Archivos Nütram: Febrero 2006
Me cargan los clichés, aquellas frases de buenas costumbres, políticamente correctas, que se dicen para no decir nada.
Según el diccionario de la real academia se define como:
Cliché. (Del fr. cliché).
1. m. clisé (ǁ de imprenta).
2. m. Tira de película fotográfica revelada, con imágenes negativas.
3. m. Lugar común, idea o expresión demasiado repetida o formularia.
Un cliché es algo repetitivo, que todos dicen, que todos usamos y que a la postre no significa nada. ¿Por qué los utilizamos? Porque debemos muchas veces dar cuenta de lo que hacemos, pero no queremos reconocer que en el fondo hacemos lo mismo que los demás y por lo mismo terminamos sin hacer nada… nuevo.
Yo soy chileno, vivo en una región al extremo norte de mi país (aunque mi país a veces no se acuerda que mi región es parte de Chile), llamada Antofagasta.
En las últimas elecciones se ha votado por primera vez a una mujer como Presidente de la nación. Muchos dicen que esto significa cambio en nosotros. Cambios en nuestra forma de pensar y sentir. Otros indicios se han manifestado en la última época: cuando vino Tunick se desnudaron 4000 personas, algo impensado en nuestra sociedad pacata y conservadora; hace algún tiempo se legisló una ley de divorcio, después de 120 años de una legislación hipócrita que no reconocía las crisis en los matrimonios; la homosexualidad ha dejado de ser algo escondido y ya se reconoce su presencia en nuestra sociedad, incluso algunas figuras públicas han reconocido su condición en televisión.
Esas y otras señales se han manifestado en nuestra sociedad, bueno también han aumentado las cifras de delincuencia, de desigualdad social y de matrimonios fracasados, pero supongo que son los riesgos de nuestra modernización.
Mi pregunta es si realmente hemos cambiado los chilenos. Sé que algunos vecinos de otros países nos están encontrando más soberbios y altaneros, al menos así actúan muchos chilenos que con un poco de dinero visitan otros países y ya se creen lo de "jaguares de latinoamerica". ¿Será signo de nuestro cambio?
Por eso es que me llamó la atención un test que encontré entre mis archivos. No recuerdo su origen, creo que me llegó por correo, pero aun así su contenido es interesante. Quiero invitarles a revisarlo y a comentar entre todos nosotros si efectivamente los chilenos estamos modernizándonos (ya haremos el juicio si la modernización ha sido buena o no, solo me interesa saber qué opinan de estos posibles cambios.)
Las cosas no siempre son como uno quiere. A veces, como dice el poeta, me canso de ser hombre, me canso de vivir cada día y tener que luchar por conseguir lo mínimo para existir. El mundo es adverso, los problemas se avecinan y las ganas no alcanzan para enfrentarse a todo lo que se nos plantea.
El existencialismo tiene razón: fuimos arrojados a este mundo y debemos enfrentarlo aunque no queramos. La angustia nos carcome por dentro, a pesar de nuestros esfuerzos el dolor se nos presentará de una forma u otra.
¿Y qué hacer cuando el tedio te domina? ¿cuando despiertas y no tienes ganas de levantarte? ¿Cuando apenas has dormido y cansado despiertas con el sonido de tu hija, exigiendote una respuesta, exigiendote que la atiendas?
Te levantas, desanimado, cansado, agobiado, hastiado y miras a tu hija...
¿Cómo es posible educar en valores, manteniendo la libertad de los jóvenes a quienes se educa? Algunos apuntes sobre la madurez moral.

Mis alumnos suelen establecer como oposición la existencia de normas de conducta con la libertad personal. A veces hasta les encuentro la razón: hay ciertas normas, como el corte de pelo, que atentan contra su libertad.
Sin embargo, pocas veces entendemos que las normas existen precisamente porque somos libres. Sé que esto suena molesto, pero es así: como cada uno de nosotros puede hacer lo que se le antoja y como se le antoja, es que debemos normar algunas pautas comunes de acción.
Incluso agrego algo más: como profesor, debo confesar que la única forma de educar la libertad de las personas es a través de la enseñanza de normas. ¿Contradictorio? En el artículo que les presento, que está tomado de la revista del colegio en que trabajo, intento explicar cómo es eso de las reglas para educar.
Ruego sus críticas, pues acá no sólo hablo de libertad, sino que pretendo actuar conforme a ello. Por lo mismo es preciso revisar que en mi actuar no pase a llevar la libertad de mis alumnos.
En la actualidad se está generando un movimiento, del cual me siento parte, que apela contra las restricciones que están imponiéndose en Menéame, un sistema “democrático” para promocionar blogs. De la misma forma, su cercano competidor, Blogmemes, aparece enarbolando la bandera de la libertad, o al menos eso nos dice cuando señala: “Filosóficamente soy un amante de la libertad absoluta, para mi es el más alto valor que guía toda la ética de los seres humanos”, y nos ofrece un sistema sin regulación interna, sino todo sometido al vaivén de los intereses populares.
Todo esto es interesante para la blogósfera, sin embargo me ha preocupado el uso que se ha dado a la libertad. En general, cuando se mantiene una discusión los argumentos más importantes no son considerados. Así es que haré mi pequeño aporte con algunas reflexiones (que no pretenden ser verdades) acerca de la libertad.
