Archivos Ichusiña: Abril 2007
¡Hoy llega mi curso!
No suelo dejar constancia de las actividades cotidianas que realizo -quizás debería. Por lo mismo no he dicho que esta semana mi curso, aquel Cuarto A "campeón", del que soy profesor jefe ha ido a realizar la experiencia de Trabajos de Fábrica. Esta es una experiencia a la cual estoy indirectamente ligado y que se convierte en un evento formativo singular en la educación jesuita.
Hay gente que no le gusta su trabajo, y está bien, pues a veces toda actividad con la rutina diaria se vuelve insulsa.
Pero hay gente que no le gusta lo que hace y que más encima quiere que los demás odien lo que él hace. Y eso no está bien.
Ya parece un cliché la postura de algunos pseudo-educadores, que -¡más encima!- enseñan a futuros profesores, solo se quejan de lo malo que significa ser profesor o de lo desmotivante que es hacer clases a personas que no quieren aprender.
Dedicado con MUCHO CARIÑO a esos malos docentes que solo enseñan la desidia y la desesperanza este poema de Kahlil Gibran.... o jalá lo lean y lo entiendan a ver si así nos hacen un favor a todos y renuncian a su pega (hay otras formas de ganarse la vida, que no incluyen el castrar vocaciones).
Jean Paul Sartre en "El existencialismo es un humanismo":
El hombre es el único que no sólo es tal como él se concibe, sino tal como él se quiere, y como se concibe después de la existencia, como se quiere después de este impulso hacia la existencia; el hombre no es otra cosa que lo que él se hace. Éste es el primer principio del existencialismo. Es también lo que se llama la subjetividad, que se nos echa en cara bajo ese nombre. Pero ¿qué queremos decir con esto sino que el hombre tiene una dignidad mayor que la piedra o la mesa? Pues queremos decir que el hombre empieza por existir, es decir, que empieza por ser algo que se lanza hacia un porvenir, y que es consciente de proyectarse hacia el porvenir. El hombre es ante todo un proyecto que se vive subjetivamente, en lugar de ser un musgo, una podredumbre o una coliflor; nada existe previamente a este proyecto; nada hay en el cielo inteligible, y el hombre será, ante todo, lo que habrá proyectado ser. No lo que querrá ser. Pues lo que entendemos ordinariamente por querer es una decisión consciente, que para la mayoría de nosotros es posterior a lo que el hombre ha hecho de sí mismo. Yo puedo querer adherirme a un partido, escribir un libro, casarme; todo esto no es más que la manifestación de una elección más original, más espontánea que lo que se llama voluntad. Pero si verdaderamente la existencia precede a la esencia, el hombre es responsable de lo que es.
