Relatos Docentes: Boina Gris.
Floreal Recabarren me decía: "el ser profesor posee recompensas que no ves en ninguna otra profesión".
Y tiene toda la razón: a veces te encuentras en los lugares más inesperados a algún alumno que con alegría se acerca a saludarte, otras veces te enteras que tus alumnos crecen y están en grandes tareas; otras veces se te acercan ex alumnos a pedir consejo y conversar; pero sobretodo está el inmenso cariño que te dan en agradecimiento tus alumnos cuando has sido capaz de hacer algo por su vida.
Hoy el relato ganador nos acerca a ese mundo, el de la alegría por la labor hecha, el de la felicidad por la vocación realizada, el del verdadero premio que nos da esta vocación tan vilipendiada por otros.
María Angélica Canales Rodriguez, del jardín infantil "Tortuguina", con su relato "Boina Gris" recibió el primer premio del concurso de Relatos Docentes.
En mi pupila aún permanecía su sonrisa. Fue en la feria del libro de Santiago. Lo observé y su mirada me hizo recordar en mi alma el corazón de poeta. Me refrescó la memoria con su mano en la frente y recordé a mi pequeño poeta.
A la distancia perfilaba su imagen poética sensible, un muchacho de veinticinco años muy bien parecido, con un libro de Pablo Neruda apegado a su pecho. Lo identifiqué enseguida. Mas poseía el mismo libro en segunda edición, era de color azul y con letras doradas impregnaba el título sugerente "Veinte Poemas De Amor y Una Canción Desesperada".
Recordé que era mi pequeño. Aquel niño que un día robó mi corazón con su alma. Aquel niño que escuchaba atentamente las obras literarias que yo seleccionaba. Aquel niño que me inspiró a seguir regalando literatura a los párvulos del Jardín. A quienes sensibilizaba con poemas de los grandes de Chile y del mundo, lo que motivaba al grupo a involucrarse en este arte con más fervor, conocimiento y amor para escuchar, comprender, crear y disfrutar la lectura de textos poéticos.
Aquel niño, en el primer día de actividades en el aula, mostró que era un poeta, las palabras fluían y se entrelazaban con la vida literaria que él esperaba. Cuando lo vi entrar con sus ojos brillantes, expectantes y mágicos. Supe que en ese pequeño un tesoro se escondía, con una premisa "El día esta de rayitos de sonrisa de sol". Seguí su aventurera inspiración, lo mire y le contesté "el mundo siempre sonriera, es la magia del juego, un regalo para los niños como tú", el sonrió y posó su pequeña mano en su frente, me abrazó y dibujó una sonrisa para siempre en mi pupila.
Siempre elegía el rincón de la literatura, un mundo de biblioteca donde elegía los libros clasificados por lomos de colores para graficar después en un panel con los símbolos el libro seleccionado, para comentar en semicírculo la experiencia de navegar en el mundo literario.
Le gustaba que le leyeran poesía las repetía rápidamente y las memorizaba, para luego dibujar algo semejante a lo escuchado; en otra ocasiones tomaba los libros y dramatizaba como si estuviera leyendo y declamaba con una mágica inspiración, esa que es propia de poetas, esto me sensibilizaba a cada instante para planificar mis actividades.
Recuerdo que en un Día de la Madre, organicé una presentación artística, donde las niñas y niños declamarían un poema que fuera fácil y significativo, con el objetivo de tener varias alternativas. Pediría al grupo que seleccionara lo que se recitaría en el evento especial.
El pequeño me acompañó sin separarse en ningún instante. No se perdería aquel acontecimiento relevante del momento literario aunque sus compañeros ya jugaban en el patio. Seleccionamos poemas de Pablo Neruda y de otros poetas, él, concentrado no se alejaba de la radio en ningún momento. Una vez con el grupo seguí desarrollando eltrabajo con una metodología participativa. Mostré a las niñas y niños fotos de diferentes escritores poetas nortinos y nacionales: Andrés Sabella, Antonio Rendic, Pablo Neruda, Gabriela Mistral y Floridor Pérez entre otros.
El grupo seleccionó un poema de Neruda. Juan Pablo comentó que a él le había gustado la boina que usaba el poeta y sus poemas también. Como anécdota recuerdo que en otra oportunidad al dirigirme a la sala llevaba un libro en mi brazo y al abrir la puerta éste se escapo de mis manos. El pequeño lo tomó, exclamando "¡Este libro lo escribió Pablo Neruda!" y acunando el libro en sus brazos dijo "yo quiero tener una boina gris."
En ese momento su comportamiento sin fronteras hacia la literatura me inspiró a seguir adelante en este menester enseñando vida y obra. Su amor a la literatura con su magia contagiaba a los demás, lo que mi pupila entendía muy bien.
Recuerdo nostálgicamente aquel día, en que se su madre solicita el traslado de Juan Pablo a un Jardín Infantil de Santiago. Apenada, ella, manifiesta que valora y agradece el trabajo realizado que inspiró a su pequeño poeta.
El último día fue muy especial. Juan Pablo llegó con un regalo lo que me sorprendió, pues yo no tenía nada para él, pero, rápidamente, cogí de mi escritorio un libro de color azul y con letras doradas; "Veinte Poemas De Amor y Una Canción Desesperada", de Pablo Neruda. Lo envolví y se lo entregue pidiéndole que lo desenvolviera en la casa, que era un tesoro y le escribí "llevas un regalo muy preciado para mí; la mejor literatura.".
Él lo recibió muy contento con sus ojitos negros, llenos y expectantes, como la primera vez. En ese momento mi alma supo que lo volvería a ver. Al término de la jornada recordé su último abrazo, abrí el regalo: una boina gris con un dibujo y una nota de su madre. "El domingo fuimos a la Feria de Las Pulgas, le di la opción a mi hijo de comprar un juguete y Juan Pablo eligió una boina gris, se la probó y me pidió que se la comprara. Cuando llegamos a la casa le di la noticia que nos iríamos a Santiago y que él asistiría a un nuevo Jardín, en ese mismo instante me pidió que envolviera su boina en un papel de regalo. ¿Por qué? Pregunté. Él respondió, Por que es para la tía, era del poeta, del poeta Pablo Neruda".
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Nütram0 TrackBacks
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Maravilloso, me emocionó...
Las tías del jardín siemrpre se recuerdan con cariño.
Después de todo nos cuidaron como si hubieran sido nuestras madres...
y pocas veces se les agradece, siempre me molestaba que los alumnos de cuarto medio invitaban a sus profes de IV medio a las cenas de licenciatura y casi nunca a sus tias o profesores de enseñanza basica. ¿Poca memoria?
Ojala cambie eso.