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René Descartes es considerado de forma casi irrefutable como el padre de la modernidad. En él se visualiza (quizás sería mejor sostener que en él se logra cristalizar un anhelo ya enunciado desde el siglo XIV) la necesidad de una renovación filosófica.
Al inicio de sus Meditaciones Metafísicas nos dice:
“He advertido hace ya algún tiempo que, desde mi más temprana edad, había admitido como verdaderas muchas opiniones falsas, y que lo edificado después sobre cimientos tan poco sólidos tenía que ser por fuerza muy dudoso e incierto; de suerte que me era preciso emprender seriamente, una vez en la vida, la tarea de deshacerme de todas las opiniones a las que hasta entonces había dado crédito, y empezar todo de nuevo desde los fundamentos, si quería establecer algo firme y constante en las ciencias”[1]
En efecto, en él se aprecia la búsqueda de un nuevo método del filosofar, que pueda quitarse las rígidas concepciones aristotélico-tomistas y que permita una reflexión que incorpore la aplicación del método matemático. Sin embargo, a pesar de sostener una postura revisionista, la intención de Descartes sigue siendo de estilo clásica: pues sigue buscando un conocimiento permanente y sólido sobre el cual fundar y unificar todo el conocimiento científico que se está propagando.
En tal sentido se hace difícil catalogar a Descartes en una época u otra de la historia. Pues tal como nos lo muestra su biografía él pertenece a la vieja formación escolástica, en la cual se instruye y a la vez aprende a dudar, pero además es un hombre que se maravilla ante las capacidades de razonamiento de las matemáticas, en especial la geometría. Es sin duda un hombre que vive en una época de profundos cambios y que tiene el difícil papel de interpretarlos y comprenderlos.
Estoy en mis clases de Filosofía de la educación, intentando convencer a unos traductores a unos historiadores y a unas tías, de que la pedagogía bien vale la pena. Me explico: no son pocos los alumnos que tengo, que no entran a estudiar pedagogía por gusto, sino por necesidad. En realidad les fascina el inglés y/o la historia, pero como en las universidades estas carreras se imparten asociadas a pedagogía, deben soportar estoicos las clases de educación. Para mí, que amo la pedagogía, por sobre la filosofía, esto resulta complejo. Es así como recurro a los grandes para convencer.
A continuación un texto de Gabriel Castillo, tomado de su libro "Educación de anticipación", en él se relaciona la vocación con la educación. a ver si así me creen mejor.
Dos son las grandes formas de encarar el conocimiento y/o la realidad desde la perspectiva de la edad medieval. Ellas corresponden a las raíces griegas en las cuales se inspiraron para poder establecer una ciencia acerca de lo que es, las cuales no son otra que las vertientes propias de la filosofía platónica y la filosofía aristotélica. La primera fue defendida con ahínco por uno de los más ilustres pensadores del catolicismo, San Agustín de Hipona (354-450 d. C.); mientras que la segunda fue abordada y redescubierta por Santo Tomás de Aquino (1224-1274), quien ha sido nombrado por muchos como Doctor communis Ecclesiae, lo cual viene a significar algo así como aquel que pudo ordenar y sintetizar en un sistema todas las creencias propias de la religión cristiana. En este documento pretenderemos abordar su pensamiento, tratando de establecer el orden que presenta su filosofía -en especial, su estrecha coherencia interna-, para poder establecer desde allí algunos principios básicos de su visión antropológica.
Lo primero que debemos aclarar, para entrar a un estudio serio de los autores medievales, es que ellos fueron intérpretes del pensamiento griego, en especial, de aquellos aspectos que podían relacionarse con aspectos propios de la fe cristiana. Su misión fue principalmente sistematizadora de las grandes verdades de la fe, las cuales provenían de la tradición judaica, pero que necesariamente requerían de una expresión y comunicación más universal. Con tal fin, los pensadores griegos acudieron a la filosofía, puesto que ésta se encargaba de comunicar y expresar verdades, que de antaño habían sido enunciadas y que a través de un proceso de racionalización constante podían ser transmitidas por generaciones. Hay, entonces, una utilización del pensar helénico, pero con una intencionalidad nueva que le dio a esta reflexión una personalidad propia. En el caso específico de Santo Tomás, tendremos que referirnos a ciertos términos creados ya por Aristóteles, pero que en el Aquinate cobran un nuevo sentido una nueva valoración.
Última entrega de este resumen de la filosofía platónica. Dedicado a mis queridísimos alumnos y alumnas de filosofía.
¡En una de esas logran liberarse de la caverna!
La historia de la filosofía encuentra en Platón una de sus primeras figuras y, a la vez, un gran intento de sistematizar la propia realidad en toda una cuidadosa y elaborada filosofía Platón aparece concentrando en si todas las cualidades que identificarán a los filósofos: un espíritu crítico y reflexivo, un hombre que busca la verdad y, sobretodo, un hombre abierto al diálogo ya la posibilidad de perfeccionar sus propias opiniones.
Es tal la admiración que se siente frente a la grandiosa figura de este filósofo, que no en vano se ha dicho que toda la historia de la filosofía no ha sido más que notas al pie de página de los diálogos platónicos.
