Archivos Ichusiña: Febrero 2008
Hace unos días, mientras hablábamos de política, recibí un desafío: ¿por qué gastar tiempo en algo que divide y no en algo bello que une a la gente como el amor?
La verdad es que estaba tan entretenido con el tema y con los debates generados que poco pensé la propuesta y prometí cumplirla después. Bueno, llegó después y como decía un muy buen amigo: "las promesas se cumplen".
Sin embargo esta promesa me ha resultado un poco larga y compleja. Así es que amigos les invito en esta semana a realizar un recorrido sobre diversas visiones acerca del amor, que desde la filosofía se manifiestan. Quizás en una de esas descubramos que cada uno de nosotros cree tener una visión distinta.
Se aceptan aportes sugerencias sobre el tema y cómo no, a quien se atreva, se permite compartir sus amores o des-amores.
René Descartes es considerado de forma casi irrefutable como el padre de la modernidad. En él se visualiza (quizás sería mejor sostener que en él se logra cristalizar un anhelo ya enunciado desde el siglo XIV) la necesidad de una renovación filosófica.
Al inicio de sus Meditaciones Metafísicas nos dice:
“He advertido hace ya algún tiempo que, desde mi más temprana edad, había admitido como verdaderas muchas opiniones falsas, y que lo edificado después sobre cimientos tan poco sólidos tenía que ser por fuerza muy dudoso e incierto; de suerte que me era preciso emprender seriamente, una vez en la vida, la tarea de deshacerme de todas las opiniones a las que hasta entonces había dado crédito, y empezar todo de nuevo desde los fundamentos, si quería establecer algo firme y constante en las ciencias”[1]
En efecto, en él se aprecia la búsqueda de un nuevo método del filosofar, que pueda quitarse las rígidas concepciones aristotélico-tomistas y que permita una reflexión que incorpore la aplicación del método matemático. Sin embargo, a pesar de sostener una postura revisionista, la intención de Descartes sigue siendo de estilo clásica: pues sigue buscando un conocimiento permanente y sólido sobre el cual fundar y unificar todo el conocimiento científico que se está propagando.
En tal sentido se hace difícil catalogar a Descartes en una época u otra de la historia. Pues tal como nos lo muestra su biografía él pertenece a la vieja formación escolástica, en la cual se instruye y a la vez aprende a dudar, pero además es un hombre que se maravilla ante las capacidades de razonamiento de las matemáticas, en especial la geometría. Es sin duda un hombre que vive en una época de profundos cambios y que tiene el difícil papel de interpretarlos y comprenderlos.
