Archivos Septiembre 2007
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Fernando Savater es un destacado profesor español de filosofía que con propiedad ha pasado a ser reconocido como un filósofo. Estudia filosofía en la Universidad Complutense de Madrid. Trabaja como docente en las áreas de Ciencias Políticas y de Filosofía de la Universidad Autónoma de Madrid, de donde fue despedido 1971 por razones políticas, y también fue profesor de ética y sociología de la Universidad nacional de Educación a Distancia. ha trabajado por más de una década como docente de ética sindo en la actualidad catedrático de filosofía en la Universidad Complutense de Madrid. Colaborador habitual de El País desde sus fundación, es codirector junto a Javier Pradera de la revista Claves para la Razón Práctica.
A continuación reproduzco el capítulo cuarto de su libro "El valor de educar". Es un texto que trabajo junto a mis alumnos de pedagogía en el marco de un curso de "Ética Profesional".
¿Cómo podemos educar la libertad de nuestros alumnos si cada vez que realizamos una clase ejecutamos un acto coercitivo que de alguna forma anula o restringe la libertad y creatividad del propio alumno? Savater nos da una excelente clase de cómo hacerlo, evitando caer en populismos que apelan a una libertad ilimitada o en conservadurismos que solo propugnan una educación autoritaria y realmente disciplinada.
Se reproduce este capítulo con fines educativos. No es mi intención transgredir los derechos de autoría de Fernando Savater, si tuviese su mail pediría su autorización para publicar esto, pero mis alumnos me piden los textos con urgencia. ¿Alguien conoce Savater? La verdad es que me gustaría conocerle.
Ha estado irregular mi encuentro con Kimniekan, sin embargo siempre me doy el tiempo para revisar sus comentarios y al menos decir algunas palabras de ánimo. Hubo dos frases que me han gustado mucho y que quiero aprovechar de usar para generar algunas reflexiones. La primera es que quiero volver a recuperar el espacio de Kimniekan para los amigos, ya saben, para que los que quieran puedan subir sus poemas, pensamientos y buenos oficios.
Vanessa hace un tiempo nos regaló un poema y hoy deseo compartirlo con todos....
Este café y yo
El 7 de Septiembre de 2001, la Asamblea General decidió que, a partir del 2002, el Día Internacional de la Paz será observado cada 21 de septiembre, fecha que se señalará a la atención de todos los pueblos para la celebración y observancia de la paz (resolución 55/282).
En kimniekan queremos conmemorar este día junto a Neruda y su poema Paz...
PAZ para los crepúsculos que vienen,
paz para el puente, paz para el vino,
paz para las letras que me buscan
y que en mi sangre suben enredando
el viejo canto con tierra y amores,
paz para la ciudad en la mañana
cuando despierta el pan, paz para el río
Mississippi, río de las raíces:
paz para la camisa de mi hermano,
paz en el libro como un sello de aire,
paz para el gran koljós de Kíev,
paz para las cenizas de estos muertos
y de estos otros muertos, paz para el hierro
negro de Brooklyn, paz para el cartero
de casa en casa como el dia,
paz para el coreógrafo que grita
con un embudo a las enredaderas,
paz para mi mano derecha,
que sólo quiere escribir Rosario:
paz para el boliviano secreto
como una piedra de estaño, paz
para que tú te cases, paz para todos
los aserraderos de Bío Bío,
paz para el corazón desgarrado
de España guerrillera:
paz para el pequeño Museo de Wyoming
en donde lo más dulce
es una almohada con un corazón bordado,
paz para el panadero y sus amores
y paz para la harina: paz
para todo el trigo que debe nacer,
para todo el amor que buscará follaje,
paz para todos los que viven: paz
para todas las tierras y las aguas.
Yo aquí me despido, vuelvo
a mi casa, en mis sueños,
vuelvo a la Patagonia en donde
el viento golpea los establos
y salpica hielo el Océano.
Soy nada más que un poeta: os amo a todos,
ando errante por el mundo que amo:
en mi patria encarcelan mineros
y los soldados mandan a los jueces.
Pero yo amo hasta las raíces
de mi pequeño país frío.
Si tuviera que morir mil veces
allí quiero morir:
si tuviera que nacer mil veces
allí quiero nacer,
cerca de la araucaria salvaje,
del vendaval del viento sur,
de las campanas recién compradas.
Que nadie piense en mí.
Pensemos en toda la tierra,
golpeando con amor en la mesa.
No quiero que vuelva la sangre
a empapar el pan, los frijoles,
la música: quiero que venga
conmigo el minero, la niña,
el abogado, el marinero,
el fabricante de muñecas,
que entremos al cine y salgamos
a beber el vino más rojo.
Yo no vengo a resolver nada.
Yo vine aquí para cantar
y para que cantes conmigo.
Claudio Gay uno de nuestros primeros pintores chilenos, en el año 1844, pintó este cuadro, "Una Chingana". Si te fijas bien podrás apreciar un grupo cantando, con arpa, guitarra y un tormento. Todos ellos en una ramada, ante la cual una pareja baila en forma seductora y coqueta un baile con pañuelos. Quizás es uno de los testimonios más antiguos de nuestro baile nacional.
Acepto la invitación de mi hermano y de paso les invito a conocer el origen de nuestro baile nacional.
Fue uno de estos tantos días en que iba manejando apurado de trabajo en trabajo, pensando en la clase que se me venía. Repasaba mentalmente el programa de la asignatura que me tocaba dictar y en mi mente armaba el esquema de lo que tendría que tratar. Mecánicamente puse la radio, para escuchar el viejo Cd de Victor Jara, que en septiembre suelo escuchar con más ganas. Y allí estaba esta bella canción.
... y pensé en ti, Claudia, en nuestro primer encuentro, en las risas de nuestra primera película, en nuestros proyectos sindicales o en las batallas del trabajo, en nuestros viajes, en la "pana" de pichidangui, en tu preocupacion por la justicia, tu cariño al débil, tu soberbia ante el irresponsable, en nuestra hija, en las últimas amanecidas y en este sueño que nos nació ahora con la casa.
