Archivos Ichusiña: Abril 2008

René Descartes es considerado de forma casi irrefutable como el padre de la modernidad. En él se visualiza (quizás sería mejor sostener que en él se logra cristalizar un anhelo ya enunciado desde el siglo XIV) la necesidad de una renovación filosófica.

Al inicio de sus Meditaciones Metafísicas nos dice:

rene“He advertido hace ya algún tiempo que, desde mi más temprana edad, había admitido como verdaderas muchas opiniones falsas, y que lo edificado después sobre cimientos tan poco sólidos tenía que ser por fuerza muy dudoso e incierto; de suerte que me era preciso emprender seriamente, una vez en la vida, la tarea de deshacerme de todas las opiniones a las que hasta entonces había dado crédito, y empezar todo de nuevo desde los fundamentos, si quería establecer algo firme y constante en las ciencias”[1]


En efecto, en él se aprecia la búsqueda de un nuevo método del filosofar, que pueda quitarse las rígidas concepciones aristotélico-tomistas y que permita una reflexión que incorpore la aplicación del método matemático. Sin embargo, a pesar de sostener una postura revisionista, la intención de Descartes sigue siendo de estilo clásica: pues sigue buscando un conocimiento permanente y sólido sobre el cual fundar y unificar todo el conocimiento científico que se está propagando.


En tal sentido se hace difícil catalogar a Descartes en una época u otra de la historia. Pues tal como nos lo muestra su biografía él pertenece a la vieja formación escolástica, en la cual se instruye y a la vez aprende a dudar, pero además es un hombre que se maravilla ante las capacidades de razonamiento de las matemáticas, en especial la geometría. Es sin duda un hombre que vive en una época de profundos cambios y que tiene el difícil papel de interpretarlos y comprenderlos.

el librillo en cuestiónEstoy en mis clases de Filosofía de la educación, intentando convencer  a unos traductores  a unos historiadores y a unas tías, de que la pedagogía bien vale la pena. Me explico: no son pocos los alumnos que tengo, que no entran a estudiar pedagogía por gusto, sino por necesidad. En realidad les fascina el inglés y/o la historia, pero como en las universidades estas carreras se imparten asociadas  a pedagogía, deben soportar estoicos las clases de educación. Para mí, que amo la pedagogía, por sobre la filosofía, esto resulta complejo. Es así como recurro a los grandes para convencer.

A continuación un texto de Gabriel Castillo, tomado de su libro "Educación de anticipación", en él se relaciona la vocación con la educación. a ver si así me creen mejor.