Archivos Mishpatim: Abril 2007
Un maestro budista había salido a caminar con sus discípulos. Al llegar a la ribera de un arroyo sen encontraron de frente a una bella mujer que estaba bañándose. Ella se sonrojó y se agachó para poder cubrirse con el agua. El viejo monje la miró y cortésmente le saludo: “¡Buenos días!”. Sus discípulos hicieron lo mismo. El viejo monje siguió su paso tranquilo, cruzó el puente, tomó la ruta por el bosque y alcanzó el valle, en donde se apreciaban los trigales dorados.
Sin embrago un murmullo venía desde donde estaban sus discípulos. “¿Qué les pasa mis jóvenes? ¿Por qué interrumpen su meditación?”
“Maestro, ¿Acaso no se dio cuenta de lo que ocurrió? ¡Todos vimos a esa hermosa mujer! ¿No la vio usted?”
“Pequeño, ¡por supuesto que la vi!” -dijo el maestro, y con sabiduría agregó- “Pero yo la dejé en el arroyo!”
Muchas veces en nuestra vida vamos haciendo cosas que nos lastiman y no nos damos cuenta de ello. Uno de los múltiples errores que cometemos es precisamente éste: aferrarnos al pasado, querer una y otra vez revivir lo que no fue o lo bello que tuvimos. Sin embargo no nos damos cuenta que a veces es mejor dejar las cosas en su sitio. El pasado se fue y no volverá. Déjalo ahí, de lo contrario no te dejará avanzar.
