., pueden haberse practicado por algunos individuos, grupos y aun colectividades enteras de buena fe, con ignorancia invencible acerca de su malicia, pero de todos modos son de suyo acciones inmorales, en tanto se oponen al fin último de la naturaleza humana: desvían del último fin humano a sus autores y a las sociedades donde tienen lugar y se aceptan tales prácticas.
Una cosa es la culpabilidad con respecto a la transgresión de una norma moral, para lo cual ha de tenerse en cuenta que el individuo conozca y reconozca interiormente la norma, y otra cosa es la existencia de la norma moral, lo cual no depende del reconocimiento de los hombres. Las normas morales valen en sí mismas para todo ser humano (pues importan una relación entre la conducta que prescriben y el conveniente desenvolvimiento de la naturaleza del hombre), sin necesidad de que el individuo adhiera a ellas.
De acuerdo con el objetivismo axiológico, existen verdades transhistóricas que nos sirven para juzgar las ideas y los valores asumidos por las distintas épocas históricas. Por ende, es posible formular un juicio de valor sobre la perfección ética alcanzada por los rasgos de una cultura particular, en relación con otras.
Razones en pro del objetivismo ético
a) Hay conductas que se nos manifiestan como evidentemente justas: que no se debe matar o atentar contra la integridad del prójimo inocente; que el autor culpable de un daño debe indemnizar a la víctima; que los padres deben alimentar a sus hijos menores; que a nadie se le debe aplicar una pena sin culpa suya, suficientemente comprobada... Las convicciones morales ordinarias conciben estas y otras varias normas como universalmente válidas. En cambio, la doctrina relativista se opone a las convicciones morales ordinarias. Así, por ej. de acuerdo con el relativismo axiológico la regla vigente tanto en algunos antiguos pueblos europeos como entre varios pueblos aborígenes de América (como los incas, los mayas y los aztecas) según la cual debían hacerse sacrificios de seres humanos en honor de los dioses, es tan válida o verdadera como la norma que prohibe matar a cualquier ser humano inocente aunque sea con el fin loable de agradar a la divinidad. Como ejemplificación de las consecuencias tan diametralmente opuestas a las evidencias morales naturales, que resultan de aplicar el principio relativista, se ha dicho que "cazar hombres para reducirles las cabezas es justo en una sociedad de cazadores de cabezas".
La evidencia de ciertas normas morales es muy fuerte. Luego, a partir de tales normas generales, la razón puede concluir legítimamente por vía discursiva otras varias proposiciones acerca de cosas más particulares.
b) La gente, tanto los especialistas en filosofía moral como el hombre común profano en dicha disciplina, suelen discutir los diversos temas morales. En estos diálogos, se expresan razones en apoyo de las afirmaciones que se hacen. Ya vimos que Protágoras había reducido a meras impresiones subjetivas los enunciados referidos a lo bueno y a lo malo, a lo justo y a lo injusto; los había asimilado a las manifestaciones que los hombres profieren con respecto a lo dulce y lo amargo, lo frío y lo cálido. Pero lo cierto es que los hombres, en aquella época, y en nuestros días, no discuten acerca de los sabores o las sensaciones térmicas ("de gustibus non est disputandum" -sobre gustos no se ha de discutir-, "sobre gustos no hay nada escrito"), pero en cambio los hombres antes discutían y ahora discuten sobre lo justo y lo injusto, lo correcto y lo incorrecto. De modo que el ámbito de la praxis se concibe como un ámbito de la razonabilidad: Los hombres se conducen con la idea de que, cuando se trata de cosas morales, tiene sentido dar razones en pro y en contra de algo, y que una respuesta puede ser más razonable que otra.
En lo señalado no queremos decir que del hecho de la discusión ética deba inferirse que tenga sentido esa discusión. Pero de todos modos ello manifiesta que no puede desecharse tan fácilmente, al modo de Protágoras, la razonabilidad del discurso sobre el bien moral. Los hechos al menos obligan a admitir que en los juicios de valor hay algo que es distinto de los juicios sobre impresiones sensibles. Si los juicios de valor o axiológicos fuesen meramente expresión de sensaciones del sujeto que los profiere, como ocurre con los juicios acerca de sabores, ¿por qué en materia de sabores ninguna persona sensata protagoniza una discusión o debate, y sin embargo se discute tanto acerca de las cosas morales?
