Archivos Ichusiña: Enero 2006
Según Ferrater Mora existen dos formas de entender a Dios. Una es la forma religiosa, ligada más bien a una imagen de Dios como algo íntimo, interior, personal y profundo. Es la contemplación mística, silenciosa, la oración individual buscando una respuesta ajena. Por otra parte, esta la forma filosófica de entender a Dios. Según esta última a Dios se le aprecia como algo exterior y superior al hombre. Un ser entre otros seres, o mejor dicho “el ser”. Ya saben todas las cualidades de Dios: perfecto, único, omnisciente, omnipresente, suma bondad, acto puro.
En Filosofía, hay dos autores cristianos que abordan el tema de Dios desde estas dos perspectivas. Agustín de Hipona, en su mirada íntima. Tomás de Aquino con su visión suprema. Veamos a estos pensadores.
Lo curioso de lo humano es precisamente que no está determinado, ni tampoco formado. Lo humano hay que construirlo. Puede parecer una bendición, en el sentido de ser una manifestación de nuestra libertad y de nuestra propia iniciativa. “Yo soy lo que elijo ser”- dice el optimista que sabe que su vida está en sus manos y que se propone construir con ella algo que valga. Sin embargo, en tal plasticidad cabe nuestra maldición: lo humano es algo incompleto, inacabado, quizás sólo un muñón que debe completarse. Lo complejo, entonces, es cuando la persona se sabe responsable de sí y no sabe que hacer con ello. El ansioso proclama su dolor, “yo debo ser, debo elegirme, ¿por qué debo hacerlo? ¿no sería más fácil no escoger, no responsabilizarme por lo que logre ser?, debo ser y no sé que debo ser”
