La Filosofía y el olvido del Otro (2)

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Una propuesta levinasiana.

Hemos reflexionado sobre lo cotidiano y su forma de afectranos. Y ahora que tenemos esto un poco resuelto, se preguntaran, que relación guarda esto con el problema del Otro. La respuesta esta en la siguiente pregunta ¿Dónde esta el Otro, la persona, en toda esta rutina? El Otro, esta en todas partes. Nos levantamos y esta el Otro, en la calle caminamos con Otro o al lado de Otros, llegamos al colegio y estamos compartiendo con alguien los carretes, y lo que nos pasa. Desde el Otro, construimos nuestro ser, desde el dialogo nos acercamos al Otro. Como ven Uds., el Otro siempre esta conmigo, acompañándome en diversas formas y lugares. Pero esto, es demasiado pobre para justificar al Otro como "categoría" fundamental.

Esta primera parte, constituye el primer paso hacia el encuentro con el Otro La conclusión es una y definitiva: El Otro esta siempre y en todo lados. Pasemos ahora a ver como el Otro, ha sido olvidado en la filosofía.

El Olvido del Otro.

Conocimiento y ética siempre han estado ligados. Pero la ética no es la añeja disciplina de manual de filosofía, esa que enseñaban o siguen enseñando algunos profesores de filosofía, tampoco la de normas impositivas o demostrativas, como nos dice Hume, que nos digan lo que debemos que hacer, la ética debemos entenderla como la relación misma del hombre con el mundo y el mismo hombre. Mas aun, como una invitación a establecer una manera de estar en el mundo, de considerar las cosas y las personas, una forma distinta de relacionarme con ellas. Es por eso que la ética, seria una categoría propiamente humana.
Cada persona cuando emite un juicio, posee una posición ética al emitirlo. Implícitamente como parte de su ser, lleva una ética, adquirida, impuesta o construida como querrá Sartre. En su curso inaugural a la cátedra de semiología en el College de France, Barthes nos dice:

"Si el poder está siempre agazapado en todo discurso incluso a partir de un lugar fuera del poder, es preciso entonces preguntarse en qué condiciones y según qué operaciones puede el discurso desprenderse de todo querer-asir"

Por ejemplo, si decimos que solo los que poseen dinero, pueden participar, no consideramos al Otro, al más pobre y desposeído, lo excluimos y segregamos, no nos importa, es intrascendente para nuestro proyecto. Vale decir, el Otro no existe, es marginado. Acá, encontramos por ende tres momentos al emitir un juicio o discurso y digo momentos entre comillas por que en realidad es uno solo: por un lado esta el mensaje mismo, lo que se quiere transmitir, y este conlleva "por debajo" una posición ética que ejerce una especie de poder, coacción o violencia.
Al revisar un poco la historia de la filosofía, encontramos en sus postulados principales, digamos una actitud implícita de marginar al Otro. Esto nos conduce a pensar, que criterio ético han poseído nuestros filósofos, al lanzar sus teorías y levantar sus sistemas. Frente a esto, la filosofía no aparece como el olvido del Ser o del Logos, sino como el olvido del Otro. Veamos un poco esto.
El termino filosofía, como nos enseñan, desde Sócrates hacia delante, se ha identificado como el amor a la sabiduría. Todo Occidente habría creado una filosofía centrada en el Yo, preocupada por el ser, la esencia, el conocimiento de las primeras causas y del ente, olvidando al Otro en su análisis. Se ignoró a la persona y su emotividad, dándole más importancia al pensamiento y el sujeto que piensa. Uds. saben que el conocimiento en su intencionalidad, reduce lo que piensa a un objeto y lo apresa para descubrir su esencia. En ese sentido, el ser que percibimos con nuestra conciencia, no se percibe en su propio ser, sino en relación mía. No lo dejamos ser. Así, la ontología -principal rama de la metafísica-, que funciona de ese modo, reduce el ser al Mismo, es decir siempre vuelto al Mismo sujeto que piensa, lo atrapa y lo posee y por ello este filósofo la considera como una filosofía del poder, de la injusticia. Podemos decir que se privilegio al Logos por sobre el Eros. Todo en la tradición filosófica parte desde el Yo pienso y regresa en eterno retorno a este.

"El itinerario de la Filosofía es el de Ulises, cuya aventura en el mundo no ah sido mas que un retorno a su isla natal, una complacencia en lo mismo, un desconocimiento del Otro"

De esta manera el yo que solo es conciencia, para descubrir la verdad, no necesitaría nada más que su propio ser. Seria autosuficiente y absoluto.

"El sabio aun estando solo, puede practicar la contemplación"
Esta actitud que se mantendría en su esencia inalterable por más de 2000 años, no habría sido la más correcta desde el punto de vista humano. Resultados mas bien negativos que positivos, donde el ego cartesiano, el yo, el ser, el ensimismamiento, nos a conducido a olvidar a la persona y su constitución emotiva. Todo se lee, desde la perspectiva mía, reduzco todo a objeto con referencia a mí, estoy sobre las cosas y no con las cosas: la realidad y todo lo demás es el no-Yo, como postula el idealismo Alemán.
Pero si, debemos localizar algún periodo donde el Yo ha levantando su supremacía de manera monopólico, ha sido en la Modernidad.

"El hombre moderno persiste en su ser soberano, preocupado solamente de asegurar los poderes de su soberanía"

Incluso, los sistemas éticos levantados por nuestros filósofos, conciben al Otro, como lo diferente al Yo, como lo distinto a mí, como lo que yo necesito, como mi complemento. No en su propio ser. Lo entienden solo como parte de una totalidad de entes, uno más entre otros.
Lévinas observó que la base de la violencia y olvido era el interés, por ello advirtió que este inter-és debíamos convertirlo en des-inter-és, es decir, debíamos de ponernos en el lugar del otro sin esperar nada a cambio. Por consiguiente, romper con el ego cartesiano y ver más allá de nosotros mismos. Debemos, dice Levinas buscar otro modo de ser, como se titula uno de sus libros, que no segregue al Otro, ni lo conciba solo a partir del Yo y la Totalidad, debemos descubrir y dejar que el ser del Otro se muestre y se revele en su irrupción y visitación. Sólo de esta forma podemos reconocer al Otro en cuanto Otro.
Pero resumamos. En la primera parte de la exposición, vimos como el Otro siempre esta en nuestra cotidianidad, desde el domicilio hasta el colegio o el trabajo. En esta segunda sección, observamos como la filosofía en su análisis ha privilegiado el Yo, reduciendo todo a objeto, olvidándose del Otro. Veamos ahora, a través de una lectura levinasiana, como y de que forma aparece el Otro.

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