Alguno responderá que las discusiones en el ámbito de la conducta se explican por los intereses individuales implicados en una u otra clase de comportamiento. Sin embargo, aunque a menudo sucede que la discusión se explica porque uno o los dos que discuten defienden opiniones que favorecen sus respectivos intereses, también es muy frecuente que las personas argumenten acerca de cosas morales que no tienen ninguna vinculación con su situación ni con sus intereses.
La certeza posible en el conocimiento ético
Ahora bien, la desestimación del escepticismo y relativismo axiológicos no importa la presuntuosa afirmación de una ciencia completamente demostrativa de la moral, en la cual todas las conclusiones puedan sostenerse invenciblemente como verdades inconcusas. Esta fue la pretensión de algunos filósofos estoicos, según la cual el sabio estaba por encima de la duda. "El sabio no opina", decían.
No es posible alcanzar la plena certidumbre en todas las especies de saberes. Todo cuanto conocemos en la matemática y en la lógica, lo conocemos con total certeza. Pero en las ciencias naturales, por las que captamos los fenómenos del mundo físico y las leyes que las rigen, el hombre alcanza muchos conocimientos ciertos, junto con otras proposiciones que debe admitir como meramente probables.
En la ocasión de tratar precisamente del método y rigor de la ciencia ética, advierte con acierto Aristóteles que "un espíritu ilustrado no debe exigir en cada género de saber más precisión (akribeía) que la que permita la naturaleza misma de la cosa de que se trata" .
De tal manera la buena doctrina guarda distancia tanto del escepticismo o relativismo éticos, como de la pretensión de elaborar una ética "more geometrico", tan rigurosa y cierta como la matemática, donde todas las conclusiones podrían demostrarse acabadamente. En materia ética hay conclusiones que pueden demostrarse como necesariamente verdaderas, pero hay otras muchas que se afirman en base a una probabilidad de verdad.
Enseñaba el Aquinate: "En los actos humanos hay algunas cosas tan claras que con una breve consideración puede deducirse su aprobación o desaprobación a partir de los primeros principios. Pero hay otras cuyo juicio requiere mucha consideración de las diversas circunstancias, de modo que el análisis necesario no está al alcance de cualquiera, sino solamente de los sabios, así como ocurre en la consideración de las conclusiones particulares de las ciencias, que no están al alcance de todos, sino sólo de los sabios (philosophos) . Hay unos que tienen más inteligencia y perspicacia que otros para conocer las cosas morales, jurídicas y políticas, semejantemente a lo que ocurre en el conocimiento matemático. Pero más aun, dada la complejidad de la materia del obrar, y la multiplicidad de circunstancias, hay muchas cosas particulares de la moralidad que tampoco pueden ser conocidas con certidumbre por los sabios. Explicaba el gran sumista: "En lo que atañe al obrar se encuentra mucha incertidumbre, porque las acciones son acerca de las cosas singulares y contingentes, las cuales son inciertas por su variabilidad"
Una doctrina muy semejante sobre este asunto había enseñado Confucio (s. VI a.C.):
"El camino recto, o norma de conducta moral del sabio, posee un contenido tan amplio que puede aplicarse a todas las acciones, pero su naturaleza es tan sutil que se hace imperceptible para muchos.
(...) La norma de conducta moral se halla impresa en la mente de todos los hombres e ilumina el universo entero (...) La norma de conducta moral se halla latente en el interior de todos los hombres, pero el sabio le confiere tal resplandor que ilumina con sus rayos todo el cielo y la tierra" .
"Las personas más toscas e ignorantes del pueblo pueden comprender los principios elementales de la norma de conducta moral, pero ni siquiera quienes han alcanzado el más alto grado de santidad pueden penetrar en toda su profundidad esta sublime ciencia sobre la norma de conducta moral; siempre quedará algo que permanecerá oculto a las más sagaces inteligencias de la tierra" .
En las mentes de los hombres, en lo que respecta al saber ético, hay certezas acerca de ciertas cosas, juntamente con opiniones más o menos fundadas acerca de otras, y también dudas y errores... Si la razón humana es de suyo falible, en el conocimiento de estas materias lo es aun más.
IV) ALGUNAS CONSECUENCIAS QUE SE DERIVAN DE AFIRMAR EL RELATIVISMO MORAL Y DE INSTITUIRLO COMO PRINCIPIO DE LAS INSTITUCIONES SOCIALES
1) Indiferencia por la elevación moral del prójimo
A veces se endilga a la concepción axiológica norelativista y objetivista una actitud de falta de respeto al hombre, en tanto afirma que hay una doctrina ética verdadera y que toda idea contraria es errónea, y en cambio se atribuye al relativismo ético una actitud de respeto al hombre, por cuanto desde este punto de vista se considera que toda creencia de cualquier individuo es igualmente verdadera y digna de respeto . En tal sentido, expresaba el antropólogo Melville Herskovits que "el relativismo cultural es una filosofía que, al reconocer los valores que establece cada sociedad para guiar su propia vida insiste en la dignidad inherente a cada cuerpo de costumbres y en la necesidad de tolerancia frente a convenciones diferentes de las nuestras" .
