Archivos Nütram: Agosto 2006
El Centro de Estudios Públicos (CEP) es una es una fundación privada, sin fines de lucro, de carácter académico y que se dedica a realizar cada cierto tiempo algunos estudios de opinión sobre temas públicos. En general sus resultados obedecen a estudios centrados primariamente en encuestas de opinión que pretenden medir el pulso de lo que opina la gente en Chile. Los resultados de estas encuestas por lo general suelen ser muy comentadas en Chile, mi país, al parecer por la necesidad que hay de tener algún referente que permita representar el sentir de quienes no tienen acceso al manejo del poder. A pesar de manifestar no más que una opinión (de muchos por cierto) el CEP con sus estudios por lo menos ha logrado convertirse en un centro con legitimidad ante la opinión pública.
En su último estudio, el CEP ha realizado un diagnóstico acerca de lo que en Chile se piensa sobre la calidad de nuestra educación. Sus apuntes son interesantes y como profesor ,e siento inclinado atener que comentar estos resultados...
Dedicado a aquel alumno mío que alguna vez traté de flojo.
Estaba leyendo un texto acerca de los estilos de pensamiento. Me pareció interesante su propuesta: los profesores siempre estimulamos con las mejores calificaciones a las personas de estilo analítico y no así a las de pensamiento creativo o práctico.
El resultado: que a veces en la vida los que triunfan no necesariamente son los que estudian más. Y en parte tiene razón, las destrezas para los negocios o para establecer redes sociales de apoyo y de ayuda no las logran los más capaces en términos intelectuales, sino aquellos que poseen una inteligencia más práctica, casi emocional.
Me cuestiono es si es acertada esta forma de actuar como profesores. Vivir potenciando solo un estilo de pensar o aún más vivir clasificando a nuestros alumnos por las notas que poseen. Al parecer un país que quiere un cambio sustancial en su educación, debería comenzar por aceptar diversas formas de entender a sus alumnos.
Sobretodo cuando a veces es necesario ser más práctico que teórico...
Se dice que los humoristas tienen siempre un caballito de troya, tú sabes, un chiste o un cuento estpecial que les permite iniciar su rutina y que de alguna forma facilita su actuación. Yo creo que los profesores debemos tener vocación de animadores y, en lo personal, para mis clases de filosofía también tengo un "caballito de troya" que me permite iniciar el diálogo en torno a la importancia de estudiar filosofía. Claro que mi "caballito" se sustenta en Ortega y Gasset y su hermoso texto llamado "Ideas y Creencias"
Hoy, que poco creativo ando, he buscado viejos archivos y encontré este boceto de mi primera clase...
¡Uno solo!
Hace días leí del amigo Bonhamled un artículo muy interesante acerca del poder que están cobrando los blogs. Ocurre que el joven canadiense Kyle Macdonald creó hace un año una bitácora en la cual se proponía cambiar un gran clip rojo (mira la foto) por una casa. La idea era generar redes sociales con otros internautas que bajo el viejo esquema del trueque fuesen permitiendo acceder a diversos bienes que terminasen con una casa.
III: Lo propio del hombre: sus promesas.
Como hemos visto aquello que caracteriza nuestro ser es el espíritu, un principio que nos aleja de lo vital y que no necesariamente nos conecta con la naturaleza. De alguna forma si lo piensas la naturaleza humana consiste precisamente en su carencia de naturaleza. No tenemos un instinto que oriente todo lo que debemos hacer. No tenemos un destino que seguir fielmente, lo que surjan de nuestras acciones nace de lo que nuestra libertad elija en cada momento.
II. Diferencia esencial entre el hombre y los demás seres.

De la lectura del capitulo primero del texto “El puesto del Hombre en el cosmos”, podemos advertir cómo la distinción clásica del hombre con el animal, a partir de la facultad de la inteligencia se ha desvanecido. Tampoco es posible, nos dice Scheler, encontrar esta diferencia en la facultad de elegir, pues ella también se manifiesta en los animales a partir de su inteligencia práctica. Es aquí, entonces, cuando surge la pregunta por la diferencia esencial entre el hombre y los demás seres.
