Archivos Agosto 2009
Y así en voz alta me dirás quién eres"
(Neruda)
El diagnóstico en torno a los temas educativos está dado: en Chile la educación está pasando por una grave crisis. Ninguna cifra ayuda a una correcta comprensión de nuestra realidad: el mejor alumno nuestro alcanza el peor nivel de comprensión lectora de un alumno de Inglaterra, más de la mitad de los alumnos de Chile no comprenden lo que leen, desde que se instauró el SIMCE no ha existido un cambio significativo en el nivel de aprendizajes de los alumnos chilenos.
Todos esos datos son significativos, sin embargo, hay otros informes que preocupan: los resultados de la prueba INICIA, aplicada el año pasado a quienes recién egresan de haber estudiado pedagogía demuestran que el 64% de los alumnos examinados poseían un puntaje inferior a 500 puntos PSU y que sus resultados en este examen fue igual de bajo. Existe una directa relación entre las puntuaciones obtenidas y los puntajes de ingreso, aquellos que entraron con buen puntaje PSU obtuvieron el puntaje más alto, mientras que los que tuvieron puntaje PSU más bajo en general manifestaron pocas respuestas correctas en el examen. Esto plantea a las escuelas de formación de futuros profesores notables desafíos, pues es lógico preguntarse qué cambio en el nivel de aprendizaje lograron las escuelas formadoras. Al parecer la incidencia fue semejante a cero.
La realidad nos aplasta con su veredicto: la educación está mal. Y todos parecen concordar con el diagnóstico, pero pocas personas se aprecian con intenciones de solucionarlo. Peor aún, los jóvenes no están comprometiéndose con el desafío. No son los mejores los que postulan a educación. Y aún hoy escuchamos voces que desprestigian y denigran la tarea docente.
Hemos ido matando sistemáticamente vocaciones docentes. Hemos repetido hasta el cansancio, la saciedad, que la educación está mala, que a los docentes se les paga poco, que quien estudia pedagogía lo hace porque no le alcanza para más, que los peores estudian pedagogía. Y con tal discurso, que no dice nada nuevo, que se ha transformado en cliché, no nos damos cuenta que más de algún heroico joven que pensaba en ayudar a mejorar de verdad a nuestro país desiste de su empeño original.
Una sociedad que no reconoce a sus docentes y les restituye su condición original de ser una autoridad en la creación de nuevas y mejores generaciones es una cultura que va camino al olvido.
Hemos de recuperar a los docentes, en ellos se juega todo el problema de calidad y equidad en la educación. Es cierto que si un joven pobre alcanza su profesión, mejorará la vida. Pero el secreto que hemos olvidado es que antes de ese profesional hubo un maestro que le dio las herramientas para salir y antes que el maestro hubo una vocación.
Por ello preguntamos al país, a nuestra región, a nuestra ciudad: ¿es todo tan malo? ¿Efectivamente la educación en Chile es pésima y no hay nada rescatable?
Creemos que no. Creemos que aún existen héroes que luchan por su vocación docente en las aulas de nuestra región y que han sido capaces de enfrentar las críticas, el entorno desfavorable y el desaliento permanente y que con entusiasmo siguen comprometidos en la tarea de formar vocaciones.
Hay que rescatar esas vocaciones, hay que rasgar todas esas falsas verdades y encontrar el tejido profundo de nuestros docentes. Hay que encontrar a ese verdadero héroe que a pesar de las maledicencias, es capaz de sobreponerse a la ignorancia, a la desazón y llena los ánimos de sus alumnos de esperanza y optimismo. Hay que buscara a aquel que no etiqueta a sus alumnos, sino aquel que es capaz de reconocer lo que les falta crecer y es capaz de dárselo. Hay que buscar a aquel que efectivamente ha hecho de su vocación el descubrimiento de nuevas vocaciones. Sólo así llenaremos el alma de nuestra patria con mejores profesionales.
Queremos invitar a esos docentes, con experiencias notables, gratificantes, enriquecedoras a que comparan su historia. Buscamos que los docentes que sí están haciendo algo por sus alumnos sean capaces de contarnos su historia. Hemos de encontrar relatos enaltecedores, de experiencias prácticas, concretas reales, que evidencien las buenas prácticas docentes, pero que por sobre todo permitan descubrir la pasión por enseñar.
Esa historia se convertirá en un relato público que podremos todos conocer, recordar e imitar. Le pondremos a ese relato nombre, y a ese nombre le pondremos rostro, para que nuestra ciudad reconozca que efectivamente que hay esperanza, que sí hay personas comprometidas con la educación. Y de esta forma ya estaremos dando un paso importante, quizás el primero, porque por fin empezaremos a ver nuestra educación como una solución y no tanto como un problema.
Agradecemos desde ya el compromiso con esta labor de dignificación del quehacer docente que la SEREMIA de Educación de nuestra Región ha tenido como del Mercurio de Antofagasta. De la misma forma agradecemos el auspicio que realiza la minera Barrick Zaldívar y al Consejo Regional de la Cultura y las Artes, quienes manifiestan en hechos su verdadero compromiso con la Responsabilidad Social que les cabe ante la comunidad, en especial el mundo de los Educadores.
BASES.
