Archivos Mishpatim: Diciembre 2005
El sufismo es una corriente de reflexión oriental, antiquísima, que a través de diversos relatos, casi siempre protagonizados por Nasrudím, pretende darnos chispas de sabiduría.
Hoy se acerca el fin de un nuevo año y (lo mejor) el inicio de otro que puede ser mejor. A modo de saludo quiero compartir con ustedes un relato sufí, que nos habla de cuánta sabiduría hay en nuestro interior. ¡Nada mejor para este espacio en donde pretendemos “pensar lo que hacemos”!
Mis primeras clases de filosofía comienzan con un breve cuento de origen hindú. Me acordé de él, cuando un amigo, Claudio, me regaló un dibujo que hizo sobre un elefante. Claudio es un buen tipo, estuvo en mis clases este año. Era un curso de filosofía para educación parvularia, él lo tomó como optativo. Cada vez que llegaba se sentían algunos suspiros que se alegraban con su presencia. Él ahí impertérrito escuchando y prestando atención (¡¿o quizás estaba haciendo este dibujo y yo no me dí ni cuenta?!
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Pues bien, el cuento trata sobre lo que significa la verdad y quién puede tener certeza. ¿Alguien sabe lo que es la verdad?
Anoche veía un programa de televisión llamado "Tolerancia Cero". Este consiste en una tertulia de cuatro seniores (bah, señores) que se dedican a comentar las noticias que van ocurriendo en la semana. Entre sus múltiples diálogos hay ciertos temas que se repiten y uno de ellos es el de la educación. Lamentablemente, caen en los tópicos de siempre: "la educación es importante", "el país necesita progresar para ello necesita educación", "la educación es la base del desarrollo" y todos esos mantras que se repiten sin cesar.
Los que somos profesionales de la educación casi siempre callamos y dejamos hablar. Y esto porque no son pocos los que se nos acercan y nos quieren dar cátedra sobre cómo educar. Recuerdo una vez un médico (sí un de esos patudos que se llama a sí mismo doctores, incluso sin haber obtenido el grado académico) que quería enseñarme a realizar buenas evaluaciones, puesto que él como cirujano sabía mucho. Cuando yo empecé a decirle cómo debía operar, entendió que el respeto a cada profesión es fundamental.
Sin embargo, muchos se sienten con el derecho de opinar de educación y mucho más aún se sienten con la autoridad de menospreciar nuestra labor. ¿Por qué esto?
Un amigo me decía el lenguaje no es inocente, por ello quiero compartir con ustedes un trocito de mi libro: "Educar para la Vida", editado por el Centro de Educación a Distancia de la Universidad Católica del Norte. Espero que con esto mis alumnos de pedagogía de la Universidad del Mar y de la Universidad Santo Tomás, de quienes espero que asuman el compromiso que tienen por dignificar mucho más nuestra profesión.
Cambiar nuestra sociedad parece tarea difícil y ardua. ¿Cómo podemos nosotros en nuestra humilde individualidad lograr construir una sociedad más justa, menos violenta y más solidaria?
Te invito a leer la siguiente fábula, quizás la solución sea más simple de lo que creemos...