Cuando escribí sobre el puente de Chiloé se inició una discusión en torno a la factibilidad de realizar tal tipo de obra pública. Si bien ha sido interesante escuchar las voces de algunos chilenos comprometidos con su patria, debo señalar que mi intención al realizar tal artículo no era ésa.
No estaba en mis motivos el realizar una descripción acerca de cómo gastar e invertir los dineros fiscales. ¡Por Dios que no soy yo el llamado a realizar tal tarea! Me declaro ignorante en todo lo que hace referencia a materias económicas (ya hay otras personas que lo hacen muy bien).
Mi problema es otro: ¿por qué hacer promesas que no se cumplen? Mi ánimo al contar la historia de la señora María era manifestar mi desaliento y hastío ante nuestros gobernantes que con su incoherencia entre sus promesas y sus actos solo generan desconfianzas. Y no hay peor desazón que estar ante un gobierno en el cual no podemos confiar.
En última instancia, mi problema es de corte filosófico: en mi opinión estar ante alguien que no cumple sus promesas es enfrentarse aun ser que ha perdido lo esencial de su humanidad. Desde mi perspectiva lo esencial de lo humano estriba en la capacidad de prometer y de ser capaz de cumplir con la palabra antes dicha, de otra forma no sería posible convivir con seres incoherentes que son incapaces de manejar y ejecutar sus propias decisiones.
Las promesas nos constituyen como seres humanos, demuestran nuestra capacidad de decidir y de actuar desde nuestra propia decisión. Al menos eso es lo que pretendo demostrar en tres artículos que publicaré al amparo de lo que ya reflexionó Max Scheler en su precioso texto "El hombre en busca de sentido" (1928). Él desde la fenomenología ha realizado una descripción acerca de lo esencial de lo humano.
Te invito a filosofar sobre la importancia de la spromesas en nuestra vida.
A la señora María, que vive en la isla grande de Chiloé, le han hecho muchas promesas. Una de esas promesa consistía en un puente que uniría la isla con el continente. Esto le interesaba a la señora María.
Ella padece de una dolencia a sus huesos y debe atenderse en el hospital regional. El viaje de su pueblo al hospital demoraba más de dos horas. Ello primero porque en la isla se cuenta con un centro de salud que ve sólo cierto tipo de enfermedades, las urgencias más graves eran derivadas al hospital regional. Pero para dejar la isla debía tomar un transbordador que con buen tiempo demoraba 20 minutos. Sin embargo la demanda es tal que la espera para subir al transbordador era de más de 40 minutos. Pero en invierno, que es cuando las dolencias más le afectan a la señora María, el clima no permite realizar este viaje con tanta facilidad. Cuando la marea es alta y está brava incluso no pueden viajar. Ahí es cuando la señora María debe soportar en silencio su dolor y esperar que alguna vez alguien cumpla las promesas que hace.
Mi país es así: tres presidentes le han prometido a la señora María que construirán su puente, le han puesto incluso un nombre rimbombante para engalanar sus discursos: "el puente del bicentenario" le dijeron y contaron historias sobre lo que harían con él.
Ahora le han dicho que el puente cuesta 930 millones de dólares y que no están dispuestos a pagar esa cifra por el puente. Es triste que la señora María no viva en santiago de chile (¿o santiago que es chile?), pues la ampliación del metro cuesta lo mismo y sí se va a financiar.
Sin embargo proponen más botes para que en invierno la señora María intente cruzar con las oleadas, mientras ellos viajan tranquilos y secos en metro allá en Santiago.
En un país en que los puentes se caen, uno esperaba que al menos los construyeran antes de que se derrumbasen.
