Novedades en la categoría Mishpatim
Debe ser que estoy más viejo. Pero recuerdo que antes discutir era solo algo entretenido. Uno se afanaba por buscar ideas y razonamientos con los cuales exponer sus puntos de vista y demostrar así la superioridad sobre el otro. Lo más digno era poder argumentar ante una persona que ocupara una posición mayor a uno y a quien desnudábamos en su ignorancia.
Sin embrago con el tiempo entendí que en el fondo todas esas dicusiones eran ínútiles, vanas incluso pueriles. La gente no se deja llevar por la razón, importa más la impresión que da tu imagen o la presentación formal que realices , antes que las ideas que pretendas entregar.
Pero en el fondo logré descubrir que más allá de toda apariencia, de cuando en cuando, encontraba a algunos personajes, notables seres, que igual que uno gozaban de una buena discusión. Conversaciones que se caracterizaban por el triunfo de ambos obviando el menoscabo de alguno. Eran discusiones que construían nuevas teorías y que no se basaban en la destrucción sistemática del contrincante, sino lo contrario una busqueda de debilidades para edificar una verdad mejor.
La verdad es que he aprendido que no quiero seguir discutiendo.... en vano.
Hace poco descubrí el siguiente cuento que quiero compartir con ustedes, me sentí muy identificado....
A veces ponemos demasiado énfasis en lo mal que nos va, y no valormos la tremenda riqueza que se guarda en nuestro interior. Somos lo que vemos y vemos siempre lo que andamos buscando. Envidiamos a quien le va bien pues sentimos que lo que tenemos no es suficiente. Y lo que ocurre no es que no tengamos nada, sino que miramos lo que nos falta y no lo que poseemos.
Quizás ya sea hora de descubrir la verdadera riqueza, tal como lo hizo el joven curioso...
Estuve dando una charla a estudiantes de cuarto medio sobre su vocación y la importancia de elegir bien. "¿Y qué tanto si me va mal?"- me increpó una lola. Yo intenté apelar a su felicidad, pero al hablar de ello un padre me dijo "pero eso es tan relativo si cada uno debe hacer lo suyo".
Así es que al parecer da lo mismo que cada uno de nosotros haga algo malo o que fracase, pues nada ocurrirá. Sin embargo, por cada persona descontenta consigo tendremos a muchos más que les rodean descontentos por el trato que recibirán. Debemos comenzar a asumir que cada acción nuestra por pequeña que sea afectará a otros de maneras insospechadas.
Así que dedico, en estos días en que no suelo escribir, un breve relato a todo aquel que no s eda cuenta que su vida SÍ afecta a la de los demás...
Cuando era adolescente y buscaba mi destino, sin saber qué hacer de mí, descubrí en un bello libro este poema. Desde allí lo llevo conmigo, es el mismo poema que recito al término de mi curso de Filosofía(¿recuerdan los sicólogos?).
Hoy les dejo este regalito...

¿Cuántas veces te han pasado a llevar? Hablo de aquellas personas que se creen más importantes que todos nosotros y que van por allí rompiendo normas y molestando al resto. Me refiero al tipo que siempre intenta no hacer la fila del banco y quiere pasar por delante, o el tipo que sin señalizar te echa su auto encima para ganar la pista o la mujer que camina y con su bolso va golpeando a todos los que caminan a su lado.
Todos ellos, al parecer, se asumen importantes y exitosos. Hasta que se encuentran con alguien que sí les enseña en dónde está el verdadero poder...
Un próspero comerciante dejó al morir una cuantiosa fortuna, que debía repartirse entre sus dos hijos en partes iguales. Así se hizo, pero transcurrido algún tiempo de la muerte de su apdre, los hermanos hallaron un paquete que había sido celosamente guardado. lo abrieron, expectantes, y encontraron dos sortijas. En una de ellas brillaba un valioso diamante; la otra era sencilla pieza de plata. El mayor de los hermanos, al verlas, sostuvo que lo más probable era que hubieran pertenecido a sus antepasados. Eso explicaría por qué el padre las había guardado con tanto cuidado y no las había incluido en la herencia paterna.
Hace poco estuve viendo con mis alumnos -para presentar las diferencias entre la ciencia y la religión-, la hermosa película Contacto, de Robert Zemeckis, una interesante oda acerca del afán del hombre por encontrar la verdad.
La premisa de la cinta es bastante interesante, ¿qué ocurriría si un día cualquiera recibiéramos desde el espacio profundo un mensaje que proviene de alguna especie extraterrestre?
La protagonista es Ellie Arroway (Jodie Foster), una Dra. en Astronomía quien, gracias a su persistencia, logra mantener un proyecto de búsqueda de vida inteligente a través de la escucha de diversos tipos de señales radiofónicas mediante complejos telescopios. A ella la acompaña el teólogo Palmer Joss (Matthew McConaughey), quien como hombre de fe le plantea las implicancias éticas y religiosas de su búsqueda. Es así como la película se desenvuelve narrándonos lo que ocurriría en nuestro planeta si hiciésemos contacto con otra civilización: las suspicacias políticas, el intervencionismo de las grandes potencias, el posible uso económico de los descubrimientos, el impacto mediático de la noticia y por sobretodo los temores y desafíos de hombres frente a algo desconocido.
Es una buena película, entretenida y muy bien narrada. Pero lo que más me gusta de ella, incluso más que la problemática que plantea, es la caracterización de un personaje muy especial: David Drumlin (Tom Skerritt), un tipo que comienza siendo asesor de ciencias para convertirse luego en nuestro representante ante las demás especies galácticas. Es un tipo realmente envidiable, es la imagen de la persona que consigue siempre el éxito personal... a costa de otros.
Si no les molesta conocer una película antes de verla, les invito a conocer a este personaje, sino les sugiero que vayan arrendar este film y luego vengan a comentar conmigo acerca de este tipo de personas que suelen triunfar con ropas ajenas.