Juan Pablo II, en la encíclica Veritatis Splendor, que trata precisamente sobre el relativismo ético, señala que es común atribuir a la doctrina relativista en su aplicación social la virtud de ser fecunda en respeto y tolerancia .
Pero esta supuesta bondad del relativismo moral merece ser examinada.
Primeramente hay que notar que la afirmación "la más amplia tolerancia es buena", o "debe hacer tolerancia de las diversas ideas y comportamientos", o "el Estado no debe imponer ni promover ningún ideal o principio ético en las instituciones sociales", son tesis de índole ética y política, y por lo tanto, de acuerdo con la doctrina relativista, no pueden afirmarse coherentemente como algo universalmente verdadero y que deba instituirse como norma para el todo social.
Además, la mencionada indiferencia con respecto a las creencias y comportamientos dispares, ha sido y es una actitud ambivalente, porque tanto ha implicado una amplia tolerancia a veces beneficiosa de las ideas y costumbres de los demás, como también un desprecio de los otros y un abandono en cuanto a su posible elevación moral. Tal fue por ej. la actitud de los funcionarios ingleses en la India y en otras colonias británicas. Decían ellos: "lo que es bueno para nosotros, no es bueno para los nativos, y a la inversa" . Y así se despreocuparon de la situación moral de los hindúes, entre los cuales se conservaron, aun en nuestro siglo, costumbres abiertamente reñidas con la ley natural, tales como el suicidio de la viuda en la misma pira funeraria del marido, y el matrimonio entre niños, convenido por los padres y consumado al comienzo de la pubertad, costumbre cuyas perniciosas consecuencias nos refiere Gandhi, según podemos leer en su Autobiografía .
2) Resultan perjudicados los miembros más débiles de la sociedad humana
A partir de la idea relativista, según ya dijimos, se suele razonar: Como no hay juicios de valores objetivos, verdaderos, válidos para todos, entonces no debemos imponer ninguna concepción axiológica en las leyes y en las instituciones sociales. Se suele decir que en una sociedad democrática cada uno debe tener libertad para seguir su modelo de vida, especialmente si se considera que no es posible demostrar que un modelo es mejor que otro, y esa elección debe ser respetada por el resto de la sociedad.
Pero de esta indiferencia axiológica que se supone aplicar, en realidad lo que resulta es una indiferencia hacia la suerte de los más débiles, y aun un abandono de ellos y hasta una autorización para su destrucción: las personas por nacer, los niños que vienen al mundo con deficiencias mentales, los hombres que se hallan en una posición de inferioridad en las relaciones económicas, etc. Ilustremos el aserto con un ejemplo: Si la ley se abstiene de prohibir el aborto de los niños defectuosos, "para no imponer a toda la colectividad el principio moral que manda respetar toda vida humana inocente, porque no es un principio compartido por todos", en realidad la ley se ha decidido por dar la facultad de eliminar a estos seres humanos a quienes quieran hacerlo.
Las consecuencias de esta índole en el ámbito bioético son muchas y muy graves.
3) La contradicción entre lo que se predica y lo que se practica
Los autores que declaran profesar el relativismo moral, ¿qué actitud han de asumir a la hora de influir en la educación de sus hijos, guiarlos de cualquier manera en la elección de sus actos, aconsejarlos, elogiarlos o censurarlos por lo que hacen, exhortarlos a seguir el camino que andan, o a cambiar? Para ser consecuente con su tesis primordial, el padre de familia adicto al relativismo debe abstenerse de toda intervención al respecto. Nada puede aconsejar como bueno o malo, justo o injusto, mejor o peor... Pero la práctica nos atestigua que ningún escéptico o relativista que ama a sus hijos o que se ocupa de ellos se conduce de tal manera.
En suma, parece que el relativismo es una doctrina que no permite vivir en consecuencia con ella. En la sección anterior de la presente disertación expusimos sus contradicciones internas. En los párrafos precedentes notamos que esta doctrina no resulta practicable. Con justeza señala Héctor Hernández al respecto: "Hay cosas que se pueden decir, pero no se pueden pensar, ni vivir" .
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